Se estima que cada año se vierten en los Océanos, como resultado de
operaciones habituales del transporte marítimo, accidentes y descargas
ilegales, entre 1,3 y 3,2 millones de toneladas anuales de petróleo.
Los Oceános son enormes pero no infinitos y a este ritmo pronto lo
convertiremos en un bonito estercolero. Aunque es difícil predecir, los
efectos de un vertido de esta naturaleza pueden durar bastante ya que
aunque desaparezca la mancha negra pueden persistir elementos tóxicos
que siguen afectando a la vida en la mar. En aguas europeas navegan
cada año unos 2.000 petroleros ya que el 90% del crudo que recibe
Europa lo hace por vía marítima. Las dos principales vías de entrada de
estos transportes son la ruta del Atlántico Norte, por la que llega el
70%, y la del Mediterráneo.

Las Rías gallegas, próximas a la autopista marina del atlántico constituyen un ecosistema de gran importancia ecológica, con una elevada producción derivada de las actividades de la Acuicultura y de la Pesca y que se están convirtiendo en núcleo de atracción para el turismo de calidad. El 90 por ciento de la Acuicultura española se realiza en esta zona.

Sin pretender ser exhaustivo enumero a continuación algunos puntos que en mi opinión deberían de tenerse en cuenta a la hora de planificar la prevención de la contaminación marina en España.
1. España no se puede permitir carecer de un Centro independiente para trabajar en asuntos relacionados con la contaminación de las aguas, como el Cedre, que coordine planes de emergencia y que actualice los conocimientos científicos y técnicos que sobre el tema se generan continuamente. Este centro debería coordinarse con otros organismos internacionales (Cedre, NOAA) y con las instituciones españolas que trabajan en estos asuntos. Entre sus misiones estaría la de ayudar a vencer dificultades de coordinación, trabajando también en tiempos de tranquilidad para garantizar la máxima eficacia en tiempos de emergencia. Debería recoger las experiencias después de las catástrofes creando y gestionando un archivo con la documentación que se genera. Por cierto, ¿dónde está la que se generó en situaciones anteriores?

2. Se necesita un único plan de actuación frente a estas catástrofes, que se ensaye periódicamente para prevenir situaciones de este tipo. Es imprescindible la creación de una unidad de crisis coordinada, con presencia de los organismos con competencias en estas materias que elabore, gestione y actualice este plan. Por supuesto una condición necesaria es que los políticos se comprometan a escuchar y a poner en práctica las recomendaciones de esta unidad.

3. Se ha de crear una Comisión de seguimiento para cada catástrofe ambiental. En ella han de participar técnicos, políticos y afectados. Estas comisiones deberían estar activas muchos años después de que sucedan los accidentes ya que sus efectos aparecen la mayoría de las veces con mucho retraso. Por ejemplo en Estados Unidos se creó un Consejo Asesor (Trustee Council) para evaluar a lo largo del tiempo el impacto del Exxon Valdez. Diez años después del derrame de petróleo del Exxon Valdez, el Consejo Asesor identificó 30 recursos o especies afectadas por el vertido. Muchas especies afectadas no se han recuperado totalmente.

4. La investigación española en Ciencias Marinas la capitalizan en la actualidad dos Organismos Públicos de Investigación (OPI), el Instituto Español de Oceanografía (IEO) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Entre ambos organismos suman cerca de 1.000 personas dedicadas al estudio del mar. La disciplina cuenta además una buena representación universitaria con tres facultades de Ciencias del Mar, en las universidades de Cádiz, Vigo y Las Palmas, y con varios centros de investigación autonómicos que añaden personal e infraestructura. Todo ello parece una consecuencia lógica de la convicción, casi subconsciente, de los políticos y de la sociedad española de que el mar es importante para nuestro país.
Quizá no estaría de más, en aras de mejorar la eficacia y la optimización de recursos, que reflexionásemos en España sobre la conveniencia de reorganizar la investigación en ciencias marinas. El primer paso podría ser crear una unidad de coordinación, con presencia del CSIC y el IEO, amén de expertos de centros autonómicos y del mundo universitario, para estudiar alternativas.

La clase política y la sociedad española han de asumir que el progreso de un país viene determinado por el nivel de inversión en Investigación y Desarrollo. España, una península, debe diseñar y ejecutar urgentemente una política ambiciosa e integradora en el campo de las Ciencias Marinas que le permita asumir el papel de liderazgo que por la calidad de sus investigadores, situación geográfica y desarrollo empresarial le corresponde.
Un país como España, en el siglo XXI, no puede estar a merced de los caprichos del viento. Eso estaba muy bien cuando en la época colonial dependíamos del viento para que llegasen a España lo que arrancabamos de aquellas tierras. Nuestra Pesca, nuestra Acuicultura, y el Turismo no pueden depender de que el viento role o no o en un momento tan crítico como el que estamos viviendo. Un país que es casi una isla no puede permitirse estos lujos.
