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lunes, 22 de septiembre de 2008

                              

 
Entre los resultados que la Ciencia del siglo XIX legó para la posteridad, sobresalen las leyes de Mendel que, por su originalidad y simplicidad, son ejemplo del descubrimiento de un genio. 
Según veíamos, el genio es excepcional y su estilo consiste en el compromiso con una idea fija que puede ser contraria a lo establecido. Con su ejemplo, Mendel nos demuestra que el genio puede, asimismo, conllevar cierto aderezo de traición,………

El padre Gregor Mendel (1822-1884), agustino en un convento de Brno, en la actual República Checa, no se contentó con limitar su vida a sus oraciones, ni tampoco al cuidado de su huerto o a los placeres de una buena mesa en un convento reputado por su excelente cocina. No, no, no……

 El padre Mendel se preguntó cómo se heredan los caracteres y para responder a esta pregunta se propuso seguir un protocolo experimental detallado, aplicando el Método Científico, de forma semejante a como lo habían hecho anteriormente Pasteur y Claude Bernard. Pero,….antes de la aplicación rigurosa del Método Científico, la genialidad de su descubrimiento radica en su original punto de vista que, no por azar, surge en un convento…..


Las claves de Mendel proceden de la abstracción, un arte que durante cientos de años había sido cultivado por los sacerdotes con fines religiosos. Desde este punto de vista, su genialidad viene aderezada con el componente de traición que consiste en la utilización de la abstracción en un sentido material que, indirectamente y a largo plazo vendría a dar al traste con el uso de la abstracción en su sentido más profundo y antiguo: como la búsqueda de esencias en los objetos de la naturaleza.  Al igual que había sucedido décadas antes para el análisis estructural mediante la química, la abstracción opera por descomposición en lo más íntimo de los seres vivos: su herencia. No sólo la composición es material sino que la herencia reside también en elementos materiales. Mediante su obra, Mendel contribuye a entregar la abstracción en las manos del materialismo ya creciente en su época.

En su libro “El orden del discurso”, Michel Foucault reconoce en Naudin la observación de que
(algunos de) los  rasgos hereditarios son discretos. Algunas de las conclusiones de Mendel fueron obtenidas casi en simultáneo por Naudin. El éxito de Mendel se debe a su elección de los caracteres y al procedimiento que, muchos años después nos aparece como ejemplo de pensamiento neto y ordenado en una aproximación totalmente original a la naturaleza. Para Mendel, el sujeto de estudio es el carácter, el rasgo hereditario, la característica, que ha de ser vista como entidad aislada e independiente, aunque para su existencia requiere el soporte de un sujeto.

 Definir los presupuestos teóricos es algo esencial en los protocolos experimentales de Mendel. En primer lugar, Mendel se ocupa en definir el carácter objeto de estudio. En el guisante, elige caracteres bien notables que conciernen a la semilla tanto en su color (verde o amarilla) como en su textura (lisa o rugosa); a la flor (blancas o amarillas) y al porte general de la planta (plantas enanas o normales).

Sólo cuando el carácter se ha definido se realizarán cruzamientos entre individuos distintos para dicho carácter. Finalmente, se observará la distribución del carácter en la descendencia que se analizará estadísticamente. Ninguno de los aspectos del protocolo es trivial y todos son dignos de una consideración. Pero el principal es el primero: la definición de carácter.

Olvidarse de toda posible esencia de los seres vivos y concentrarse en su composición material, en lo puntual, ver el carácter como característica, netamente, constituye una verdadera revolución, una vuelta del péndulo de la filosofía medieval que sólo podría proceder desde la mentalidad de un religioso en el interior de un convento.

Decidido a buscar las leyes que rigen la herencia de los caracteres, el trabajo era largo, mucho más largo y complejo de los extractos que de él nos han llegado y lleno de frustración, porque no siempre Mendel acertó con caracteres cuya herencia fuese fácil de investigar. Pero la clave de su éxito residía en el origen: su capacidad extraordinaria para ver las cosas de un modo original, la innovación que vino a romper con una gran tradición. Porque la gran originalidad del genio no se da sin una gotita de traición, como en el título de la obra de Lope de Vega “Del monte sale quien el monte quema”.





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