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miércoles, 26 de septiembre de 2007

La cuestión de la Naturaleza Humana suele expresarse como una dicotomía: ¿se nace o se hace? ¿Son los genes o es la educación? A estas alturas de la película, debería resultar evidente que la cuestión no es tan simple y que el problema deriva, justamente, de buscar soluciones tan simples. Evidentemente, los genes y la educación son importantes.Una vez admitido esto, corremos es riesgo de caer en otra trampa, la del conveniente término medio; en otras palabras, pensar que en toda polémica la verdad radica necesariamente en la mitad. Si la pregunta que formulamos es cómo los factores genéticos o ambientales influyen sobre determinas características,  capacidades o actitudes humanas, tendríamos que analizar los datos existentes sobre tal carácter en particular. Podemos esperar que, en la mayoría de los casos, puedan detectarse tanto influencias genéticas como ambientales, pero también debe esperarse que algunos caracteres estén casi exclusivamente determinados por unos u otros.



A la simplicidad perversa de la pregunta “genes o ambiente” se superpone el problema de las modas. Hasta hace pocos años, la mera mención de la importancia de los genes era considerada políticamente incorrecta. En la actualidad, tal vez tendamos a pensar que la biología está detrás de todo. Desde mi punto de vista, ambas posturas son erróneas. Lo que necesitamos son datos sobre el asunto concreto que estemos tratando y después intentar interpretar los datos con honradez intelectual. Pos supuesto, esto es más fácil de decir que de hacer.

Todo esto viene a cuento por un artículo reciente del grupo del profesor Ian Spence, de la Universidad de Toronto, Canadá, según el cual una diferencia mental entre hombres y mujeres, que inicialmente se atribuyó a la biología, pudiera ser consecuencia del ambiente. El artículo se ha publicado en la revista Psychological Science.

Este grupo lleva años investigando diferencias de género en capacidades cognoscitivas relacionadas con las tecnologías de la información y la comunicación (TICs). Es un hecho conocido que las mujeres tienen una escasa participación en este campo (en Canadá sólo 1 de cada 3 trabajos relacionados con TICs está ocupado por una mujer, y esta tendencia es global). Estos investigadores se han propuesto averiguar si existen diferencias (biológicas) en las capacidades mentales de unos y que expliquen esta situación.

El trabajo en cuestión se centraba en dos habilidades distintas pero relacionadas: un test de atención espacial, utilizando un videojuego y un “típico” test que consistía en rotar figuras en el espacio. Los sujetos del experimento eran estudiantes de la universidad divididos en grupos: hombres vs mujeres, jugadores habituales vs no jugadores y estudiantes de ciencias vs artes. Los resultados del experimento fueron que: 1) los jugadores habituales (chicos y chicas) resultaron mucho mejores; 2) los científicos mejores que los artistas; y 3) en todos los grupos, los hombres superaron a las mujeres. A primera vista, podría pensarse que es otra diferencia de género de origen biológico.

Sin embargo, en el segundo experimento, los investigadores entrenaron a la mitad del grupo (dejando a la otra de control)  durante 10 h con otro videojuego (Medal of Honour: Pacific Assault) y repitieron el primer experimento. Tal como se esperaba, los sujetos “entrenados” mejoraron mucho sus resultados; no obstante, las mujeres lo hicieron en mucha mayor proporción que los hombres. Más aun, esta “ganancia” se mantuvo al cabo de cinco meses. Lo más interesante es que esta mejora en el videojuego correlacionaba con una mejora en el test de rotación espacial.

Una conclusión clara de este experimento es que la práctica de videojuegos tiene algunas consecuencias positivas (algo que mis hijos adolescentes tienen muy claro, por otra parte). La segunda conclusión, aunque es pronto para considerarla definitiva, es que  las diferencias de género en tareas tales como la rotación de figuras en el espacio, tal vez no tenga una causa biológica sino que sea consecuencia de factores ambientales; en este caso, una menor frecuencia en las mujeres de actividades que suponen un entrenamiento efectivo (como algunos videojuegos). Serán necesarios más estudios, pero la pelota está (rotando) en el aire.

18:58 | gestionado por Pablo Rodriguez Palenzuela | Enviar comentario (2)