LoginRSS 2.0 Feed

martes, 12 de diciembre de 2006

La declaración universal de los derechos humanos consagra la igualdad como uno de los pilares básicos sobre los que se cimientan (o deberían) nuestras sociedades. Sin embargo, parece que eso no está tan claro en el caso de la diversidad biológica.

Todo viene a colación por un artículo reciente publicado en Science con varias réplicas en semanas posteriores, sobre la extinción o no de un pájaro carpintero de los bosques pantanosos del sudeste de Estados Unidos. El tema ha merecido incluso un artículo muy detallado en la revista National Geographic. De forma muy sintética se trata del redescubrimiento, o no, de dicho pájaro carpintero. Es una especie que se daba por extinguida desde 1940. Eminentes investigadores del grupo de ornitología de la Universidad de Cornell evaluaron de forma sistemática todas las referencias que se habían acumulado a lo largo de estas décadas de avistamientos de la especie y desarrollaron de forma paralela trabajos detallados gracias a una importante financiación, concluyendo que al menos siete de ellos deberían ser consideradas como probables y en consecuencia la especie debería ser considerada como no extinguida. Los investigadores llegaron incluso a ser recibidos por el secretario de Interior que es el responsable de estos temas en el país (la verdad es que esto lo incluyo sólo para establecer un paralelismo mordaz con lo que vivimos no hace mucho en Madrid en relación con el “redescubrimiento” del lince ibérico). Sin embargo la cosa no acabó allí, sino que derivó en un animado e incluso agrio debate sobre la cuestión.  Muchos autores consideran que las pruebas documentales aportadas no son concluyentes y que en muchos casos los avistamientos podrían ser determinaciones inexactas dado el parecido con alguna especie próxima. Bueno, el debate es divertido y la verdad es que uno puede apuntarse al bando de los creyentes o de los agnósticos en función de sus preferencias.

 

Traigo esto a colación en relación con un trabajo relativamente parecido que llevamos a cabo desde nuestro grupo. Clypeola eriocarpa es una pequeña crucífera anual de ambientes semiáridos exclusiva de la Península Ibérica. En una evaluación preliminar de su estado de conservación fue catalogada como una especie vulnerable en función de los relativamente abundantes testimonios que aparecían recogidos en diferentes herbarios nacionales. Sin embargo, un estudio detallado de toda esta documentación pintaba una situación extraordinariamente diferente. Prácticamente la totalidad de los testimonios habían sido recogidos en el siglo XIX y sólo dos de ellos correspondían al siglo XX, uno de 1925 y el último de 1971. Si tenemos en cuenta que el esfuerzo de recolección de material silvestre es muchísimo mayor a lo largo del siglo XX la conclusión es demoledora: la planta debía ser relativamente abundante en las zonas más áridas de la cuenca del Tajo, así como en las andaluzas de Guadix-Baza, pero desgraciadamente un fuerte declive determinó su extinción antes de final del siglo pasado. La prospección sistemática de las localidades donde se había citado terminó de confirmar nuestra sospecha: la planta se había extinguido. Las conclusiones, con toda la tristeza de lo que eso implicaba, máxime si tenemos en cuenta que ni tan siquiera una pequeña muestra de germoplasma había quedado recogida en alguna institución de conservación ex situ, fueron publicadas en Anales del Jardín Botánico de Madrid (Giménez-Benavides et al. 2000). En fin, la extinción de una especie de planta tan discreta no importa a prácticamente nadie.

 

Un par de años después tuvimos la suerte de “redescubrir” la especie. Evidentemente no se había abandonado el empeño de localizar la especie y recorríamos de forma sistemática (especialmente Luis Giménez Benavides) localidades con condiciones similares a las que se habían descrito para la especie. Relativamente cerca de donde existía el último testimonio de herbario, en la Hoya de Guadix, finalmente se detectaron dos pequeñas poblaciones. Obviamente, aparte de la alegría de todos nosotros, la cosa no dio para que nos recibiera la ministra ni para que saliéramos en los títulos de National Geographic ni Science, ni tan siquiera para un pequeño hueco en el telediario de La 2 que es el que tiene un poco más de sensibilidad con estos temas.

 

Habrá quien diga que los servicios de comunicación de la universidad de Cornell son mejores que los nuestros, o que los lobbies científicos controlan “lo que es relevante”, o sencillamente que nos hubiera gustado publicarlo en Science y nos morimos de envidia, pero me temo que la respuesta tiene que ver sólo con lo que planteábamos en el título: las especies no son todas iguales. Parece que la originalidad genética de Clypeola no da para tanto como la del pájaro carpintero de marras y eso que ellos lo confunden con una especie próxima lo cual en nuestro caso no pasaba ni de casualidad… Si eso tiene sentido o no será cuestión de otro rato.

 

Adrián Escudero URJC

11:40 | gestionado por Adrián Escudero Alcántara | Enviar comentario (9)