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lunes, 20 de julio de 2009

Ha pasado mucho tiempo desde la época de Estrabón, el geógrafo grecorromano de quién se dice que aseguraba que una ardilla podía cruzar toda la Península Ibérica saltando de rama en rama, desde Gibraltar hasta los Pirineos. Hoy, 2000 años después, nuestro paisaje ha cambiado mucho, demasiado. Ahora casi tendríamos que decir que para hacer este recorrido, nuestra ardilla tendría que saltar de centro comercial en centro comercial. La desertización es un tema muy serio y a nosotros nos afecta en particular por la posición geográfica de España. Estamos ante las mismas puertas del desierto. Si no tenemos un poco de cuidado con el impacto ambiental de nuestras actividades, y la forma en la que las desarrollamos, poco a poco perderemos la cubierta vegetal que aún conservamos, y con ello, habremos perdido todo...


En mayor o menor medida, el problema de la deforestación afecta a todos los países. Sin árboles no hay naturaleza, no hay riqueza, no hay cultura, no hay vida, no hay nada. Así lo entendió la keniata Wangari Maathai, que recordando su infancia decía: Cuando era niña me impresionaba una enorme higuera que había cerca de nuestra casa. Mi madre me había dicho que no se podía cortar. No lejos de ese árbol estaba el nacimiento de un arroyo, al que yo iba a buscar agua para mi casa. Cuando la higuera fue talada, el arroyo se secó. Mis hijos nunca verán la enorme higuera. Nunca verán el arroyo. Cuando visito este pequeño valle de mi infancia, siento que la tragedia se abate sobre la tierra que pisan mis pies. Contemplo barrancos que me hablan de erosión del suelo. En las caras de los aldeanos se refleja el hambre. Viendo los problemas de su país, Wangari ha dedicado su vida a plantar árboles y a la regeneración de los antiguos bosques de Kenia, organizó grupos de mujeres de zonas rurales para plantaran árboles. Gracias a su tesón, logró no solo mejorar las condiciones de vida de estas mujeres, sino que al desafiar al dictador Daniel Arap Moi, hizo resquebrajar su poder y facilitó la apertura democrática de su país. En la actualidad es viceministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje de su país, como miembro del gobierno ha conseguido convencer a estamentos tan conservadores como el ejército. Los propios oficiales han captado el mensaje, con orgullo dicen que su función es proteger al país, a su tierra y se sienten hermanados con los árboles pues ellos también protegen la tierra de la erosión, por este motivo los militares se han sumado a la iniciativa y han empezaron a plantar árboles.

 

El ejemplo de Wangari Maathai se difundió por varios países africanos a través del Movimiento Cinturón Verde. En 2005, un año después de la concesión del Premio Nobel de la Paz a esta infatigable luchadora, se celebró una cumbre de la Comunidad de Estados del Sahara y del Sahel, en la cual se anunció la creación de la Gran Muralla Verde, un cinturón arbóreo de 7.000 kilómetros de longitud y 15 de ancho entre el Océano Atlántico y el Mar Rojo, entre Senegal y Yibuti, un cinturón capaz de detener el avance del desierto que actualmente absorbe 1,5 millones de hectáreas cada año.

 

Ante la incredulidad o la pasividad de los llamados países desarrollados, Senegal desde agosto de 2008 ha empezado con gran entusiasmo este titánico proyecto que además planea construir embalses en los que se cederían agua para fines agrícolas e incluso desarrollar criaderos de peces para completar las necesidades alimenticias de la población. Gracias a los esfuerzos del presidente senegalés se ha creado la Agencia Panafricana de la Gran Muralla Verde para coordinar los trabajos de este gran proyecto que atravesará una decena de países.

 

Mientras en estas naciones, sin apenas recursos, se refuerza el límite sur del desierto ¿qué hacemos en la opulenta frontera norte? Pues avergüenza admitir lo poco que se hace. España es el país de la Unión Europea que presenta un mayor riesgo de desertización y sin embargo solemos mirar a otro lado cuando destruimos con mucha facilidad bosques y espacios naturales a favor del llamado “progreso”. Ahora que la crisis ha hecho disminuir la presión del ladrillo, es un buen momento para lanzar un plan estatal, en colaboración con las comunidades autónomas, para reforestar nuestra tierra. Esto conllevaría la creación de empleo en zonas deprimidas, evitaría el abandono de los entornos rurales y generaría riqueza. Frente a la erosión, los árboles retienen la tierra, minimizan el riesgo de riadas, rellenan los acuíferos, mantienen humedad, favorecen la biodiversidad con lo que se evita la aparición de plagas, absorben el CO2, ese gas causante del efecto invernadero y, en definitiva, disminuyen los efectos del cambio climático. Ante la poca motivación de los poderes públicos, ha sido una fundación, la Fundación Más Árboles la que ha cogido la iniciativa. Se ha propuesto sembrar 100 millones de árboles en cuatro años en toda España como barrera contra el desierto; para ello intentan implicar a ayuntamientos y comunidades para que se sumen al plan. Han logrado acuerdos con empresas privadas, como aquella red de supermercados que destinan a plantar árboles el ahorro de las bolsas de plástico que voluntariamente sus clientes rehúsan a utilizar o ese otro banco que ofrece la posibilidad a sus clientes de recibir los informes por correo electrónico; así el dinero ahorrado frente al correo convencional se emplea para plantar árboles. Con estas y otras iniciativas, que además reducen nuestro impacto ambiental, este puñado de personas, céntimo a céntimo, sin contar con el apoyo estatal, poco a poco va creando nuevos bosques.

 

Cuando plantamos árboles,

plantamos semillas para la paz y la esperanza.

Wangari Maathai

 

Ante la gravedad de la  situación, desde 1994 la ONU fijó el 17 de junio como Día Mundial de Lucha Contra la Desertización para sensibilizar a la opinión pública. En época de crisis climática y crisis económica, es una pena que los estados europeos que casi rozamos el norte del Sahara no estemos tan sensibilizados con este problema y no actuemos con la misma determinación de los estados africanos del sur. Y aún, orgullosos de nosotros, pretendemos que nos tomen como ejemplo. ¡Ay, si la ardilla de Estrabón levantara la cabeza!

Miguel Herrero Uceda

Autor del libro “El alma de los árboles” (Elam Editores)

y colaborador de la Fundación Más Árboles

NOTA DEL COORDINADOR: Aunque el presente "post" podría no ser considerado como un tema típicamente de Bio(Ciencia+Tecnología), creo que la anotación de Miguel Herrero es de especial importancia como para abrirle nuestra... ventana. Al fin y al cabo, la ciencia, la tecnología, la Sociedad, con mayúsculas, descansa en la salud de la naturaleza. Debemos cuidarla y sensibilizarnos... JAL

 

13:19 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (3)