TÓXICO, CA adj y m. Biol. Dícese de las sustancias que matan o dañan las células de los organismos, como los venenos y las toxinas.
El descubrimiento, y pertinente sustantivación, por parte los científicos del Capital Humano, de gérmenes altamente tóxicos que afectan de manera malsana, perversa e insalubre a los organizaciones de trabajo, suponen un gran paso en el avance hacia el hallazgo de vacunas y tratamientos efectivos. El ahora bautizado labor toxicus (empleado tóxico), recientemente puesto en evidencia, crece y se desarrolla entre los humanos parasitando en ambientes laborales donde se camufla con facilidad. Patógeno para el resto de los trabajadores, algunos de los cuales pueden ser fagocitados con suma facilidad en cuanto entran en su campo de acción, es potencialmente muy peligroso por cuanto ataca con especial virulencia a sufridos jefes, mandos y directivos en general. Presenta como propiedad característica, aunque no única, la de provocar constantes conflictos en el ámbito del ecosistema de la organización laboral.
Por el número de individuos a los que afecta, el 92% de los jefes, según estudios de la consultora Otto Walter elaborado en España en 2007, nos enfrentamos a una epidemia extremadamente activa y procaz. Pertenecen a esta misma especie, mutaciones significativas -por lo indignante de sus comportamientos-, entre las que podemos encontrar, siguiendo libremente el estudio Walter:
1. "Incansabile conflictus provocator” , vulgo, El Gallo de Morón, cacareando y sin plumas. Nada menos que el 90% de los directivos reconocen haber tenido que lidiar con esta tipología caracterizada por generar una y otra vez situaciones desesperantes. En palabras de A. Machado nueve de las diez cabezas.
2. “Escaqueum sumum holgazanibus apaticus”. También conocido como Escurrebultos. Se diferencia del resto de sus hermanas por presentar una sintomatología de lo más irritante, esto es, la vagancia y un desvergonzado escaqueo, que lacera poco a poco, y casi sin darse cuenta, sádicamente al grupo. Holgazán, vago y remolón.
Si como indica en el informe de la citada consultora su presidente, la estabilidad de una organización o institución depende de que el equipo rinda a alto nivel para de ese modo rentabilizar al máximo los costes, cosa que sabe bien cualquier directivo, y la mayoría de los trabajadores, entenderemos la peligrosidad de este segundo tipo al conocer que un 62% de los jefes declara que ha tenido que enfrentarse a estos especímenes
Aparentemente el tratamiento es sencillo ya que un buen antibiótico de uso tópico podría eliminar estas cepas. Sin embargo, existen numerosas complicaciones ya que algunas de estas protoespecies mutan ocupando cargos sindicales que les blindan, perjudicando por cierto, además gravemente la imagen del sindicato que queda en entredicho al ser caracterizado por una tipología tan inconveniente. En otros casos ocurre que el antibiótico o no tiene suficiente potencia o hace dejación de la misma, lo que engrandece y fortifica a estas retroespecies generando ataques más cáusticos y virulentos hacia los directivos que los padecen.
3. "In com petentum", en tres palabras. Es la tercera categoría de labor toxicus. Cuando se prescribe tratamiento sintomático para esta clase de labor o se aconseja directamente quirófano, lo más habitual es que nos encontremos con respuestas inmu-no-lógicas del tipo "aguanta, que ahora no es buen momento" o "sabemos que es muy flojo, pero te lo tienes que quedar porque no podemos cambiarlo", suele ser personal fijo o funcionario o laboral… En casos de mayor contagio podemos encontrarnos con que, además, se les rebajan objetivos, se le perdonan retrasos o se les permite una clara disminución de resultados.
4. “Fraudelen embusterum”, román paladino: Mierda Pura, es la cuarta naturaleza según el estudio citado. Se estima que un 40% de los directivos ya han sufrido el fraude y la mentira por parte de esta clase de labor toxicus. Otto Walter, en voz de su presidente, afirma que "ante los datos presentados, hay que ser verdaderamente fuerte para superar estas situaciones límite sin que le trastoquen a uno, por mucha experiencia que se tenga". Los efectos secundarios asociados son la pérdida de confianza en los demás, la anemia motivacional, fallos en la comunicación y en la forma de tratar a los demás…Como se aprecia, estados carenciales muy duros.
5. “Tempus apostum perderem”, forma coloquial: “El Güindous” ,quinto tipo. Algo menos expansivo que sus hermanos mayores, pero igual de nocivo, ya que perder el tiempo intencionadamente supone un grave quebranto para la coordinación del equipo, un pésimo ejemplo, situaciones de tensión y enfrentamiento, una injusta sobrecarga de trabajo para los demás y el inevitable menoscabo del clima relacional que origina.
6. “Labor peleatum equivocus”. El estudio de Otto Walter señala que "hay empleados que, quizá por haber sufrido una mala experiencia con un jefe anterior, o por una mala actitud personal, o incluso por haber recibido una educación antiempresarial, tratan de pelear contra sus superiores, de complicarles las cosas a propósito, como si asumieran de partida que el jefe fuera el enemigo a batir". Se trata, pues, de una especie muy hostil y desconcertante para los directivos, ya que la sintomatología tarda un tiempo en dar la cara y al principio resulta, por esquiva, algo equívoca.
7. “Impertinentum soberbiae” vulgo El Conguito, debido a su alimentación, que sólo parece provenir de los frutos de la cabra. Esta última clase reconocen haberla soportado un 27% de los directivos y mandos. Se trata de una especie de toxicus caracterizados por la arrogancia. Y es que no sólo hay jefes arrogantes, también hay empleados soberbios e impertinentes.
La clase médica asegura que la cirugía agresiva debería ser el último recurso frente a estas infecciones. Pero si no se hace nada, si no se da tratamiento alguno, si no se actúa con firmeza ante estos gérmenes tóxicos, auténtica causa de la contaminación laboral que, con su conducta, desquician a cuantos están a su alrededor, pronto la organización comenzará un declive sin retorno que hará imposible recobrar mínimamente la salud.
JAVIER PARIENTE
DIRECTOR DEL CFA LA CHIMENEA