He titulado el comentario de este
libro “Temps de flors” creyendo recordar una frase que me pareció haber leído
durante su primera lectura y que se
refiere a una fiesta organizada en primavera en Gerona, el “Temps de flors”, en
la cual casas, museos, iglesias, barrios, calles,…. se decoran con flores.
La frase puede estar en algún
lugar entre las primeras páginas, cuando se describe la juventud del botánico
Juan de Isern (1821-1866) en Cataluña, sus primeras excursiones para herborizar
y las aventuras vividas en ellas (detenido en Francia a dónde había pasado sin
darse cuenta, casi devorado por un oso o atrapado en unos riscos de los que no
puede bajar sin auxilio,….).
También podrían estar dichas palabras
en las páginas que describen su matrimonio, pero no lo creo, porque esto ocurre
ya en el entorno de Madrid y entonces no convendría una frase en catalán.
Enfin, siempre hay motivos para volver a un libro y el buscar esta frase puede
ser para mí otro más, aunque personalmente, para volver a leer el estudiante de
las hierbas, no me han de faltar motivos. De eso estoy seguro. ¿Por qué?
Intentaré explicarlo en lo que sigue,……
“El estudiante de las hierbas” es
un libro excepcional por su veracidad. Dicha veracidad no puede ser sino
resultado de la honestidad de sus autoras. Su gestación, con sus contenidos tan
bien documentados, ha debido de pasar, antes de salir a la luz, por
acontecimientos asimismo excepcionales. Conozco uno que comentaré a continuación,
pero estoy seguro de que hay más.
El libro es fruto de la
colaboración entre una conservadora del Real Jardín Botánico, dedicada a
colecciones botánicas antiguas (Paloma Blanco Fernández de Caleya), y dos
familiares de un botánico colector notable del siglo XIX español. Dos autoras
del libro, Dolores Rodriguez Veiga Isern y Pilar Rodriguez Veiga Isern, son tataranietas del
botánico. Dolores es ingeniera forestal y Pilar, periodista. Más que hecho
excepcional, es casi un milagro que, en este país en que las colaboraciones en
materia científica son limitadas y en el que los asuntos familiares tienden a
permanecer en el seno de las familias, se hayan unido de tal manera los
intereses familiares con los científicos. Esto prueba, más allá del buen
trabajo de sus autoras, que el libro destila en cada una de las páginas, su
honestidad para dar un rumbo en común a la obra. Ambos, buen trabajo y
honestidad, guían a la obra siguiendo la estela que dejó la obra y la
vida del botánico Isern, su protagonista. Estoy seguro de que acerca de cómo se
forjó la colaboración, las autoras podrían escribir otro libro que,
gustosamente comentaría a su debido tiempo, pero por hoy me ocuparé en comentar
el que ya está escrito.
Como la serie de Proust “En busca
del tiempo perdido”, el libro tiene una estructura circular, empezando por el
final. A partir de ahí en forma de
relato autobiográfico va recomponiendo la aventura de Juan de Isern. Desde su infancia
y sus primeros avatares en el mundo de las plantas, sus episodios familiares,
sus estudios, el desplazamiento a Madrid, su matrimonio y el enrolamiento en la Comisión Científica
de la expedición al Pacífico (1862-1866). El libro contiene fragmentos de los
auténticos diarios del botánico que sus autoras han investigado minuciosamente,
así como de sus cartas y de las cartas y diarios de otros de sus compañeros de
expedición.
Copiaré a modo de ejemplo algunos
de los pasajes que más me han emocionado:
De una carta a Mariano de la Paz Graells del 28 de
Noviembre de 1863
...el árbol que me admiró más fue el Ficus gigantea de 37 pies de
circunferencia, ya el Sr Raimondi profesor de Lima había medido uno de 33
pies; en el bosque donde viven los señores chunchos se ven unos individuos
de mayor corpulencia pero no me atreví a ir a examinarles sus árboles, por
evitar un trabajo menos ustedes de escribir mi biografía; tengo todavía
apego a la vida.

Ficus gigantea. Tomada de Wikimedia Commons

Vista de Guaranda, Ecuador (de currentsky.com).
Del paisaje de Guayaquil a Quito
descrito en una carta del 21 de Enero de 1865 a su amigo, el farmacéutico madrileño
Félix Borrell, quien lo publicaría en el pabellón Médico:
El viajero queda pasmado al ver tanta variedad y lozanía; en aquel país
puede decirse que la primavera es continua; la vista se deleita al contemplar
aquellos árboles gigantescos adornados de flores de distintos matices y entre
ellos mil vegetales que unos crecen a sus expensas y otros que, desde la
tierra, van enroscándose y cuyas ramas suben hasta la cima de aquellos; son
notables las orquídeas y helechos que rodean su corteza, varias especies de
musgo y líquenes y las lorantáceas de color rojo más subido tan completamente
adheridas a los árboles, que muchos creen que son flores de los mismos; acá y
acullá crecen salvias de flores rojas y azules, bromelias dignas de cultivarse
en nuestros jardines y compuestas y solanáceas arborescentes.
Las aves son de lo más hermoso y variado que se puede imaginar. A
medida que el viajero va acercándose a Guaranda cambia la vegetación, y con
ella, la fauna. No puedo entrar en pormenores respecto a la vegetación, hasta
que haya estudiado los ejemplares que llevo recogidos y ampliado mis notas,
fruto de observaciones hechas, por decirlo así, a vista de pájaro.
De los diarios del último año de
la vida de Juan de Isern, cuando éste contaba cuarenta y cinco años:
25 de Febrero de 1865
Sábado. Salida del tambo de Hila a las 6.40 de la mañana, está
lloviendo y hay muy mal camino; a las 9 nos hallábamos en la cuesta del Quijos,
que tiene una bajada muy parada, pero la casualidad quiso que aclarase el
tiempo y nos dejase ver el bello panorama a uno y otro lado de la cuesta del
Quijos, su frondosidad, la majestad del río, su corriente, sus moles de rocas
de granito, la diversidad de orquídeas colgando de los árboles y otras
sostenidas de las pequeñas matas y al alcance del viajero. Viola roja, Hypericum,
Bignonias arbóreas matizando con los Alnus, los que muy pronto desaparecieron;
era encantador. Volvió a cubrirse de
niebla y yo me adelanté diciendo al compañero Almagro que los aguardaría
en el puente; bajé la cuesta, dando en ella tres saludos forzados hasta besar
el suelo, y a las 9, 37 de la mañana llegué al puerto de quijos y allí aguardé
al compañero…….
17 de Marzo de 1865
He escrito a mi casa. No he podido ocuparme de los trabajos de
excursión por tener hinchado el pie izquierdo. He tomado algunos apuntes de
plantas sudamericanas.
De la colección de Baeza llevo actinidiáceas, amarantáceas. Begonia,
campanuláceas, Carica, compuestas, gesneriáceas, gramíneas, lauráceas,
loasácea, malváceas, melastomatácea, Siparuna, onagráceas, alguna especie nueva de piperácea, helechos,
escrofularias, rubiáceas, solanáceas y urticáceas con diversos usos y nombres
como Zolorpanga (Tolorpanga?), Ganatollo (palo negro); Moradilla; la Yacuyuya, hierba del
agua; Arñayuyu (Asñayuyu) yerba hedionda comestible con el cuy; Caspiyuya, palo de yerba; Zapatriquigua (Zapatorquigua o Zapatorgia);
Allcumicuna medicina disperso sic., en cocimiento para las calenturas y curarse
comiéndola los perros; Hatunchuroyuyo, yerba de caracol grande, para amarrar el
enero..; sibagiva, yerba para engordar ganado; guagacacayo, lengua de ganado,
sus frutos los comen los pájaros, Islatanga hoja de isla; Uchuguagracallu etgi
de lengua ganado; Maxteasnajanga, hoja hedionda; laehataema; Chineaillo
compañera de ortiga.
De la necrológica escrita por
Mariano de la Paz Graells
(p 242):
“Pagaré a mi patria con la vida
la deuda que con ella he contraido por la honrosa confianza que me dispensó.
Este ha sido mi deber y, convencido de ello, no he evitado los peligros que me
conducen al sepulcro. A mis pobres hijos sólo les dejo un nombre humilde, pero
honrado; como habéis mirado por mí, mirad también por ellos, querido maestro…”
Desde su prólogo, escrito desde
el conocimiento profundo del tema por Miguel Angel Puig-Samper del Instituto de
Historia del CSIC, hasta las magníficas ilustraciones de las páginas 673 a 704 y los índices
(onomástico, de topónimos, de nombres comunes), el libro es excepcional por su
rigor. Su publicación ayuda a completar un importante capítulo de nuestra historia:
El que corresponde a un botánico que se entregó a su tarea en pro del
conocimiento completando un viaje que había sido muy difícil y lleno de
tareas……………..
Agradezco a Paloma Blanco
Fernández de Caleya por la generosidad al compartir la información y su
amabilidad al revisar el borrador de este texto.
Bibliografía
Blanco Fernández de Caleya, P;
Rodriguez Veiga Isern, D; Rodriguez Veiga Isern, P. 2006. El estudiante de las hierbas: diario del
botánico Juan Isern Battló y Carrera (1821-1866) : miembro de la Expedición Cientifica
del Pacifico (1862-1866). Consejo Superior de
Investigaciones Científicas. Serie Ruizia : monografías del Real Jardín
Botánico (ISSN 0212-9108 ; tomo 18) .731 p [32] p. pl