La obra de Louis Pasteur es el fruto de una voluntad extraordinaria, basada en la convicción personal de que las cosas pueden ser de manera diferente a como las veían sus contemporáneos; incluso pueden ser de una manera como nadie las ha pensado aún.
Y si no se lo creen, lean con atención esta frase que Pierre Pachet, Profesor de Fisiología y contemporáneo de Pasteur pronunció en 1872:
- La
teoría de los gérmenes de Louis Pasteur es una ficción ridícula
El
profesor Pachet no era el único en expresarse así. Parece ser que el gran Claude
Bernard lo hizo alguna vez en términos parecidos.
Pero.....¡no asombrarse demasiado!, porque hoy, igual
que en tiempos de Pasteur, es necesaria una voluntad de hierro para vencer esa
resistencia forjada en la opinión de nuestros contemporáneos que algunos
autores llaman “el paradigma”. Así, parece operar en la historia un curioso
mecanismo según el cual una vez vencida la resistencia necesaria para derrumbar
un paradigma, la propia fuerza que venció esa resistencia es la encargada de
crear uno nuevo. Sirva como ejemplo la generación espontánea.
Antes de
Pasteur se admitía que, en los procesos habituales de putrefacción y
fermentación, los microorganismos podían surgir por generación espontánea, pero
él demostró la imposibilidad de la generación espontánea en su matraz de cuello
de cisne. Para ello expuso medios nutritivos en diferentes recipientes al aire.
Los medios se contaminaban con microorganismos, pero no lo hacían si el
recipiente tenía en su embocadura la forma de un cuello de cisne como el de la
imagen.

Este
experimento demostraba que, bajo sus condiciones experimentales, los
microorganismos no se generaban en el interior del medio sino que penetraban a
través de sus entradas, por el aire. Demostró así que en aquellos procesos no
había generación espontánea y que los microorganismos que los causaban
procedían de los propios materiales que intervenían en ellos o del aire.
La vieja manera de ver las cosas hubo de cambiar y, como ocurre a menudo, el
cambio fue obra de la gran voluntad, pero,…… es muy difícil parar una gran
voluntad en un punto exacto........
A partir de
los experimentos de Pasteur, la generación espontánea pasó de ser opinión habitual a ser visto como
algo imposible, no sólo en sus condiciones experimentales, sino en cualquier caso. La gran
voluntad, que había derrumbado un paradigma, había servido para la construcción
de uno nuevo. Y es que la ciencia parece
incapaz de vivir sin paradigmas.
El propio
Pasteur, una vez reconocidos todos sus méritos, parecía sumarse a las filas de los “intransigentes” porque en su lectura en la Sorbona en 1864 dijo:
- Nunca la teoría de la generación
espontánea se recuperará del golpe
mortal dado por este experimento (se refería a su experimento con el
matraz de cuello de cisne)
Ahora bien,
….¿será posible la generación espontánea bajo otras condiciones?. No lo sabemos. ¿Será necesaria otra gran
voluntad en la historia para demostrarnos que sí?. Es posible.
Francois Jacob, Premio Nobel de
Fisiología o Medicina en 1965 dedicó su lección magistral al Instituto Pasteur.
Pasteur era
católico y expresaba limpiamente y sin ambages su creencia en párrafos como
éste:
- Mi
filosofía sale del corazón y no de la inteligencia; por eso digamos me rindo
ante el sentimiento de Eternidad que brota espontáneamente a la cabecera de un
hijo querido a punto de exhalar su último suspiro. En esos momentos supremos,
en lo profundo de nuestra alma, presentimos que el mundo debe ser algo más que
una mera combinación de sucesos debida a un equilibrio mecánico, surgido simplemente
del caos de los elementos por una acción gradual de las fuerzas de la materia.
En las imágenes de abajo, la leyenda en la cripta de Pasteur en el Instituto Pasteur y un detalle de la cripta. Ambas tomadas del fondo de imágenes del Instituto Pasteur.

