domingo, 13 de abril de 2008
Nuevamente, como lo del
monstruo del Lago Ness que unos días está y otros no, resucita el
relleno de la Ría. A todos, parece ser que incluso a las empresas, nos
gusta disfrutar de un tiempo cerca del mar. Por eso la presión humana
sobre la costa crece sin parar. Y eso es sobre lo que vemos, pero lo
que queda bajo la superficie del mar y no se puede ver, parece que no
existe. De hecho los ecosistemas costeros se destruyen diez veces más
rápido que las selvas.

¿Son realmente necesarios los rellenos?
Como decimos los gallegos, depende.

Lo
que sí es cierto es que seguro que si se hacen es necesario que haya un
estudio de impacto serio y real y que las obras se lleven a cabo con
todas las medidas de prudencia necesarias para que su influencia sobre
el ecosistema litoral sea mínima. Por cierto, siempre me ha llamado la
atención, la escasez o ausencia de trabajos de biólogos en estos
estudios de impacto.

Indudablemente en estas actuaciones hay que
valorar las ventajas e inconvenientes. Es curioso que nos preocupe la
biodiversidad universal y que, a veces, no valoremos el impacto que
este tipo de actuaciones tienen sobre la biodiversidad doméstica. Nadie
se opone a actuaciones en el litoral siempre que sean necesarias y que
la actuación sea lo menos agresiva posible.

Claro que antes del
impacto hay que evaluar su necesidad. Esta es la pregunta tan simple
que todos nos hacemos y ya llevamos tiempo intentando encontrar la
respuesta entre todos. ¿Todas las empresas que actualmente están en la
zona portuaria necesitan estar ahí? ¿Donde están esos datos sobre
espacio y necesidad imprescindible de ocupación? En la era del
ordenador personal una gráfica de quesitos no vendría nada mal para
ayudar a comprender este problema.

La realidad es que el 44% de la
población española vive en municipios costeros o aledaños. Este espacio
ocupa apenas un 7% del territorio que además sufre cada año la
afluencia estacional de millones de turistas. Esa presión, combinada
con el gran desarrollo urbanístico que se ha venido sucediendo las
últimas décadas ha convertido a la costa española en una sucesión de
hormigón sin apenas respiro. Y la Ría de Vigo no escapa a esta presión.
Y los rellenos influyen. Ya me lo dirán cuando podamos recorrer la
ensenada de San Simón a lo Moisés. Vale esto es un poco exagerado pero
revisen las imágenes de la Ría y como ha cambiado la cosa en poco
tiempo.


Lo peor es que estas obras se hacen en unos años y sus
efectos duran muchos más. Es curioso, la Naturaleza funciona en miles o
millones de años y nosotros la modificamos, comparativamente, en
segundos.
¿Realmente el futuro del puerto está en el interior de la Ría de Vigo?
Este artículo fue publicado en el Faro de Vigo el 13.4.08.
Por desgracia, lo que describo se puede aplicar a muchos otros lugares del mundo.
