¿Para qué sirve la investigación? Casi todos nosotros pensamos que para mejorar nuestra (en general, la de todos los humanos) calidad de vida. Para ello es necesario que podamos aplicarla en nuestro beneficio, indudablemente, y esta aplicación a menudo tiene un coste que hemos de pagar -en adición al coste de la investigación misma…
Hasta aquí todos estamos de acuerdo, sin embargo existe una amplia división llegados a este punto entre quienes ponen el énfasis en que el conocimiento debe estar al servicio de la humanidad y quienes lo ponen en que el conocimiento es poder. Ambas estrategias (altruismo y ambición) son válidas e importantes para el desarrollo de la ciencia y la sociedad, pero pueden a menudo resultar conflictivas. ¿Cómo podemos ajustar la balanza?
Una noticia reciente en un periódico de Sydney nos muestra la importancia de esta polémica: "The Sydney Morning Herald" publicó el pasado 29 de noviembre la siguiente noticia:
"Se niega el tratamiento a niños enfermos en una discusión sobre DNA".
NIÑOS con una forma severa de epilepsia corren el riesgo de ver su diagnóstico retrasado y su tratamiento comprometido a causa de la patente de una compañía sobre un gen clave.
Es la primera evidencia de que los derechos de propiedad intelectual privados sobre el DNA humano pueden afectar adversamente los cuidados médicos.
El artículo sigue explicando cómo un departamento de neurología en un hospital pediátrico podría analizar un 50% más de niños si hiciera las pruebas internamente, pero los derechos del gen pertenecen en exclusiva a una compañía privada que ya ha amenazado a hospitales con detener las pruebas para mutaciones de un gen involucrado en el cáncer de mama.
La importancia de la noticia se debe a que el diagnóstico solo puede realizarlo legalmente esta compañía (o quienes autorice) por ser la "propietaria" del gen, a un precio muy elevado (1800$), y a que actualmente el diagnóstico se ve retrasado hasta que es muy tarde para un tratamiento óptimo.
Esta noticia nos conduce a un terreno controvertido: ¿qué es patentable? En principio, el sentido común ha dictado siempre que solamente nuevas metodologías con un sustrato físico para resolver problemas aplicados eran objeto de la protección de patentes. En otras palabras: cuando alguien inventa un método de producción industrial novedoso obtiene un monopolio por un cierto tiempo (la patente) para su explotación. La expresión de ideas no es patentable, estando protegida por el copyright (que dura mucho más tiempo pero no impide expresiones alternativas). Los hechos naturales (como la ley de la gravedad) no son patentables por cuanto se asume que cualquiera con dos ojos (o los medios apropiados) puede observarlos.
El problema surge porque para desarrollar una nueva tecnología industrial (como la bombilla) es normalmente preciso realizar una fuerte inversión en investigación (que es precisamente lo que pretende proteger y compensar el sistema de patentes). De ahí a intentar usar el mismo sistema para proteger todos los resultados de la investigación solo hay un paso. Y es este paso el que ahora nos ocupa.
En la segunda mitad de los noventa muchas compañías iniciaron grandes proyectos estratégicos de investigación en Biología: la idea era intentar recopilar tanta información como fuera posible antes que la competencia para poder producir nuevos productos antes (y con ellos mejorar sus beneficios), en concreto, al pairo del desarrollo de las tecnologías de secuenciación del ADN para el proyecto del genoma humano, estas compañías procedieron a recopilar enormes colecciones de secuencias de genes, en la mayoría de los casos sin siquiera saber de qué genes se trataba... solo que eran genes. La idea es sencilla: son genes, en algún momento sabremos qué hacen y podremos usarlos.
En estas condiciones el coste de estas campañas de secuenciación masiva era muy difícil de justificar ya que no daban beneficios inmediatos (lo darán a medida que se vaya sabiendo qué es cada uno de esos genes coleccionados). De modo que para proteger sus inversiones muchas empresas iniciaron una campaña agresiva en paralelo para conseguir que se les otorgaran patentes sobre esos genes que iban encontrando, argumentando el enorme esfuerzo de investigación que estaban realizando.
El problema en este caso es que esos genes son datos, hechos naturales, y que cualquiera que mire la naturaleza -con la tecnología apropiada- vería más o menos lo mismo y llegaría a las mismas conclusiones. Por ese motivo en la gran mayoría de los casos y países, existe una enorme reticencia a otorgar patentes sobre genes obtenidos de la naturaleza (aunque evidentemente se admita patentar genes sintéticos optimizados para un proceso concreto).
Cuando una de estas patentes aparentemente absurdas (sobre una observación de la Naturaleza) llega a manos de una empresa moderna, ávida por obtener beneficios en un sistema financiero sumamente exigente, el resultado es a menudo como el que vemos en esta noticia.
Un ejemplo similar lo constituye una polémica patente que se registró en los años 90 en los EEUU: una compañía americana patentó un tratamiento que venía usándose en la medicina tradicional hindú desde hacía miles de años (el uso de la cúrcuma, registrado ya en el Ayurveda) y a continuación intentó prohibir su uso terapéutico a quienes no les pagasen royalties.
India aplaude la anulación de una patente USA
Es raro que los defensores de la medicina tradicional hindú hablen bien de la oficina de patentes y marcas de USA, considerada normalmente una herramienta piratesca de corporaciones multinacionales. Pero este mes, líderes de la investigación hindú convocaron una conferencia de prensa para alabar la oficina de patentes por su "transparencia y equidad". La razón: la oficina ha eliminado una patente otorgada hace 2 años sobre los usos médicos de la cúrcuma -una especia amarilla usada en el curry- después de que una organización científica hindú solicitara su anulación...
...La explotación de medicinas y tecnologías tradicionales y populares extranjeras se volvió clamorosa en los 1980s cuando la firma USA W. R. Grace & Co. obtuvo una serie de patentes en extractos del árbol indígena de la margosa. Sus semillas y corcho se han usado durante siglos como pesticidas naturales y medicina en india. El intento de Grace por explotar productos de la margosa despertó fuertes antagonismos, en particular por que amenazó con aumentar los precios locales....
La patente sobre la cúrcuma fue finalmente anulada, no sin antes exigir un largo y costotísimo proceso legal que involucró a más de 40 instituciones y un conflicto internacional. Sin embargo no es el único ejemplo de intentos empresariales por hacerse con el control de medicinas tradicionales y populares que han sido usadas por siglos.
Otro resultado de ello es el incremento de los costes sociales al verse obligados los gobiernos (en especial de países pobres o en desarrollo) a realizar fuertes inversiones para proteger algo tan del dominio público como la cultura popular. Es el caso de iniciativas como las de India para defender su cultura de la piratería del primer mundo. Y como contrapartida el esfuerzo económico que las empresas hacen para presionar a los gobiernos para que acepten todo tipo de patentes intelectuales.
Hoy en día estamos haciendo enormes esfuerzos para analizar y entender mejor los principios activos y mecanismos de medicinas tradicionales que -como la china o la hindú han sido poco estudiadas científicamente- con la esperanza de encontrar nuevos y mejores medicamentos. Del mismo modo, estamos trabajando (a menudo hasta la extenuación) para dilucidar el sentido del genoma humano, descifrar su contenido y entender su funcionamiento. Estas y otras actividades de investigación en Ciencias de la Vida requieren un enorme esfuerzo y suponen un gran coste tanto para empresas privadas como para las administraciones públicas.
La cuestión es ¿merece ese esfuerzo de investigación para entender la Naturaleza la protección de una patente? ¿O bien hemos de considerarlo solo el primer paso para entender las bases de los procesos vivos, unas bases sobre las que luego podremos construir nuevos productos (genes, fármacos, etc...) que sí serán patentables?
Como ya he indicado, existen dos enfoques: unos piensan que el conocimiento en sí, y las descripciones de la Naturaleza (como la teoría de la relatividad) no deben ser patentables; otros piensan que cualquier actividad intelectual, en especial si va asociada a una investigación costosa debe serlo.
El argumento de los defensores de la "propiedad intelectual" es que sin un incentivo nadie pensaría ni investigaría y que si no se les otorga una patente se niegan a desarrollar el producto. El argumento de los detractores es que todos podemos pensar y observar la Naturaleza y la propiedad intelectual debería reservarse para proteger inventos nuevos, artificiales y no evidentes.
En el centro de la disputa está un problema terminológico: llamamos descubrimiento tanto a la elucidación de un proceso Natural como a la invención de un proceso nuevo. ¿Deberían ser ambos descubrimientos patentables o solo los segundos? ¿Y qué hay de las ideas puras, como las matemáticas, algoritmos, métodos de trabajo como el doble “click”, las estrategias de ajedrez, las estrategias comerciales, los libros o el argumento de una historia? Porque también se han otorgado patentes en EEUU sobre ellas. ¿Debería ser patentable el argumento de una historia de amor o un método para repartir la productividad en una empresa? ¿Podríamos infringir la ley la próxima vez que juguemos al ajedrez o que vayamos al médico?
José R. Valverde
CNB/CSIC