Hace unas
semanas, dedicaba una entrada a la divulgación científica presentando un
ejemplo lamentable recogido del diario “El Mundo”, en su suplemento de Castilla
y León del 12 de Julio. Incluía en ella tres consejos que debería seguir todo
periodista dedicado a la divulgación científica y que no se respetaron entonces.
El artículo
recientemente aparecido en el Pais (miércoles 10 de Septiembre) que muestro arriba y comento hoy
tampoco sigue los consejos indicados. Su autor no siguió el tercer
consejo, puesto que echó las campanas al vuelo en los titulares; ni el segundo,
puesto que dio una importancia muy secundaria a la publicación de que trata, de
tal manera que hace dudar de que la haya entendido.
La noticia aparece atribuida a la editorial. Por único
firmante aparece el nombre del diario (El Pais, Madrid). Es lamentable que en
uno de los diarios españoles de mayor tirada y que además cuenta con una
reputada escuela de periodismo asociada a la Universidad Autónoma
de Madrid, las noticias de divulgación científica no vayan firmadas por profesionales, que serían así responsables de su contenido. Pero además,
en esta noticia hay errores mayores que paso a comentar y
que sugieren nuevos consejos.
En primer
lugar, comienza de manera estrafalaria utilizando un lenguaje basto:
Una gran parte del genoma (en torno
a un 95 % en el humano) se llama ADN basura porque no contiene instrucciones
como los genes.
“Basura” es aquí una mala traducción de junk
(trastos o chatarra antes que basura). Su empleo es rancio e inadecuado. Hace ya
muchos años que se viene criticando, con mucha razón su uso: tanto junk como
chatarra o basura son términos inapropiados para referirnos a fragmentos de ADN
cuyo origen y función, en buena medida, desconocemos. (Así lo reconoce el propio
artículo cuando dice: desde hace años se
sabe que hay secuencias de ese mal llamado ADN basura que desempeñan un papel
clave como reguladores de los genes). Es decir, el artículo utiliza consciente
y voluntariamente en su título y en su introducción una terminología inadecuada
para captar la atención del lector ( y,….¡ ojalá que sea esa la única
intención!.....).
A
continuación describe, muy brevemente, el gen HACNS1, implicado en la formación
de las manos y de los pies y que, afirma, evolucionó muy rápido en humanos.
Cambios en HACNS1 pueden haber contribuido a peculiaridades en el desarrollo de
pies y manos en humanos. No explica muy bien en qué consistirían estos cambios
ni tampoco los experimentos con ratones en los que la introducción del gen
HACNS1 humano parece tener algún efecto distinto de la introducción del gen
homólogo de otros primates. En fin, como en tantas ocasiones nos quedamos con
las ganas de conocer el fondo de la noticia, pero lo que permanece es el
titular: la mano humana se formó con un poco de basura. Curiosamente en el
mismo ejemplar del diario, grandes titulares anuncian: Arranca la búsqueda de la “partícula Dios”.
La semana pasada veíamos con Ortega que el fundamento que
hay en la base de la ciencia no es otro que la creencia.
La creencia lleva
también a escribir estos titulares. La
fe, no en Dios, sino en haberlo eliminado de su antiguo lugar en el origen de
las estructuras vivas, que ahora habría quedado libre y podría, por tanto, ser
ocupado por aquello que más nos plazca. La fe en la basura, una forma moderna
de la ya rancia y persistente creencia en la nada. Pero como toda fe, ésta
carece también de toda base científica. No por nada, sino por estar ella misma en la base de la ciencia.
Envío hoy otros tres consejos a los editores de divulgación
científica:
1. Procuren
siempre que las noticias vayan firmadas por un autor, así sabremos a quien
echar la culpa de su contenido.
2. Procuren,
autores y editores hacer un hueco importante y colocar entre sus prioridades la
búsqueda de la objetividad. NO pongan de manifiesto sus creencias allá donde no
sea necesario.
3. Concéntrense,
piensen en el contenido de su noticia y pónganle un título adecuado.