Los ingenieros
tienen, como todo el mundo, su forma especial de categorizar la
complejidad de las cosas que les rodean: y así, dividen el mundo
entre aquellos que, como ellos, son ingenieros y los que no lo somos.
Una vez que has entrado en la categoría B (
non engineering),
es bastante difícil conseguir que den autoridad a ninguna de las
palabras que tú emites.. Para ellos da igual que hables de complicados
sistemas energéticos o de cuestiones de comunicación, en cualquiera de
los casos tus palabras no están dotadas de la autoridad necesaria.. Lo
que te pone en situaciones complicadas que has de vencer de forma
astuta: pensando como pensaría un ingeniero. Yo, por ejemplo, consigo
que el ingeniero mayor me de el visto bueno, lo que no resulta nada
fácil, y, una vez en este punto, circulo la información más como si
fuese resultado de sus pensamientos, del ingeniero que más sabe, en
lugar de mis propias ideas. Y entonces todos contentos (excepto yo,
claro está, a juzgar por el tono socarrón de mis palabras).
Pero anécdotas a un lado, lo que sí me resulta interesante, una vez
que uno es capaz de sentarse y ver las cosas con distancia, es cómo
aquello que hemos estudiado estructura nuestra forma de ver la vida,
crea una arquitectura espacial en nuestro cerebro hasta condicionar
nuestra percepción de las cosas y que llega incluso a afectar a nuestra
capacidad de respuesta a los desafíos diarios de la vida. Los
ingenieros con los que yo trabajo son capaces de crear los más
complejos modelos de predicción de las situaciones energéticas del
Reino Unido en el año 2050 teniendo en cuenta una serie de variables
ilimitadas y extremadamente complejas: que pasaría, por ejemplo, si las
centrales nucleares se descarta, o si se mantiene en la coctelera de la
combinación energética, si los mercados deciden siguiendo la ley de la
inmensa oferta, decantarse por el carbón, ¿cual sería el impacto que
tendría la energía eólica marina?, o el uso de desperdicios
biodegradables como fuente de energía, la cantidad global que sería
necesaria importar.. o los mejores sistemas para almacenar energía de
forma eficiente y rentable, desde el uso de centrales hidroeléctricas
reversibles, al almacenamiento de hidrógeno, de energía para vehículos
híbridos conectables a la red o los sistemas de almacenamiento de las
calefacciones..
Los ingenieros con los que yo trabajo manejan cifras que para mi no significan nada, como 100$/toCO2 o
hacer conversiones tipo GW generados por tipo de energía, con la misma
facilidad con la que yo hago conversiones del euro a la libra. Hay
algunos que pueden decirte, de carrerilla, los gigavatios que necesitas
para alumbrar una ciudad, dependiendo del tipo de ciudad que sea y las
posibles opciones de abastecimiento Son tipos realmente impresionantes.
Por eso, es igualmente impresionante que algunos de ellos no
sepan lidiar con la ecuación ¿vas a acudir el día X a la reunión Y? o
¿puedes registrate antes del día x en el enlace de aquí abajo si
quieres acudir?
Yo entiendo, que ante la complejidad de
tener que medir con variables como la subida del pétroleo, y su
imparable tendencia al alza, la escasa disponibilidad del gas, la
importancia que puede volver a tener el carbón como fuente de energía
primordial en el futuro, el impacto de las energías renovables si se
incorporan de forma adecuada a la red eléctrica (un reto en sí mismo),
el saber o no, si en 20 años contaremos con energía nuclear o las
cuestiones sociológicas pesaran más que la práctica, el averiguar si la
captura de carbono cumplirá las promesas una vez que la tecnología se
haya demostrado en grandes plantas eléctricas... Cuando la cabeza de
uno está acostumbrado a jugar de forma repetida, como al barajar un
montón de cartas, en distintas formas de complejidad.. debe ser
terriblemente complicado enfrentarse a una pregunta que solo permite
dos posibles variables: si o no.