
Puede que
haya algo de razón en Schopenahuer,…puede que mucha o, tal vez, no tanta. No lo
sabemos.
En todo
caso, al leer sus escritos, vemos reflejada de nuevo nuestra propia incapacidad
para entenderlos debidamente y, por otra parte, reconocemos la validez de su
intento de anclar el conocimiento de la Naturaleza en los amplios dominios del saber. Puede
que todavía haya algo más, incluso cabe que sus escritos sean la morada de un genio
latente,……. porque según el mismo dice en un párrafo que tiene un eco romántico
y que recuerda a Goethe:
Para
poderse sonreír de anticipado al oír hablar de simpatía secreta o de acción
mágica, es preciso hallar al mundo por completo comprensible, cosa que no cabe
le suceda más que a aquel que lo mira con superficial mirada, sin sospechar
siquiera que estamos sumidos en un mar de enigmas y de incomprensibilidades, y
que no conocemos inmediatamente a fondo las cosas ni a nosotros mismos. La opinión
opuesta a ésta es la que hace precisamente que casi todos los grandes hombres,
independientemente de tiempo y nacionalidad, hayan tenido un cierto tinte de
supersticiosos. Si nuestro modo natural de conocer fuera tal que nos procurase
inmediatamente las cosas en sí y, por tanto, relaciones absolutamente
verdaderas de las cosas y sus respectos, estaríamos autorizados a rechazar a
priori e incondicionalmente, por consiguiente, toda presciencia del futuro,
todas las apariciones de ausentes o de moribundos, o aun de difuntos, y toda
influencia mágica. Mas si, como enseña Kant, lo que conocemos no es más que
meros fenómenos, cuyas formas y leyes no se extienden a las mismas cosas en si,
es evidentemente precipitado rechazar tales fenómenos, puesto que se apoya el
tal rechazo en leyes cuya a-prioridad se limita a los fenómenos, quedando fuera
de ellas las cosas en si, a que tiene que pertenecer también nuestro propio yo
interno. Y son estas precisamente, las
cosas en sí, las que pueden tener con nosotros relaciones de que broten los
citados procesos, sobre que hay que esperar decisión a posteriori, sin
anticiparnos a ella. El que los ingleses
y los franceses se obstinen en rechazar a priori la autenticidad de tales
procesos, depende de que están todavía sometidos en lo esencial a filosofía
lockiana, según la cual no conocemos la cosa en sí más que por impresión
sensible y sacándola de ésta, teniéndose inconsecuencia por incondicionadas las
leyes del mundo material y sin hacer valer otra que el influjo físico. Creen por lo tanto, en una física, pero no
en metafísica alguna, y no estatuyen otra magia más que la llamada “magia
natural”, expresión que encierra la misma contradictio in adiecto que
física sobrenatural a pesar de lo cual empléasela en serio innumerables veces,
y a esta otra expresión una sóla vez y ella en broma por Lichtenberg. El
pueblo, por el contrario, con su siempre pronta fe en influencias
sobrenaturales en general, expresa a su modo aunque sólo sea sentida, la
convicción de que lo que percibimos y comprendemos no son más que fenómenos y
no cosas en sí. Y para que no se me diga que esto es ya demasiado, voy a
transcribir aquí un pasaje del Fundamento de la Metafísica de las
Costumbres de Kant. Dice así:
"Hay una
observación que no exige de sutil meditación, sino que puede hacerla el
entendimiento más vulgar, si bien a su manera, mediante una obscura distinción
del juicio, que llama el sentimiento, y es la tal observación la de que todas
las representaciones que nos ocurren sin nuestra voluntad (como las de los
sentidos) no nos dan a conocer los objetos más que como nos afectan
quedándosenos desconocido lo que puedan ser en sí, y que por lo que a este
género de representaciones hace, ni aun con la mayor atención y claridad que
demos al entendimiento, logramos alcanzar más conocimiento que el de los
fenómenos y jamás el de las cosas en si. Una vez hecha esta distinción, síguese
que hay que aceptar detrás del fenómeno alguna otra cosa que no es ya fenómeno
o sea la cosa en sí."
La lectura atenta
y respetuosa de alguno de los textos de Schopenhauer puede ser útil para quien hoy cree
necesaria la tarea consistente en remover los cimientos de la biología. Algunos
conceptos fundamentales podrían verse desde perspectivas originales que
arrojarían alguna luz en campos muy necesitados de ella. Por ejemplo el concepto de especie, en el que la biología
moderna parece haberse estancado o el de carácter, que decididamente ha tomado por lo que no es.