Existe una gran variedad de moluscos bivalvos de interés comercial; de hecho, todos somos consumidores habituales de almejas, mejillones, berberechos o (menos habituales, para desgracia de muchos) ostras. Estos animales sufren enfermedades de los mismos tipos que los seres humanos. Pueden ser infectados por virus, bacterias, parásitos u hongos. Muchas veces se confunden estos distintos patógenos, por lo que, sobre todo en los medios de comunicación, se intercambian frecuentemente los términos como si fueran sinónimos. Y, desde luego, no lo son.

Foto Manuel García
¿Por qué es importante el diagnóstico de las enfermedades de los moluscos bivalvos?. La respuesta inmediata parece ser esta: "para que no pasen sus patógenos al hombre y éste enferme a su vez". Sin embargo, y por suerte, ningún agente infectivo que afecta a los bivalvos puede ser transferido al hombre. Las famosas toxinas asociadas al peligro de comer mejillones y ostras cuando hay mareas rojas no tienen nada que ver con la presencia de patógenos. Las mareas rojas son el resultado de un crecimiento masivo y repentino, llamado "bloom" (floración, explosión), de unos organismos fitoplanctónicos muy pequeños llamados dinoflagelados.

Estas microalgas producen unas sustancias que para el hombre son tóxicas, y además tienen un pigmento rojizo que produce
el color característico de estos blooms en el agua de mar. Los moluscos bivalvos filtran el agua a través de sus branquias para retener partículas alimenticias con las que alimentarse. Cuando hay mareas rojas, el mejillón come una gran cantidad de dinoflagelados puesto que existen en elevada concentración en el agua de mar. El molusco digiere la microalga, pero acumula la toxina en la glándula digestiva, por lo que si en ese momento nos lo comemos, resultaríamos afectados por dicha sustancia.
Organismos asociados a mareas rojasPero esto no es una enfermedad del mejillón, ya que a él no le afecta la toxina.
Hay dos motivos fundamentales por los que es importante el diagnóstico rápido de las enfermedades de los moluscos de interés comercial. El primero es la importancia económica que éstos tienen, sobre todo en de terminadas áreas de gran actividad acuicultora como Galicia. Una epidemia que provocara la mortalidad masiva de alguna de las especies de interés comercial supondría una catástrofe económica para la zona. Es necesaria, pues, la determinación temprana de la presencia de algún patógeno en los cultivos para evitar el contagio a otros animales sanos y la dispersión del agente nocivo por toda el área de cultivo.

Ciliado en branquias de mejillón.El segundo motivo que justifica el interés por el correcto y preciso diagnóstico de la enfermedad es la posibilidad del traslado de animales enfermos a zonas libres de ese patógeno, infectando así un área en principio limpia. Existen sólo algunas enfermedades de moluscos bivalvos de declaración obligatoria, es decir, cuya presencia es necesario comunicar a la Administración. Sin embargo, sería una irresponsabilidad por parte del acuicultor el movimiento de stocks enfermos a zonas libres aunque dicha enfermedad no se sea de declaración obligatoria. De hecho, se cree que algunos patógenos que hoy en día afectan periódicamente a los moluscos gallegos proceden de otros países, y llegaron a nuestras costas con las importaciones incontroladas de bivalvos infectados.
Perkinsus olseni parásito de la almejaPara el diagnóstico rutinario habitual de las enfermedades de los moluscos bivalvos se siguen empleando métodos tradicionales, que generalmente son laboriosos, poco sensibles (es decir, necesitan de una gran densidad del patógeno para detectarlo y, por tanto, no diferencian animales en un estadio temprano de la infección de animales sanos) y poco específicos (no distinguen con seguridad unos patógenos de otros de morfología similar). La técnica más extendida es la observación al microscopio óptico de cortes de tejido fijado e incluido en parafina. Los cortes son más finos que el papel de fumar, por lo que si existieran patógenos en el tejido a otra profundidad no los detectaríamos. Además, esta técnica requiere mucha experiencia por parte del observador, ya que para un novato es difícil distinguir incluso entre las propias células del bivalvo y las células parasitarias. No digamos ya entre un patógeno y otro. Por último, las bacterias son demasiado pequeñas como para determinar su especie al microscopio óptico, y los virus ni siquiera se ven. En estos casos, los síntomas de la enfermedad pueden ser una ayuda ya que hay algunos característicos de un determinado patógeno. Por ejemplo, las almejas que tienen un anillo marrón en la cara interna de su concha sabemos que están afectadas por una bacteria llamada Vibrio tapetis. Pero hay muchas veces que los síntomas causados por distintos microorganismos son iguales, como suelen ser la pérdida de peso o la falta de capacidad reproductora. En estos casos el diagnóstico se complica.
Anillo marrón en almeja japonesa.Afortunadamente, hoy en día se están desarrollando técnicas inmunológicas y de biología molecular muy rápidas, sensibles y específicas para cada patógeno. En estos casos no importa la experiencia del analista, puesto que los resultados son objetivos y precisos. El incoveniente de estos métodos es que suelen ser bastante caros y, sobre todo, que todavía no están suficientemente optimizados como para patentarse y aplicarse rutinariamente como sistema de control de las enfermedades.
Marteilia refringens detectada por hibridación in situPero los avances en este campo son muy rápidos, puesto que existe un gran número de equipos de investigación dedicados a ello, y en poco tiempo esperamos disponer de métodos de diagnóstico específicos para cada patógeno que afecta a los moluscos bivalvos de nuestras costas. Esto puede evitar la catástrofe económica derivada de una epidemia incontrolada y la extensión de los agentes infecciosos a zonas de cultivo hoy todavía limpias de patógenos.

Foto Manuel García
Preparado por Camino Ordás y Antonio Figueras