A pesar de la intensa promoción de la cultura científica, que se lleva a cabo en las sociedades desarrolladas, creo que no podemos estar satisfechos, ni en España, ni en otros países europeos, de la forma en que se está produciendo el acceso a la Universidad, en carreras de Ciencias. Festivales científicos recientes celebrados en Nueva York, Génova, Barcelona, etc. ilustran el compromiso de administraciones, sociedades científicas e instituciones educativas por acercar la Ciencia a la Sociedad. De hecho, todos los programas científicos gestionados por las administraciones tienen su subprograma que incluye recursos importantes para este propósito. En Madrid, tenemos dos acontecimientos anuales de verdadero lujo, en primavera, la Feria Madrid por la Ciencia, en otoño, la Semana de la Ciencia (que dura más de dos).
Sin embargo, los resultados de esta promoción científica inducen al pesimismo cuando uno constata, por ejemplo, el acceso a la Universidad en las carreras científicas y técnicas. Si analizamos la preferencia de los estudiantes o las notas requeridas para la admisión en distintas facultades y escuelas, año tras año, podemos constatar que la elección ni es la más favorable para el despegue científico al que aspiramos en España, ni parece estar basada en una auténtica orientación vocacional, ni influida por el desarrollo de las capacidades propias.
Los datos más recientes, ya de este año 2008, son particularmente preocupantes, pero más preocupante es la inacción de los responsables educativos de los gobiernos para corregir este problema. Veamos lo que ocurre. Para ingresar en facultades de Ciencias, tan esenciales para el progreso de un país, como las Matemáticas, la Química, la Física o la Geología, ha bastado la nota mínima de 5 habiendo quedado vacantes un buen número de plazas. Procede constatar que en muchas de estas facultades, especialmente en universidades bien consolidadas, como la Complutense, las autónomas de Madrid o Barcelona, las de Barcelona, Zaragoza, Valladolid, Oviedo, Valencia, Granada, Sevilla, Santiago de Compostela, Alcalá y otras muchas, enseñan e investigan profesores y grupos de científicos con notable liderazgo y proyección internacional en estos campos. El potencial que ofrecen todos estos grupos españoles, para el progreso científico que tanto necesitamos en España, como base de la prosperidad económica y social, será en parte desaprovechado. Muchas plazas en Ciencias básicas quedan libres, mientras que las carreras no atraen a un grupo importante de los mejores candidatos.
La Biología, como carrera, en algunos casos ha precisado nota más alta que la mínima, pero no faltan ejemplos en que también se pudo acceder con la calificación más baja de las otorgadas en la selectividad.
Se podría pensar que hay una preferencia por las carreras técnicas, en aquellos que se orientan por las Ciencias. Sin embargo, tampoco es nada brillante la situación. Excluyendo el caso de la Arquitectura, que ha tenido demanda elevada, y, en parte la Ingeniería Industrial, muchas ingenierías –incluida la otrora altamente demandada de Telecomunicación- también han tenido un acceso con nota mínima. Además, vuelve a constatarse la paradoja de que, a veces, en algunas universidades, el acceso a la ingeniería técnica ha requerido puntuación más alta que a la ingeniería superior. Constatemos igualmente que algunas diplomaturas, como la de Nutrición y Dietética o las más especializadas en campos de Educación, han requerido mayor nota que licenciaturas relacionadas, otra paradoja.
Los campos de Ciencias de la Salud (Medicina, Veterinaria, Farmacia, Enfermería) siguen acaparando la máxima atención, muy en especial la carrera de Medicina, que, a pesar de una mayor oferta de plazas en el país, ha elevado de manera notable su nota de corte en la presente convocatoria ¿Cabe pensar que en conjunto los estudiantes de mayor rendimiento tienen una vocación decidida por la Medicina? Ciertamente no, se trata de un aspecto más de la distorsión, que ningún beneficio produce al futuro de nuestra sociedad. Otro aspecto nada halagüeño es la evolución de las nuevas titulaciones introducidas en tiempos recientes; casi todas surgen como una novedad atractiva, para declinar en poco tiempo. Para diversas modalidades de la Ingeniería Informática o para la licenciatura en Ciencias Ambientales, ha bastado la nota mínima en todas partes. Por otro lado, la licenciatura en Biotecnología, de implantación reciente y limitada hasta ahora a pocas universidades, ha supuesto niveles de nota próximos o más altos que los de Medicina. Las ofertas de esta carrera vienen de facultades que imparten otra titulación, normalmente Biología, que comparten el mismo profesorado, por lo que la exigencia elevada no cabe atribuirla sino a la novedad, es de suponer que no se mantenga en breve plazo.
El acceso a las carreras científicas y técnicas en España está necesitado de una profunda revisión, que debería comenzar por una orientación basada en la capacidades de cada cual. No todos están dotados igualmente para las Ciencias, las Letras o las Ingenierías. De poco va a servir elegir por modas o por otros motivos que no sean la mejor capacitación y motivación. Las causas de las elevadas tasas de fracaso y abandono hay que buscarlas, en parte, en esta elección distorsionada. Difícilmente llegará el despegue científico técnico que España necesita con esta estructura del acceso a los estudios superiores. Cuando afrontamos una crisis económica, que a todos preocupa, tal vez es el momento de asentar las bases de un progreso auténtico: comienza en la educación.
César Nombela