El pasado 25 de octubre tuvimos la oportunidad de oír a los responsables de Obras Públicas y de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid: el desdoblamiento de la M-501 es inevitable e imprescindible. A partir de febrero de 2006 comenzarán las obras. Lo de estos meses de retraso no sé si es por cuestiones inherentes al proyecto o, sencillamente -a mi me parece que sí-, un a modo de periodo de gracia para que tengamos oportunidad de despedirnos. Evidentemente intentaré disfrutar al máximo estos días de otoño e invierno porque a partir de febrero la transformación será tan brutal que dejaremos de reconocer aquel hermoso rincón de Madrid.
La verdad es que he resultado un poco "noqueado" por la noticia, porque los argumentos expuestos sólo pueden ser considerados inexactos y sorprendentes. Según nuestros responsables se trata de un tributo al progreso. Insólito, pero así de sencillo. ¿Es posible que ya entrado el siglo XXI sigamos con éstas? La seguridad vial es el primer motivo. Además, ¿cómo negar el progreso a todo aquel territorio? A lo primero sólo podemos decir que no parece razonable matar moscas a cañonazos. Una rápida inspección de los datos del DGTe incluso los de la propia comunidad no parece sostener este argumento pero, aunque fuese cierto, son numerosas las alternativas que no tendrían semejante coste ambiental. Lo segundo es sencillamente falso. El recurso más valioso de aquella comarca es su patrimonio natural y esta infraestructura es incompatible con su conservación. No lo decimos nosotros. Lo dice el informe elaborado por el CSIC y en el que participó un amplio grupo de investigadores dirigido por Fernando Valladares del Instituto de Ciencias Medioambientales. La lista de especies con graves problemas de conservación es extensa y recoge algunas de las especies más amenazadas de Europa: águila imperial, cigüeña negra, topillo de cabrera o, incluso, el lince ibérico. Sí, existen señales inequívocas de presencia de lince en la zona, tal como nos indica Emilio Virgós, especialista en carnívoros de la Universidad Rey Juan Carlos. El segundo motivo, el del desarrollo, es irreal. Sólo el desarrollo urbanístico, en una zona que ya ha sufrido en demasía este problema, es la alternativa ofertada. Riqueza, sí, pero ¿para quién? Desde luego para la zona sólo un beneficio a corto plazo por la ejecución de obras y un pequeño aumento de ingresos de los ayuntamientos vía financiación municipal. Dinero en el corto plazo pero destrucción de hábitats para el futuro. Si sólo una pequeña fracción de esos 75 millones de euros se invirtiese en desarrollo de tejido productivo y en mejora de seguridad vial, resolveríamos los problemas motores del proyecto sin necesidad de destruir el patrimonio biológico y cultural de la comarca. Con toda probabilidad, los beneficiarios directos de recalificaciones y desarrollos urbanísticos ni siquiera son residentes, pero eso tampoco debe ser importante.
Lo más triste es que sea la Comunidad de Madrid la que lidera este proyecto. No entiendo nada. Es la administración responsable de velar por los recursos naturales de Madrid y sin embargo no parece que sea sensible. Probablemente lo más triste es oír a los responsables de Medio Ambiente que con medidas correctoras el impacto será mínimo. La verdad es que uno desearía que nuestros responsables políticos fuesen ante todo técnicos responsables, pero parece que eso es una ilusión infantil. Después de todos los informes independientes redactados ¿cómo es posible decir nada semejante?
En fin, ahí van unas fotos tomadas en las inmediaciones de Pelayos de la Presa que nos han enviado desde allí. Árboles condenados. 
Bueno, disfrutad del poco tiempo que queda porque esto se acaba.
Sólo queda la esperanza de que desde Europa atiendan los ruegos y denuncias enviadas y que esto se pare. Esperemos que antes de febrero.