Al dar a conocer a los ganadores del premio sueco que se otorga en Noruega, el Comité Nobel, reconocía, según su presidente, a quienes han evidenciado con más alcance “los peligros del cambio climático global”.
Las reacciones han sido de lo más extravagantes. Las más de las veces se han centrado en discutir si Al Gore es un fraude o no, en poner de relieve el dinero que éste ha ganado con la venta de videos, conferencias…, si además, los beneficios se invierten en el partido demócrata, o si Gore acabará por presentarse otra vez a las elecciones de su país.
Otros, ecologistas de pana y pro, no terminan de ver que un recién llegado al “ambientalismo” pueda ser premiado por “su esfuerzo para reunir y diseminar un mayor conocimiento sobre el cambio climático provocado por el hombre”.
Algunos se encuentran molestos porque tachan ex vicepresidente de EEUU, por su documental sobre el calentamiento global, de "alarmista y exagerado". Incluso en los tribunales británicos proclaman en forma de veredicto la "visión apocalíptica" de la Verdad Incómoda, condenándolo por políticamente partidista, en base a que no representa un análisis imparcial de la ciencia del cambio climático.
Llegados a este punto, lector de bitácoras, le voy a proponer un pequeño experimento para tratar de expresar mi opinión al respecto. Coja un folio –de papel reciclado, claro- dibuje un punto de color rojo de no más de un centímetro de diámetro. A continuación pregunte a cuántos estén a su alrededor qué ven.
La mayoría contestará con firmeza y prontitud que un punto rojo. ¿Por qué? Porque la mayoría sólo ven un punto rojo. Obvio.
Pero usted y yo sabemos que el folio es unas seiscientas veces más grande que el punto rojo, sin embargo el folio parece desvanecerse en la visión de nuestros encuestados.
Como se desvanece el auténtico mensaje “¡EMERGENCIA PLANETARIA!”, incluso aunque el mismo Premio Nobel Gore lo repita una y mil veces ¡RESPONDER RÁPIDAMENTE! ¡ACELERAR EL CAMBIO DE CONCIENCIA!
Quizás nuestra conciencia se haya vuelto tan mediática que haya que empezar por ahí. Es una pista.
Si después de esto le ha quedado ánimo, pregunte cómo se llama el presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. Y si no le contestan, y con el fin de no que parezca que es usted el hombre que sabía más que un niño de primaria, requiera el nombre del idiota por el que el pueblo norteamericano cambió a un Premio Nobel. Esta será la pregunta del punto rojo, las orejeras que no dejan ver el folio.
Permítame terminar con una ópera, “La mujer sin sombra” de R. Strauss, donde el libretista, poeta y dramaturgo vienés Von Hofmannsthal hace la siguiente reflexión: cuando una mula camina sobre un abismo, no le inquietan ni la profundidad ni el misterio.
A Carmen y René capaces como nadie de transformar las dificultades en posibilidades y a mi mujer Teresa, en el día de su santo; con quienes tanto comparto
Javier Pariente Alonso
DIRECTOR DEL CFA LA Chimenea