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martes, 01 de julio de 2008

                     

Charles Hodge, rector del seminario de Teología de Princeton, nos lo explicaba en un librito publicado en 1876 y hoy disponible en la red, del que he traducido algún fragmento:

Es obviamente inútil discutir cualquier teoría hasta que no estemos de acuerdo en qué es esa teoría. La cuestión, por tanto, ¿Qué es el darwinismo? Deberá ser anterior a toda discusión acerca de sus méritos.

El profesor Huxley acierta al decir:

 "La cuestión de las cuestiones para la humanidad-el problema que subyace a todos los demás, y que es más interesante que cualquier otro-es la aclaración del lugar que el hombre ocupa en la Naturaleza y su relación con el universo de las cosas. De dónde procede nuestra raza, cuáles son los límites de nuestro poder sobre la naturaleza, y de la naturaleza sobre nosotros, a qué finalidad tendemos, son los problemas que se vienen presentando cada vez y con un interés íntegro a cada ser humano nacido en el mundo.”

 El darwinismo es, por lo tanto, una teoría del Universo.

Esto no debería sorprendernos en absoluto, sobre todo después de haber leído “Una historia del tiempo de Hawking” viendo la importancia que este autor otorga a Darwin.


                  

 

Y es que, visto desde la óptica actual, puede que Hodge tuviese mucha razón. El darwinismo no es una doctrina estrictamente científica. Algunos de sus seguidores han adoptado posturas de líderes mediáticos (ver, por ejemplo, alguno de los vídeo de Dawkins que proliferan en la Red). No representa un punto de vista dentro de la Biología  ni tampoco una teoría científica. Si la teoría de evolución por selección natural fuese una teoría científica, ya habría sido demostrada experimentalmente o refutada. Pero no: ni lo uno ni lo otro. Lo que vemos es una multitud de textos en los que todavía se nos pretende explicar qué es la selección natural y cuál es su complejidad que la puede llegar a hacer incomprensible para el no-iniciado. Si de una teoría científica se hubiese tratado, no  habrían pasado ciento cincuenta años sin que hubiésemos comprendido ya de que se trata. Ya estaría perfectamente comprendida y admitida o refutada. Las dificultades que encuentran sus defensores para explicarla indican que no se trata de una teoría científica. ¿Qué es pues el darwinismo?.............

No voy a exponer a partir de aquí puntos de vista propios sino, en general, más bien ajenos. En primer lugar el de Hodge. En su libro, pasa revista al teismo, al panteismo, y al epicureismo antes de acabar en un capítulo titulado Herbert Spencer's New Philosophy, en el que aun reconociendo que Darwin ha mostrado un profundo respeto por Spencer (Mr. Darwin calls Spencer our " great philosopher."), demuestra la vacuidad de la teoría de Spencer:

 
Mr. Spencer, therefore, in accounting for the origin of the universe and all its phenomena, physical, vital, and mental, rejects Theism, or the doctrine of a personal God, who is extramundane as well as antemundane, the creator and governor of all things ; he rejects Pantheism, which makes the finite the existence-form of the Infinite; he rejects Atheism, which he understands to be the doctrine of the eternity and self-existence of matter and force.

 

Respecto de la teoría de Darwin dice lo siguiente:


He is simply a naturalist, a careful and laborious observer; skilful in his descriptions, and singularly candid in dealing with the difficulties in the way of his peculiar doctrine. He set before himself a single problem, namely, How are the fauna and flora of our earth to be accounted for?

 To account for the existence of matter and life, Mr. Darwin admits a Creator, This is done explicitly and repeatedly. Nothing, however, is said of the nature of the Creator and of his relation to the world, further than is implied in the meaning of the Word

Que traduzco:

El es simplemente un naturalista, observador cuidadoso y laborioso; experto en sus descripciones y singularmente cándido al tratar con las dificultades en el camino de su peculiar doctrina. El coloca delante de sí un sólo problema, es decir: Cómo podemos explicar la flora y la fauna de la tierra?

Para explicar la existencia de la vida y de la materia, Darwin admite un creador. Lo hace explícita y repetidamente. Nada, de todos modos, dice de la naturaleza del Creador y de su relación con el mundo, más allá de lo que se halla implicado en el significado de la palabra.


                     

Darwin puede ser considerado en la historia como un autor excepcional, cuya principal obra comienza en su primera edición indicando a Dios como autor de las especies y termina dejándolo todo en manos de la Selección Natural. Veremos a este respecto en otra entrada, cuál es la definición de especie que incluye en la primera edición de su obra cumbre, para luego eliminarla en posteriores ediciones. Curiosamente, como veremos en detalle, el borrado de la figura divina en ediciones de “El Origen…..” posteriores a la primera, coincide casualmente con la aparición de la palabra “evolución”. De manera imprevista, Darwin puede así ser visto como un teórico-clave para el paso del teísmo al materialismo, doctrinas ambas que van mucho más allá del alcance de la Historia Natural y la Biología.

 Pero no fue Charles Hodge el único autor en apuntar la posibilidad de que con planteamientos que van algo más allá de la ciencia, Darwin y algunos contemporáneos estuviesen elaborando algo que muy bien puede ser interpretado como una nueva religión. El propio Francis Galton, primo segundo de Darwin y fundador de la Eugenesia, del que hablaremos con más detalle en otra ocasión dijo:

 I take eugenics very seriously, feeling that its principles ought to become one of the dominant motives in a civilised nation, much as if they were one of its religious tenets.

Y Thomas Huxley, en su texto que Joaquín ha seleccionado recientemente en el blog “Majao público”, titulado “Agnosticism” se contradecía, puesto que en el mismo texto en donde indicaba:

Agnosticism, in fact, is not a creed, but a method

 A continuación escribía:

 That I take to be the agnostic faith, which if a man keep whole and undefiled, he shall not be ashamed to look the universe in the face, whatever the future may have in store for him.

                     


Luego, por lo tanto, para Huxley el agnosticismo es una fe que muy bien puede tomar la forma del darwinismo. Mary Midgley, filósofa inglesa contemporánea deja bien claro cuál es el resultado de esta obra de ingeniería que empieza a fraguarse en torno a Darwin. En el comienzo del capítulo 4 (The irresistible escalator) de su libro titulado “Evolution as a Religion" dice:

“Evolution, then, is the creation myth of our age……………..”

La evolución es, entonces, el mito de la creación de nuestra época. Al construir el relato de nuestros orígenes da forma a los puntos de vista acerca de lo que somos. Influencia no sólo el pensamiento, sino también los sentimientos y acciones de manera que va mucho más allá de su función como una teoría biológica. Llamarlo un mito no es decir que sea falso. Significa que tiene un gran poder simbólico, independiente de su verdad o no.

Y al comienzo del capítulo primero (Evolutionary dramas) escribe (y esto lo escribe ella y no yo, que sólo lo he traducido):

La Teoría de evolución no es una pieza inerte de ciencia teórica. Es también, y no puede dejar de serlo, un poderoso relato acerca de los orígenes humanos. Y tal narrativa debe tener fuerza simbólica. Probablemente somos la primera cultura en no hacer de esto su primera función. La mayoría de las historias acerca de los orígenes humanos se han debido generar desde un punto de vista simbólico y poético. Los relatos acerca de cómo nos hicimos y de dónde venimos comprometen a nuestra imaginación, conforman nuestros puntos de vista sobre lo que somos y, por tanto afectan a nuestras vidas. Los científicos a veces cuando se ven capturados en estas redes del simbolismo, se quejan reclamando un cordón sanitario que aísle esto de la ciencia. Pero esto parece ser tanto psicológica como lógicamente imposible.

Pero hay un aspecto de particular interés en el libro de Mary Midgley que merece ser tratado en un capítulo aparte…….


Bibliografía

 Hodge, Ch. What is Darwinism? Scribner, Armstrong and Co. New York.1874.

 Midgley, M. Evolution as a Religión. Routledge classics. 2002.New York.  Existe una edición anterior de Methuen &Co. Ltd. London. 1985.


Las imágenes están tomadas del blog La bitácora de Alchemy

 Postdata:

En la bitácora "Un Universo Invisible" de Juan José Ibáñez he encontrado esta entrada antigua que se relaciona con lo aquí expuesto.

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lunes, 30 de junio de 2008

                        

Sigamos leyendo en la misma obra de Engels que habíamos leido en la entrada anterior (“Del socialismo utópico al socialismo científico”, publicada en Inglaterra en 1875):

Pero al extenderse la producción de mercancías, y, sobre todo, al aparecer el modo capitalista de producción, las leyes de producción de mercancías, que hasta aquí apenas habían dado señales de vida, entran en funciones de una manera franca y potente. Las antiguas asociaciones empiezan a perder fuerza, las antiguas fronteras locales se vienen a tierra, los productores se convierten más y más en productores de mercancías independientes y aislados. La anarquía de la producción social sale a la luz y se agudiza cada vez más……..Hasta que por fin, la gran industria y la implantación del mercado mundial dan carácter universal a la lucha, a la par que le imprimen una inaudita violencia. Lo mismo entre los capitalistas individuales que entre industrias y países enteros, la posesión de las condiciones-naturales o artificialmente creadas-de la producción, decide la lucha por la existencia. El que sucumbe es arrollado sin piedad. Es la lucha darvinista por la existencia individual, transplantada con redoblada furia de la naturaleza a la sociedad. La condiciones naturales de vida de la bestia se convierten en el punto culminante del desarrollo humano.

 
Como vemos, Darwin había visto en la Naturaleza lo mismo que Engels en la sociedad. Los planteamientos de competencia y selección de aquel, convienen a éste en sus propios argumentos. Una coincidencia que el propio Engels destaca cuando en el discurso ante la tumba de Marx (1883), se muestra, una vez más, favorable a Darwin:



Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo en la historia humana.

 Y en “El Origen  de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado” (1884):

 El nuevo descubrimiento de la primitiva gens de derecho paterno de los pueblos civilizados, tiene para la prehistoria la misma importancia que la teoría de la evolución de Darwin para la biología, y que la teoría de la plusvalía, enunciada por Marx, para la Economía política.

 O también en “Ludwing Feuerbach y el fin de la Filosofía clásica Alemana” (1886):

 Cierto es que Feuerbach pudo asistir todavía en vida a los tres descubrimientos decisivos: el de la célula, el de la tranformación de la energía y el de la teoría de la evolución, que lleva el nombre de Darwin.

Y, más adelante:

 Pero hay sobre todo, tres grandes descubrimientos que han dado un impulso gigantesco a nuestros conocimientos acerca de la concatenación de los procesos naturales: el primero es el descubrimiento de la célula,………….El segundo es la transformación de la energía,….Finalmente el tercero es la prueba desarrollada por Darwin de un modo concatenado, de que los productos orgánicos de la naturaleza que hoy existen en torno nuestro incluyendo los hombres, son el resultado de un largo proceso de evolución, que arranca de unos cuantos gérmenes primitivamente unicelulares, los cuales a su vez, proceden del protoplasma o albúmina por vía química.

 
Diríase de todos estos testimonios que Engels efectivamente ha reconocido y que admira la labor de un gran científico, lo cual no deja de ser sorprendente porque en sus escritos apenas menciona argumentos científicos, sino más bien sociales y económicos, es decir, coyunturales, buscando apoyo en los escritos de Darwin para sus propios propósitos. Pero todo se aclara si, para acabar, salimos de estas tinieblas en las que el gran manipulador nos ha metido a lo largo y ancho de páginas de sus escritos y nos vamos a leer detenidamente su correspondencia. Por ejemplo, en una carta a Piotr Lavrovich Lavrov fechada en Londres en Noviembre de 1875 se nos aclara:

 

De la doctrina darwinista yo acepto la teoría de evolución, pero no tomo el método de demostración de Darwin (struggle for life, natural selection) más que como una primera expresión, una expresión temporal e imperfecta, de un hecho que acaba de descubrirse. Antes de Darwin, precisamente los hombres que hoy sólo ven la lucha por la existencia (Vogt, Büchner, Moleschott, etc..), hacían hincapié en la acción coordinada en la naturaleza orgánica; subrayaban como el Reino Vegetal suministraba el oxígeno y los alimentos al Reino Animal y cómo, a la inversa, este último suministraba a aquel el ácido carbónico y los abonos, como lo recababa con especial fuerza Liebig…..Si por consiguiente, un pretendido naturalista se permite resumir toda la riqueza, toda la diversidad de la evolución histórica en una fórmula estrecha y unilateral, en la de la “lucha por la existencia”, fórmula que sólo puede admitirse hasta el dominio de la naturaleza “cum grano salis”, semejante método contiene de por sí ya su propia condena.
De los tres darvinistas convencidos citados, sólo Hellwald, por lo visto, merece que se le mencione. Seidlitz no es más que, en el mejor de los casos, una magnitud pequeña , y Robert Byr es un novelista.

 

O más claro todavía:

 Toda la doctrina darwinista de la lucha por la existencia no es más que la transposición pura y simple de la doctrina de Hobbes sobre el bellum omnium contra omnes, la tesis de los economistas burgueses de la competencia y la teoría maltusiana de la población, del dominio social, al de la naturaleza viva….El carácter pueril de este modo de proceder salta a la vista y no vale la pena perder el tiempo hablando de él. Si quisiera detenerme en eso, yo lo haría de la manera siguiente: mostraría que, en primer lugar, son malos economistas, y sólo en segundo lugar, que son malos naturalistas y malos filósofos.

 La teoría darwinista de evolución por selección natural no es, como dijo Popper, un error del siglo XIX. Los filósofos materialistas del siglo XIX la utilizaron para satisfacer sus fines, utilizando el término "teoría científica" en su sentido más general o destacando los aspectos particulares del darwinismo (competición, selección natural) según iba conveniendo en sus escritos. Por eso, al final, en la correspondencia de Marx y Engels aparece cierto tono de burla como hemos visto en estos y veíamos anteriormente en otros ejemplos. Pero si la teoría darwinista no es la única teoría evolutiva y la teoría de evolución por selección natural no es una teoría científica valida que pueda someterse a experimentación,...... ¿Qué es, entonces, el darwinismo? Esto lo veremos en la siguiente entrada.


Bibliografía

F. Engels. obras Escogidas III. Editorial progreso. Moscú 1976.

 

 

 


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miércoles, 25 de junio de 2008

   

En la Introducción de su obra ”La Dialéctica de la Naturaleza” (1875), Engels escribe:

 Es de notar que casi al mismo tiempo en que Kant atacaba la doctrina de la eternidad del sistema solar, CF Wolff desencadenaba, en 1759, el primer ataque contra la  teoría de la constancia de las especies y proclamaba la teoría de la evolución. Pero lo que en él era sólo una anticipación brillante tomó una forma concreta en manos de Oken, Lamarck y Baer y fue victoriosamente implantado en la ciencia por Darwin en 1859, exactamente cien años después.

¿Que podemos extraer de la lectura entre líneas de este párrafo?. Al menos las siguientes conclusiones (3):

1.  Que la formación científica de Engels dejaba mucho que desear. Ninguna teoría digna de tal nombre existió en la ciencia que pueda con propiedad ser llamada "de la constancia de las especies", así como, tampoco hay una teoría única, en términos estrictamente científicos que pueda llamarse "la teoría de la evolución". El conjunto de conocimientos acerca de la evolución puede, efectivamente, denominarse "Teoría de la Evolución", pero como tal conjunto de conocimientos no se ciñe al concepto de teoría en sentido estricto (una explicación de algo que puede ser sometida a experimentación) y, por ser, en este sentido patrimonio común, no puede asociarse exclusivamente con la obra de un solo autor. Es un grave (y todavía frecuente, pero no por ello menos grave) error asociar a Darwin con la teoría de evolución, así a secas. La suya no es "la teoría de evolución". La de Darwin es, no lo olvidemos, la Teoría de Evolución de las Especies por Selección Natural. Nada que pueda someterse a experimentación y,.... por tanto, una tautología.

Pero no una tautología cualquiera, sino una que, como veremos más adelante, resulta muy útil al materialismo.

2.  Que la transformación  de las especies
(evolución) es muy anterior a Darwin y que, al menos cien años antes de la publicación de “El Origen de las Especies” según Engels, en 1759 Wolff ya había hablado de ello.

3. Que en el momento de escribir este texto, le conviene a Engels dejar a Darwin en el lugar del vencedor, en donde le resulta útil para sus propósitos. La visión de la Ciencia como combate y de Darwin como  vencedor implica, como veremos, el utilizarlos a ambos, a la Ciencia y a Darwin, para sus propósitos. Será el propio Engels quien ponga de manifiesto más adelante, la falta de objetividad y de rigor de sus propios planteamientos.

En un artículo titulado “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, publicado en 1876, dice Engels:


Darwin nos ha dado una descripción aproximada de estos antepasados nuestros. Estaban totalmente cubiertos de pelo, tenían barba, orejas puntiagudas, vivían en los árboles y formaban manadas.


Esta información está tomada de esa joya llamada “The Descent of Man and Selection in Relation to Sex”, publicada en Londres en 1871 y que es casi seguro que muchos de los que celebran el centenario de Darwin no habrán leído con mucho detenimiento.

Pero sigamos buscando entre los papeles de Engels. En una obra curiosamente titulada “Del socialismo utópico al socialismo científico”, publicado en Inglaterra en 1875, leemos:


La naturaleza es la piedra de toque de la dialéctica, y las modernas ciencias naturales nos brindan para esta prueba un acervo de datos extraordinariamente copiosos y enriquecidos con cada día que pasa, demostrando con ello que la naturaleza se mueve, en última instancia por los cauces dialécticos y no por los carriles metafísicos, que no se mueve en la eterna monotonía de un ciclo constantemente repetido, sino que recorre una verdadera historia. Aquí hay que citar en primer término a Darwin, quien, con su prueba de que toda la naturaleza orgánica existente, plantas y animales, y entre ellos, como es lógico, el hombre, es producto de un proceso de desarrollo que dura millones de años, ha asestado a la concepción metafísica de la naturaleza el más rudo golpe.


Un fragmento que demuestra cómo Engels disfruta con la lectura de Darwin, pero no por su elevada calidad científica sino por su contribución al apoyo de sus principios materialistas.

Y aquí empieza a surgir la duda principal: ¿Es cierto, cómo dice Engels, que Darwin ha probado que el hombre sea el producto de un proceso de desarrollo o más bien al contrario, es decir, que el triunfo de Darwin consiste precisamente en haber dicho lo que Engels quería oir?. De momento nos quedamos con una duda que será resuelta más adelante........



Bibliografía

Engels, F. Obras Escogidas III. Editorial progreso. Moscú 1976.







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lunes, 23 de junio de 2008

                  

En algunas de las imágenes que nos han llegado tanto de Marx como de Engels y de Darwin los tres presentan un aspecto parecido, en el que predomina una gran barba patriarcal que para algún comentarista insolente ha servido ya como recuerdo de aquellas barbas blancas que los profetas e incluso la divinidad misma ostentaban en algunas de sus imágenes más clásicas. Y es que, seguramente para cumplir su función de mitos en la Tierra,  nuestros nuevos profetas del materialismo tendrían que ocupar los tronos antaño ocupados por los mitos anteriores y; para ello, nada mejor que unas buenas barbas como garantes del patriarcal gesto siempre necesario en dichos tronos.

Este blog se adelantará a los eventos conmemorativos del segundo centenario del nacimiento de Darwin analizando en una serie de entradas algunos detalles de su curiosa relación con el filósofo materialista Friedrich Engels, soporte de Karl Marx y teórico del materialismo dialéctico y del marxismo.

Para resumir aquí en breve en qué consiste dicha relación indicaré simplemente que, Engels, en sus escritos dirigidos al gran público en los que expone su planteamiento materialista,  se sirve de los escritos de Darwin utilizándolo cuando y como le conviene; sin embargo, después de haber hecho esto, en algunos escritos de difusión más reducida, como por ejemplo en alguna de sus cartas, el mismo autor confiesa no tomar en serio la obra de Darwin. Engels, que no era tonto, utilizó a Darwin de manera ejemplar en un materialista. Tomando de él lo que le convino para terminar denostándolo cuándo ya está satisfecho con lo que se ha servido.


Todos tenemos mucho que aprender de los mitos. Si lo que podríamos aprender de los antiguos es un infinito cada vez más insondable al que hemos decidido dar la espalda; por el contrario, el aprendizaje a partir de estos mitos modernos es sencillo, neto e inmediato. El trato que dio Engels a Darwin consiste en servirse de sus escritos a su antojo para terminar tirándolos al cubo de la basura cuando ya habían dado de sí todo lo que podían. La relación entre ambos personajes resulta así en un puro enredarse de sus barbas, la manifestación más ejemplar y directa que podríamos esperar de sus teorías: La selección natural y el materialismo dialéctico. Tanto creyeron en ellas, que a ellas se entregaron y de ellas fueron ejemplo. Todo en estado puro. Puro materialismo. Pura selección natural; es decir,  Sir Charles tomando de su propia medicina. Pero mejor será que lo veamos……


La composición representa imágenes de distintos profetas antiguos: Isaias (I), Jeremías (J), Ezequiel (Ez), y modernos: Marx (M), Engels (E), Darwin (D).



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jueves, 19 de junio de 2008




El año que viene (2009) se conmemorará el segundo centenario del nacimiento de un fenómeno histórico: Charles Darwin y, si excesiva ha sido la importancia que se ha dado a sus escritos durante más de cien años, excesivas serán también las conmemoraciones del segundo centenario de su nacimiento que ya se empiezan a preparar por todo el Mundo.


3. Actividades preparatorias de la conmemoración en 2009 del Año Internacional de la Astronomía, el bicentenario del nacimiento de Darwin y el 150 aniversario de la publicación de la teoría de la evolución o cualquier otra conmemoración científica que tenga lugar en el año 2009. Se admitirán exclusivamente aquellas acciones y gastos que tengan lugar antes del 31 de diciembre de 2008.

 
En resumen y yendo al grano, que La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología convoca ayudas para conmemorar el Centenario de Darwin y el 150 aniversario de la publicación de su tautología.

Dicha convocatoria la ha escrito alguien que utiliza las palabras, así, como de bote y voleo, según le vienen dadas; y, a veces las palabras nos llegan atropelladamente, dentro de un torrente de incomprensión. Quienes tienen cargos de responsabilidad en la redacción de textos publicados en medios oficiales deberían estar atentos al correcto uso de las palabras y dedicar más tiempo a la reflexión. En este caso que nos ocupa, el redactor de la convocatoria no se ha parado a reflexionar sobre algunas de la palabras que utiliza. Actuando más como aguerrido pelotari que como redactor se ha dedicado a devolver la pelota tal y como le venía sin darse cuenta de que la pelota iba en esta ocasión, fuera. Nuestro redactor utiliza torpemente algunas palabras importantes siguiendo una costumbre que viene siendo, por desgracia, habitual en estos tiempos, pero que todavía nos causa un profundo malestar a algunos, sobre todo si quien así obra es responsable de altas instituciones de la Ciencia y la Cultura. Quien ha escrito la convocatoria no se ha dado cuenta todavía de la trampa que encierra la palabra teoría, una trampa que salta inmediatamente cuando la palabra teoría se une a evolución, porque no hay error mayor que pensar que exista una teoría evolutiva que por sí sola pueda explicar la evolución o ,......quizás sí: el error de pensar que esa es precisamente la teoría de Darwin. Acerca de la evolución existen múltiples teorías, pero ninguna de Darwin puesto que la teoría de evolución por Selección Natural es una tautología.

 Ante este dificil planteamiento, poseer  cierto grado de torpeza o de "espesura mental" parece ser el primer requisito para acudir a dicha convocatoria. De nuevo en este caso, como ya viene siendo habitual en este tipo de convocatorias, ocurrirá que quien haya analizado limpiamente el texto se habrá dado cuenta de que su propio análisis le sirve para no acudir a la convocatoria. Además aquí se pondrá de manifiesto que los favorecidos con las ayudas convocadas, no sólamente comparten cierta falta de reflexión con el redactor de la noticia, sino que a mayor falta de reflexión compartida, mayor será la posibilidad de beneficio. Dos son, pues, mis principales motivos para no acudir a la convocatoria: la convicción personal de que no hay nada que celebrar en el segundo centenario de Darwin y el disgusto por su redacción.

 Como consecuencia, el año que viene celebraré el segundo centenario del naturalista español Mariano de la Paz Graells, nacido un par de semanas antes que Darwin y que tras una vida fructífera y llena de trabajos en zoología, botánica y una importante labor en la administración (fue director del Real Jardín Botánico, del Museo de Ciencias Naturales y senador; referente en España de la Expedición al Pacífico), pasó limpiamente a la posteridad sin necesidad de escribir teorías revolucionarias partiendo de verdades de Perogrullo que, con el paso de los años servirían para el intento de convertir a la Naturaleza en negocio.

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miércoles, 18 de junio de 2008

                  

A lo largo del siglo XIX, numerosos científicos rusos defendieron puntos de vista favorables a la evolución de las especies. Así, Herzen (1812-1870) en sus “Cartas para el estudio de la Naturaleza”, presenta una teoría de la evolución del mundo. En su obra,  Tchernychevsky (1828-1889), subraya la idea de un origen común para el hombre con los animales. Conocedor de Lamarck, ensalza la parte materialista de su discurso rechazando su idealismo. El estonio Karl Ernst von Baer (1792-1876) describió los óvulos humanos y de otros mamíferos. Sus trabajos en embriología contribuyeron al desarrollo de las ideas evolucionistas. Karl Roulié (1814-1868), profesor en la Universidad de Moscú, presentaba en sus clases la teoría de la evolución diez o quince años antes de la aparición de la obra de Darwin, para lo cual se basaba en pruebas geológicas, paleontológicas, embriológicas y anatómicas. Según su punto de vista, la naturaleza es una unidad en perpetuo cambio, no tiene ni puede tener especies inmutables. La evolución de las especies es lenta, progresiva, permanente y sometida a la influencia del medio exterior. Al estudiar las formas fósiles, Roulié describió que la tierra pudo haber conocido un periodo en el cual la vida estaba ausente, que los primeros protistas aparecieron primero y que las formas vivas actuales son el resultado de la evolución. Para Roulié, los animales terrestres tienen sus antepasados en animales marinos y el hombre tiene un origen animal.

Borzenkov, discipulo de Roulié y profesor, como él, en la Universidad de Moscú, a propósito del Origen de las Especies, de Darwin, escribió:



Este libro no es exactamente lo que nosotros escuchábamos de Karl Roulié, pero es tan próximo, tan parecido a lo que él nos había enseñado, que esta nueva teoría parece recordarnos algo ya conocido.

 

Bibliografía

Irina Karouzina. Biologie. Editions Mir. Moscu. 1970. La imagen, mostrando protozoos, procede de este libro.

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lunes, 16 de junio de 2008



Cuenta la tradición que el Marqués de Villena fue alumno aventajado en la Academia de Nigromancia de la cueva de Salamanca, en donde los alumnos del maligno entraban cada siete años y en grupos de siete, de los cuales uno debería permanecer encerrado. Contrariamente a lo predicho en las amenazas de sus (diabólicos) maestros, el dicho marqués  consiguió escapar de tan siniestra academia, si bien quedó marcado para los restos con una señal peculiar e inconfundible: A partir de ese momento, su figura carecería de sombra.

Por curiosidades de la vida, tan extraña anécdota no es ajena al mundo de la Historia Natural. Una de las obras del naturalista romántico Chamisso nos cuenta una aventura cuyo protagonista, Peter Schlemihl, vendió su sombra al diablo. Curiosamente, tal personaje sin sombra era asimismo un naturalista dedicado a explorar el mundo y clasificar los organismos vivos. Chamisso, que en su relato podría muy bien haberse inspirado en su propia experiencia de botánico o en su conocimiento de algún naturalista anterior (verbigracia Linneo), parece sugerir la existencia de una misteriosa relación entre el estudio y clasificación de la naturaleza y el hecho de perder la sombra. Siendo así, digo yo que también podría darse la relación inversa, es decir entre estudio de la naturaleza y aumento del tamaño de la sombra de uno o de la distancia alcanzada por su proyección.


Algo parecido a los casos del marqués de Villena y de Peter Schlemihl, pero justamente al revés, ocurrió al naturalista y viajero británico Charles Darwin, quien habiendo llevado una vida más bien relajada en su juventud y tras estudiar para clérigo en Cambridge, se embarcó en un largo viaje que lo tendría apartado del mundo y del que podría haber regresado, según opinión de algunos, algo tocado del entendimiento por el mal de Chagas. A diferencia de los autores que analizábamos en algunas entradas anteriores, contemporáneos suyos que habían sido ejemplos fieles de la aplicación del Método Científico como Claude Bernard y Luis Pasteur, Darwin pudo también haberlo sido, pero no lo fue por una elección propia. Al contrario que Bernard y Pasteur que eran capaces de concentrar sus esfuerzos en un problema puntual y bien definido hasta resolverlo o por lo menos dejar abiertas nuevas puertas para su resolución, Darwin, después de muchos años de estudio, decide emprender la vía contraria, es decir partir de la pura especulación, para poner la ciencia al servicio de determinados intereses principalmente materialistas.


Alejándose del planteamiento riguroso de cualquier problema concreto, pretende establecer una teoría general que de un plumazo explique universalmente por qué y cómo las especies han evolucionado, sin (ni siquiera) previamente definir muy bien lo que es una especie. Así, registrando observaciones de la obra de criadores de animales, notas de su viaje a América del Sur; y, sobre todo, inspirándose en la obra de sociólogos y economistas de su tiempo (Malthus, Adam Smith), Darwin viene a proponer que todas las especies de animales y plantas sobre la tierra son el fruto de la selección natural, producto a su vez de la competición por los recursos. La competición, este fabuloso resorte de la economía mundial pasa así a ocupar el trono como causa prima e indiscutible para explicar la variación en la Naturaleza. Una curiosa manera, si bien ciertamente pobre, de contemplarla y, de paso, asimismo de allanar el camino para empobrecerla, que le valió en su tiempo no pocas críticas. Nombrado Sir, a causa de la utilidad de su figura y la indiscutible rentabilidad de su teoría para el bien de intereses determinados, Charles Darwin debe su desproporcionado reconocimiento a una (pseudo)teoría disparatada mediante la cual llega a proponerse a sí mismo como descubridor del origen de todo que resulta residir, ni más ni menos que, en la competición y su otra cara, que recibe atinadamente el nombre de la selección natural. Todo está en donde y como está, como fruto de una hipotética competición con todo lo demás que quiso, pero no pudo y porque así lo ha decidido la todopoderosa selección natural

A cambio del dudoso honor de ser nombrado por todo ello Sir, Darwin pasó por alto todas y cada una de las dificultades que realmente tiene el estudio del origen de las especies, especialmente desde un punto de vista estrictamente científico. A cambio del sacrificio de una aproximación rigurosa, su teoría sentó las bases de un liberalismo egoísta contribuyendo a la expansión desbordada y sin límites del materialismo.


Mediante este procedimiento de trueque, rigor científico a cambio de sostén ideológico y moral para el materialismo, Darwin consiguió una enorme proyección horizontal de su figura en la forma de fama y prestigio como científico. Su enorme sombra, paradójica por contrastar con la contribución real de su personaje, aún se proyecta sobre la ciencia e impide ver a la Madre Naturaleza con el debido respeto. Enorme sombra, obra de expertos ingenieros en sombras. No diabólicos como en el caso de la desaparición de la sombra del marqués de Villena o del naturalista Schlemil, sino como iremos viendo, en este caso de filósofos y sociólogos voceros del materialismo, en contra de la sólida opinión de reputados científicos de la época. Ahora, cuando ya han transcurrido muchos años  necesitaríamos que un cirujano de sombras operase debidamente restituyendo a cada uno de los personajes mencionados el adecuado tamaño de la suya.

Recuperaríamos así las sombras perdidas por obra de ingenieria diabólica del Marqués de Villena y Peter Schlemihl y veríamos reducirse el tamaño de la enorme sombra de Carlitos Darwin, obra de ingeniería de teóricos materialistas del pasado insostenible ya en el presente.




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miércoles, 11 de junio de 2008

   

La imagen presenta la portada del libro de Alfred Sturtevant titulado “A History of Genetics” que fue publicado por primera vez en 1965 por Harper & Row y en una edición más reciente (la que yo tengo) por Cold Spring Harbor Laboratory Press en 2001. Su primer capítulo, titulado Before Mendel, ocupa un poco más de siete páginas (pp 1-8). En el se mencionan algunos investigadores que realizaron cruzamientos con el fin de ver cómo se heredan los caracteres como Kölreuter, Gärtner, Herbert o Lecoq. Asimismo se cita también la obra de Darwin titulada “The variation in animals and plants under domestication”, si bien como Sturtevant reconoce:

 Darwin was looking for generalizations, and extracting them from masses of observations was his special hability. But, in the case of heredity, the method yielded very little.

 Y más adelante:

 On the origin of variability, Darwin had little to say that sounds modern.

He compuesto una tabla que contiene los autores citados en dicho capítulo y el número de veces que se cita a cada uno:



Aristoteles

9

Hipocrates

4

Darwin

17

Zirkle

1

Nehemiah Grew

1

Camerarius

1

Linnaeus

1

Cotton Mather

1

Kölreuter

12

Mendel

13

Gärtner

7

Roberts

2

Weismann

1

De Vries