Ya hemos
visto algunos debates de cierta relevancia para la historia o la pre-historia
de la biología y uno tiene la sensación de que, cuanto más retrocedemos en el
tiempo, más claro, abierto e interesante es el debate. Nos encontramos hoy en
pobres días de obscuros y turbulentos debates movidos por resortes ocultos, con intenciones remotas merecedoras de profunda investigación y desde estos días añoramos un pasado glorioso.
En 1830 en
el seno de la Academie
des Sciences de Paris tuvo lugar el fascinante debate entre Cuvier (los
animales pertenecen a categorías estables) y Geoffroy Saint Hilaire (Las
especies cambian con el tiempo) cuyo interés Goethe transmitió en Alemania.
Treinta
años después, el treinta de junio de 1860, en Oxford tuvo lugar la disputa entre
Thomas Huxley y el obispo Wilberforce, que tan mal documentada está y ha sido objeto
de tanta manipulación. Aquí no sabemos exactamente cuáles eran las posiciones
de cada uno, porque si bien parece seguro que Huxley defendía a Darwin desconocemos
qué argumentaba la parte contraria representada por Wilberforce ya que Darwin es un
autor camaleónico que, como buen inglés, no tiene por costumbre dejar sus
puntos de vista y sus opiniones demasiado netos. Así, bien podría ocurrir que
Wilberforce, como representante de la Iglesia
Anglicana, estuviese molesto con la exposición de una teoría
evolutiva, pero también que lo estuviese por la falta de rigor científico en la
teoría de evolución por selección natural, o con otros muchos aspectos del
texto de Darwin. Nunca lo sabremos,......tan sólo que una señora se desmayó.
Hoy nos
ocupa otro debate que se viene desarrollando a partir de 1872, cuando Francis Galton, el
fundador de la eugenesia recibió una copia del recién publicado libro “Histoire
des Sciences et des Savants depuis Deux Siècles” de Alphonse Pyrame de
Candolle (en la imagen), un botánico hijo de Augustin Pyrame de Candolle, también botánico y residentes
ambos en Ginebra.
En su obra,
de Candolle mostraba cierta oposición a la opinión de Galton quien mantenía que
el genio se heredaba. Para el botánico suizo, el genio más que nacer, se hace. Su
tesis se apoyaba en datos del reparto de científicos entre la población
europea. Mientras que los hombres de ciencia en Suiza e Inglaterra estaban en
mayor proporción que la media europea, en Portugal y España ocurría lo
contrario. Holanda había dado muchos científicos a lo largo del siglo XVIII,
pero menos que Francia, Inglaterra y Alemania en el XIX. De Candolle, con muy
buen sentido, argumentaba que estos datos reflejaban el grado en el que la
ciencia se potenciaba en cada momento y lugar. En Suiza, por ejemplo, abundaban
los científicos procedentes de países en los cuales la ciencia no daba muchos
individuos destacados. Entre otros argumentos importantes, de Candolle indicaba
que una religión poderosa y autoritaria era un factor negativo para el
desarrollo de la ciencia. Aunque ambos estaban de acuerdo en muchos puntos de
vista, como por ejemplo la importancia de la raza en la determinación de la
herencia y en particular la preponderancia de la raza blanca en la ciencia,
ambos diferían en la interpretación de los hechos. Para de Candolle, el libro
“Hereditary Genius” de Galton cargaba demasiado las tintas en la herencia
ignorando cualquier posible efecto del ambiente. Galton, en la revisión que escribió para el
Fortnightly del libro de de Candolle buscaba sus contradicciones. Así, por
ejemplo si las cualidades mentales estaban conectadas con la estructura y la
estructura se heredaba, entonces las primeras también habrían de hacerlo.
Además encontró en el texto de de Candolle aspectos que no le gustaban nada.
Entre otros, las menciones de herencia de caracteres adquiridos y es que el lamarckismo no gusta a los partidarios de la eugenesia.
A pesar de
su criticismo mutuo, ambos autores mantuvieron una larga correspondencia.
Galton
escribió a continuación su obra titulada "English Men of Science: their Nature and
Nurture" (1874) de la cual parece venir la famosa disyuntiva. Su biógrafo,
Nicholas Wright Gillman, nos cuenta que Galton había tomado esta frase de la Tempestad de
Shakespeare, cuando Prospero, duque de Milán habla al espíritu Ariel de
Calibán:
A devil, a
born devil, on whose nature nurture can never stick
("Un
demonio, nacido demonio cuya naturaleza no admite crianza ").
El debate
abre un planteamiento típicamente victoriano, pero todavía vigente acerca de si el genio nace o se hace.
La
distinción tan neta entre nature y nurture es propia del positivismo y de la
ciencia experimental. Para Kierkegaard, anterior a Galton, a de Candole, y al
auge del positivismo; el genio, como el calibán, nace y se hace. Ambos, el genio y el calibán son frutos de un momento y de un entorno. Planeando sobre ambos, nature
y nurture son aspectos de la armonía que reside en la Naturaleza. Un punto de vista
ciertamente transnochado y romántico, del que hoy tenemos mucho que
aprender.
Bibliografía
Wright
Gillman, N. Sir Francis Galton (From African Exploration to the Birth of Eugenics), Oxford University Press. 2001.