A pesar de que
algunos expertos habían avanzado la posibilidad de que
este año habría menos medusas por la cantidad de lluvia que actuaría como barrera para que no se acercaran a la costa, las medusas
siguen acercándose a visitarnos en nuestras vacaciones.

Operarios municipales del servicio de limpieza de Vigo recogieron alrededor de 5.500 medusas en los últimos días. Sólo durante la tarde del pasado viernes se retiraron de las playas un total de cuatro mil, ya que la bajamar de mediodía dejó a la vista una gran cantidad de ejemplares.

En este caso los
visitantes son ejemplares de la especie de medusa, Aequorea forskalea habitual en las costas gallegas, aunque no suele alcanzar los arenales. Esta medusa es frecuente en toda la costa española: Se mueven en masas de agua caliente y su llegada a las playas depende del régimen de vientos y corrientes. Su presencia no es algo extraordinario, entra dentro de lo normal. Está catalogada entre las especies que se encuentran en Galicia y está en todos los océanos. Es importante no olvidar que las medusas pueden producir urticarias después de muertas y recomiendan evitar el contacto con ellas. Su picadura causa efectos de leves a moderados.


Menos mal que su picadura no tiene la toxicidad de la
Chironex fleckeri, también conocida como "Avispa Marina", una medusa de forma cuadrada que habita en las aguas de Australia.
Se trata de una
medusa de forma casi cuadrada con 60 tentáculos de 3 m de largo cada uno, que habita en áreas costeras del norte de Australia, el sudeste de Asia y en áreas adyacentes al oeste del Océano Índico y el este del Pacífico. Es transparente, por lo que es difícil verla para los bañistas.

Su veneno se encuentra en unas ampollas que tiene por todo el cuerpo con 20.000 unidades de entre 1 y 4 microlitros. Este veneno es neurotóxico, hemotóxico y dermatóxico cuya dosis semiletal (dosis letal al 50% de los casos) es de aproximadamente 20 microgramos por kilogramo de peso corporal. Esto significa que con 1,4 mg (aproximadamente el peso de 1 grano de sal) puede matar a un hombre adulto. Así mismo, la cantidad de veneno que posee es suficiente como para matar a más de 50 hombres adultos.
Sus
síntomas se presentan en dificultad para respirar, náuseas y vómitos, hinchazón y dolor severos, latidos cardíacos lentos y muerte del tejido cutáneo. Sin embargo, algunos animales son inmunes a la toxina, como las tortugas de mar, que se alimentan de ellas sin sufrir daño alguno.
Según un estudio reciente las
avispas de mar se vuelven más mortíferas con la edad. Las jóvenes, que cazan camarones, tienen veneno tan sólo en el 5% de sus células urticantes; las adultas lo tienen en el 50%, lo que les permite cazar presas más grandes.
Contrariamente a la
creencia popular acerca de su movimiento y a diferencia de las medusas comunes, que en su mayoría son ciegas, esta especie posee cuatro grupos de veinte ojos. Por otra parte, no está claro si pueden seguir objetivos con la vista y tampoco está nada claro como procesan las imágenes, ya que no poseen sistema nervioso central. Nada en impulsos de 1,5 m por segundo, lo que le proporciona velocidad suficiente para atrapar peces.
Cuando esta nadando sus tentáculos miden 15 cm de largo y 5mm de ancho, pero cuando caza puede desplegarlos hasta 3 metros.

A veces los problemas que causan las medusas no están solo relacionados con la toxicidad de su veneno. En el Japón desde el 2002 aparecen grandes cantidades de medusas de más de un metro con 80 centímetros de diámetro, y 200 kilos de peso, innumerables tentáculos venenosos que acaban con la pesca.

La Echizen kurage (nombre científico
Stomolophus nomurai) no es un invasor extraterrestre sino una medusa gigantesca que está destruyendo el medio con que se ganan la vida los pescadores del Mar del Este (también llamado mar del Japón). La medusa de Nomura, que es el nombre que recibe popularmente, es la criatura de mayor tamaño de esta especie en aguas de Japón y, por razones que hasta el momento siguen siendo un misterio, su número se ha multiplicado en los últimos años.

El problema se ha convertido en algo tan grave como para que los responsables gubernamentales de pesca de Japón, China y Corea del Sur se hayan reunido en la denominada "Cumbre de la medusa" para analizar posibles estrategias con las que hacer frente a la invasión.

En la prefectura de Akita, algunas localidades han visto que sus ingresos se han reducido hasta un 80%. Los pescadores de sábalos de Corea del Sur también se han visto afectados por la invasión de la Nomura. Según se ha informado, la densidad de medusas en algunos lugares resulta ser 100 veces superior a la normal. Lo peor de todo es que nadie entiende por qué está sucediendo algo así. Circula la teoría de que el recalentamiento del mundo está elevando la temperatura de las aguas del mar y estimulando la reproducción de medusas.
Entretanto, los
japoneses están poniendo de su parte todo lo que pueden: en lugar de limitarse a quejarse de las medusas, se las están comiendo. Las medusas no son en absoluto un ingrediente habitual de la cocina japonesa, sino que son mucho más apreciadas en China. Las localidades costeras están esforzándose al máximo para promocionar la medusa como un alimento novedoso.
Todavía no existe una razón científica general que sirva para explicar la llegada de las nomura al mar de Japón, cuyas aguas no son su hábitat natural. La mayoría de expertos apunta a China como principal responsable. Las echizen kurage se originan en la costa china del mar Amarillo, al sur de Japón.
La teoría científica más extendida cree que la polución, vinculada al desarrollo industrial de la costa china, ha propiciado un entorno natural favorable para la procreación de las medusas. Los puertos comerciales proveen de más estructuras para que las larvas puedan fijarse.
La contaminación por culpa de las granjas y procesamientos ineficaces de residuos favorece la aparición de un plancton mucho más nutritivo para las larvas, según los especialistas. Este problema se ha acentuado especialmente en la desembocadura del río Yangtzé, origen de la mayoría de medusas gigantes que acaban luego en Japón.

Algunos científicos vinculan asimismo la reproducción masiva de las nomura con la construcción de la presa de las Tres Gargantas, en el Yangtzé. Según informa The Wall Street Journal, la presa podría estar cambiando las corrientes de agua y empujando a las medusas hacia el Mar de Japón.
En la década de los 70, por ejemplo, la construcción en Europa de una presa en el río Danubio, entre Serbia y Rumania, provocó una explosión de la población de medusas en el Mar Negro.
Hasta el año 2002,
las medusas gigantes llegaban de manera ocasional a las costas japonesas. Pero en los últimos cinco años, las cifras se han incrementado. Según los datos que maneja The Wall Street Journal, se calcula que 500 millones de medusas -todavía en fase de crecimiento- cruzaron en 2005 el mar Amarillo con destino a Japón. El año 2005 fue, de hecho, un año crítico para los pescadores japoneses: en el distrito pesquero de Akita, la comunidad llegó a perder el 80% de sus ingresos. El Gobierno japonés contabilizó el año pasado 50.000 incidentes relacionados con medusas gigantes.
No se trata de un fenómeno exclusivo de España. Son muchas las aguas marinas en las que esta invasión de medusas ha pasado de ser algo esporádico, por coincidencia de un determinado tipo de factores, a ser algo periódico. Es decir, las variables que propician la llegada masiva de medusas a las costas son cada vez más constantes. Son conocidas las enormes invasiones que sufren anualmente Chile y California, por ejemplo.
De hecho, ya hay quienes, como el biólogo francés y profesor de la Universidad British Columbia (Vancouver, Canadá) Daniel Pauly,
auguran futuros mares plagados de medusas. "Las pesquerías capturan los peces más grandes y más longevos y, cuando ya no quedan más, van por los siguientes en tamaño... Estamos induciendo una transición de un ecosistema marino dominado por peces grandes a una sopa de organismos pequeños. De seguir así sólo se obtendrá del mar una dieta de medusas y sopa de plancton", decía en una entrevista a El País hace tres años.
