Hace un par de semana apareció una serie de noticias que me hicieron reflexionar: “Aumenta el uso de la reproducción asistida”, “Científicos estudian trasladar especies a nuevos hábitats para salvarlas del cambio climático”, “La clonación para multiplicar animales desaparecidos es el último recurso”.
Al leerlas pensé que algo en esta sociedad no andaba bien, al menos desde mi forma de entender las cosas. Si nos paramos un momento en estos tres casos ¿os dais cuenta para lo que estamos utilizando la ciencia?: Os lo diré yo, para intentar recomponer lo que por otro lado estamos desbaratando…

La reproducción asistida está ayudando a millones de parejas con problemas de fertilidad, ¡perfecto! Hay que reconocer que muchas familias -de dos que quieren ser tres o más y no pueden, bien porque él no tiene suficientes espermatozoides o los tiene vagos o bien porque ella tiene problemas con su ovulación (entre otras causas)- se están beneficiando de estas técnicas y están pudiendo disfrutar de descendencia, algo maravilloso, por cierto. Pero ¿nos hemos parado a reflexionar por qué cada vez son más las parejas que tienen que recurrir a estas técnicas? ¿Por qué cada vez hay más varones con baja calidad seminal y más mujeres con problemas de ovulación, de implantación del óvulo, etc…?
Por un lado, esta sociedad vertiginosa en la que vivimos nos obliga a una serie de comportamientos que no son precisamente los más adecuados a la hora de concebir. Nuestra alimentación cada vez es peor, tenemos tanto que trabajar que no tenemos tiempo de dedicarnos al arte culinario ni, en muchas ocasiones, de sentarnos como es debido delante de un suculento plato y disfrutarlo. Entre otras causas, un estudio publicado en Fertility and Sterility por dos centros de infertilidad de Alicante y de Murcia, demuestra que una baja ingesta de antioxidantes (presentes en frutas y verduras) se asocia con una baja capacidad reproductora del semen. Además, desde hace varios años se está haciendo hincapié en la importancia de las posibles exposiciones a tóxicos y contaminantes (plaguicidas, xenoestrógenos, etc.) durante el embarazo en el útero materno, lo cual podría comprometer también la capacidad reproductiva de los futuros bebés en la edad adulta. En cuanto a la infertilidad femenina, ni que decir tiene que la edad es un factor clave. En la sociedad en que vivimos, estar embarazada o tener intenciones de estarlo no favorece en absoluto la vida laboral. Por tanto, cada vez se retrasa más y más el momento de procrear. Tanto, que en muchas ocasiones resulta ya tan difícil que hay que recurrir a ayuda externas, es decir a la reproducción asistida.
Pasemos a analizar las otras dos noticias. Una trata sobre conservación de especies y la otra sobre recuperación. Así dicho y a primera vista suena estupendamente. Ambas se podrían interpretar como un esfuerzo para poner los medios necesarios para que ciertas especies puedan seguir viviendo tranquilas en su medio o bien que se va a tratar de aumentar el número de individuos de una especie determinada, respectivamente. Pero si profundizamos en ellas, nos damos cuenta de que no es exactamente así.
En el primer caso se habla de “migración asistida” o lo que es lo mismo “el movimiento provocado de especies a nuevos hábitats más acogedores pero desconocidos para ellas”. Según publica la revista Proceedings, un grupo de investigadores promovido por la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos comienza a plantearse si el ser humano debe “reordenar” el puzzle natural y cambiar a animales y plantas de ecosistema “porque se está volviendo abrumadoramente evidente que el cambio climático es una realidad, y es muy rápido”. Vamos, igualito que Noé con su arca.
En el segundo caso se relata cómo un equipo internacional de científicos está intentando clonar al bucardo (Capra pirenaica pirenaica) para evitar su total desaparición puesto que en 2000 murió el último ejemplar. Hasta ahora los intentos han sido fallidos pero éstos investigadores animan a que se almacenen apropiadamente células y tejidos de todas las especies amenazadas, ya que pueden ser utilizadas en futuros programas de recuperación basados en técnicas relacionadas con la clonación.
Yo estoy de acuerdo en utilizar los medios que tenemos a nuestro alcance para recupera especies y evitar que desaparezcan para siempre. Pero ¿no sería más fácil que no hubiese que tener que recuperarlas? ¿No sería más fácil cambiar un poquito nosotros, nuestra sociedad, contaminar menos, vivir más relajados…? Evidentemente, la respuesta debe de ser “no” y esto me hace llegar a la conclusión de que algo, en nosotros, en nuestra sociedad, no anda bien…
Marta Ramos
UCCUAM