Hace ya unos meses y con motivo del
día mundial de la tuberculosis que se celebró el pasado 24 de Marzo, mi amiga y
compañera de bitácora en Madrimasd, Consuelo Ibáñez, dedicaba una entrada en su
blog Salud Publica y algo más a esta enfermedad que, lejos de estar extinguida, todavía causa grandes
problemas como se puede ver en los comentarios a dicha entrada.
Entonces, Consuelo nos
invitaba a Miguel Vicente, autor del blog Esos Pequeños Bichitos, y a mí a que
contribuyésemos para tratar sobre el tema de la tuberculosis y la figura de Robert Koch, uno de los fundadores
de la microbiología que descubrió a las bacterias de la especie Mycobacterium tuberculosis como el agente causal de la enfermedad.
En su blog, Miguel Vicente, escribió
dos magníficas entradas sobre el tema. Una, dedicada a Robert Koch, titulada Robert
Koch: científico, viajero y enamorado; y otra dedicada a la complejidad de la
cubierta de las micobacterias. La primera de ellas contiene un valioso resumen de la vida y la obra de Koch en el que se nos cuenta, entre otras cosas, que había nacido el once de Diciembre de
1843, en Clausthal en las montes Harz, que fue un niño muy inteligente que
aprendió solo a leer el periódico y que estudió Medicina en la Universidad de
Göttingen. El nombre de
Koch se asocia no sólo con grandes autores de la ciencia a quienes conoció y
con quienes mantuvo relación (por ejemplo Virchow), sino también con el de
aparatos y artefactos de uso habitual en microbiología. El Asa de Henle,
utilizada para sembrar bacterias en las Placas de Petri debe su nombre a Jacob
Henle, profesor de Anatomía en Göttingen que acababa de publicar en 1840, que
las enfermedades infecciosas eran causadas por organismos parásitos vivos. Las
propias Placas de Petri, antaño de vidrio y hoy de
plástico desechable,deben su nombre a un colega de Koch. De casi todo esto habían tratado ya Miguel y Consuelo en sus entradas
¿Qué podría yo añadir al respecto? ¿Tal vez alguna reflexión filosófica.....? ¿Quedaría algo importante por decir.....?.......
Veamos,......
La
trayectoria profesional de Koch (1843-1910) transcurre en paralelo con la de
Pasteur (1822-1905), el otro fundador de la microbiología. Hizo experimentos en
animales demostrando que el carbunco (Ántrax) se transmitía mediante
inoculación con muestras que contenían su bacilo que había sido descubierto
anteriormente. Obtuvo cultivos puros del bacilo en donde vio la formación de
formas de resistencia o esporas y demostró que bacilos que nunca habían estado
en contacto con los animales eran virulentos. Koch superaba a Pasteur en la técnica
de cultivo de bacterias en medios artificiales consiguiendo cultivos puros a
partir de los cuales era posible avanzar en su estudio tiñendo, fijando y
fotografiando a las bacterias. Estas técnicas le permitieron establecer sus
postulados, los postulados de Koch, criterios clásicos en microbiología para
identificar al microorganismo causante de una enfermedad.
En su
discurso de ingreso en la Real Academia
de Ciencias, una obra de referencia en la literatura científica a la cual
tendremos que regresar en alguna otra ocasión, Santiago Ramón y Cajal cuenta
como Koch descubrió el método para teñir las bacterias del género Micobacterium. En su capítulo
segundo, titulado Preocupaciones enervadoras del principiante, subcapítulo b)
Creencia en el agotamiento de los temas científicos, Cajal habla de nuestro
error en la apreciación de lo importante y lo accesorio. En la Naturaleza,
dice, no hay superior ni inferior, ni
cosas accesorias ni principales. Y también: Acaso en ningún dominio se muestra mejor la transcendencia del detalle
como en los métodos técnicos de la biología. Para no citar sino un ejemplo,
recordemos que R. Koch, el gran bacteriólogo alemán, por haber tenido la idea
de adicionar a un color básico de anilina un poco de álcali, logró teñir y
descubrir el bacilo de la tuberculosis, desentrañando así la etiología de una
enfermedad hasta entonces rebelde a la sagacidad de los más ilustres patólogos.
Koch obtuvo
el Nobel de Fisiología o Medicina en 1905, Cajal en 1906. En la frase de Cajal arriba indicada se nos demuestra que en Ciencia no hay distinción entre lo importante y lo accesorio. Las cosas más importantes son las que quedan por decir cuando ya se han dicho todas las importantes.