Enviado el lunes, 19 de marzo de 2007 9:57
Después de estar quince días fuera de España con un proyecto de investigación, una de las primeras cosas que tuve oportunidad de oír de camino a casa desde el aeropuerto fue un anuncio de la Comunidad de Madrid sobre conservación, que hacía especial referencia a los espacios protegidos.
La verdad es que no quiero entrar a discutir sobre la conveniencia y el valor en términos de conservación de este tipo de medidas, pero sí que parece un buen punto de partida para discutir uno de los caballos de batalla de los biólogos de conservación en cualquier lugar del planeta: la adecuación y la eficacia de las redes de espacios protegidos. En este sentido, el grupo del Dr. Iriondo ha concluido un proyecto competitivo financiado por la Consejería de Educación y Ciencia de nuestra comunidad para evaluar la eficacia de la Red de Espacios de la Comunidad de Madrid, incluyendo los lugares de interés comunitario para la red Natura 2000 de la Unión Europea, a la hora de dar cobertura a las especies vegetales con problemas de conservación y que aparecen incluidos en la propia normativa de conservación de la comunidad. El resultado es francamente desalentador, una buena parte de las especies no aparece incluida en ningún espacio y otra fracción importante sólo aparece allí de forma marginal. En definitiva, la red no da cobertura a casi la mitad de las especies. Si a ello sumamos el hecho de que los listados de especies incluidos en la normativa actual son francamente deficitarios -de hecho la Consejería de Medio Ambiente está preparando unos nuevos listados más completos-, la conclusión preliminar es, si cabe, más desalentadora.
Desgraciadamente la red de espacios actuales y futuros se centra en la sierra y prácticamente no da cobertura a algunas de las zonas más valiosas desde el punto de vista biológico de la Comunidad como es el sur y, especialmente, las comarcas alcarreñas del oriente. A modo de ejemplo podemos señalar plantas extremadamente raras en nuestra comunidad y que crecen de forma muy puntual allí; por ejemplo Helianthemum conquense, Brassica gypsicola, Arenaria cavanillesiana o Gypsophila bermejoi.
En fin, lo de los anuncios no sé si está bien, pero lo realmente acuciante es resolver esa red de espacios para dar protección a toda nuestra flora y fauna singular y amenazada, máxime cuando, como ya hemos comentado, el mayor problema de conservación al que nos enfrentamos en Madrid es la destrucción directa de los hábitats sobre todo de la mano de un urbanismo devorador; problema especialmente grave en todos estos paisajes de “escaso” valor paisajístico como los que nos ocupan.
Establezcamos nuevos espacios utilizando la panoplia de figuras disponibles en este momento, sobre todo en aquellas zonas valiosas desde el punto de vista biológico y que nunca han sido considerados por el gran público desde este punto de vista.
Adrián Escudero