A lo largo del
siglo XIX, numerosos científicos rusos defendieron puntos de vista favorables a
la evolución de las especies. Así, Herzen (1812-1870) en sus “Cartas para el
estudio de la Naturaleza”,
presenta una teoría de la evolución del mundo. En su obra, Tchernychevsky (1828-1889), subraya la idea de
un origen común para el hombre con los animales. Conocedor de Lamarck, ensalza
la parte materialista de su discurso rechazando su idealismo. El estonio Karl
Ernst von Baer (1792-1876) describió los óvulos humanos y de otros mamíferos.
Sus trabajos en embriología contribuyeron al desarrollo de las ideas
evolucionistas. Karl Roulié (1814-1868), profesor en la Universidad de Moscú,
presentaba en sus clases la teoría de la evolución diez o quince años antes de
la aparición de la obra de Darwin, para lo cual se basaba en pruebas
geológicas, paleontológicas, embriológicas y anatómicas. Según su punto de
vista, la naturaleza es una unidad en perpetuo cambio, no tiene ni puede tener
especies inmutables. La evolución de las especies es lenta, progresiva,
permanente y sometida a la influencia del medio exterior. Al estudiar las
formas fósiles, Roulié describió que la tierra pudo haber conocido un periodo
en el cual la vida estaba ausente, que los primeros protistas aparecieron
primero y que las formas vivas actuales son el resultado de la evolución. Para Roulié, los
animales terrestres tienen sus antepasados en animales marinos y el hombre tiene
un origen animal.
Borzenkov,
discipulo de Roulié y profesor, como él, en la Universidad de Moscú,
a propósito del Origen de las Especies, de Darwin, escribió:
Este libro no es exactamente lo que
nosotros escuchábamos de Karl Roulié, pero es tan próximo, tan parecido a lo
que él nos había enseñado, que esta nueva teoría parece recordarnos algo ya
conocido.
Bibliografía
Irina
Karouzina. Biologie. Editions Mir. Moscu. 1970. La imagen, mostrando protozoos,
procede de este libro.