Bitácora de La Chimenea del día 4 de Octubre.
Ayer, tarde de tormenta, y eso que La Guardiana del Medio Ambiente le ordenó en el juego que nos dejara en paz.
Aún así la travesía fue genial, Lobos, Guerreros sin espada y Lagartijas, que ya los sin nombre se han decido por este inquieto animal, se disfrazaron, cantaron y bailaron en el juego del Play-Back. Pero… había alguien más: ¡los profes también disfrazados actuando como todos los demás!
Luego de la merienda, en singular asamblea, los grumetes de Bustarviejo quisieron expresar satisfaccionesy lamentos, inquitudes y dudas :
Y nos alegramos con Sara, que ha solucionado su miedo, y con Aitana –gloria en vasco de sierra alicantina- porque le encanta la comida. Sin embargo nos preocupamos con Álvaro porque dice que se habla demasiado en las habitaciones. Algunos dijeron que la comida es mucha en cantidad, aunque Victoria quiso puntualizar sobre lo rica que estaba la tortilla de patatas para cenar. Otros preguntaron por los gatos, a los que quedamos que es mejor no tocar, y todos coincidieron en que el árbol cueva es el mejor sitio para hablar.
Más tarde supimos de Ariadna, sobre cierto incidente por encender la linterna, pero claro es que cuando se apaga la luz, es para dormir, Ariadna -Señora del laberinto-
Y al final, hablaron mucho, y muy serios de cómo solucionar su preocupación con los educadores de la noche. Y Concha tuvo una idea genial: por qué no hablar con ellos . Vale, pero ¿quién lo hará?
La cena no estuvo nada mal: puré de calabaza, un cazo al menos, ¡pues está rico! y algo que prometía más, hamburguesas con patatas fritas
-¿y el kétchup? ...
Después con eso de hablar, la velada pareció algo más corta, y en seguida llegó la hora de descansar.
La mañana siguiente fue fenomenal, trabajaron la biodiversidad, fueron a visitar las ovejas, manchega, colmenareña y rubia del molar, y luego aprendieron a hilar y cardar, mientras atentos conocieron los avatares de un personaje, Margarita la Mentirosa, que Carmen cuenta y conoce como nadie, por eso le dieron un aplauso al final.
La una media, responsables a poner la mesa. Las dos menos cuarto, todo el mundo al comedor: ¡cocido madrileño! ... y los pequeños navegantes llamaron a los cocineros, Javier y Raúl, para darles una fuerte ovación.
Javier Pariente Alonso
DIRECTOR del CFA La Chimenea