Que somos actualmente la especie dominante no lo duda ningún bicho viviente, planta o animal (de todas formas, no trates de convencer a un hipopótamo en estado natural de esta realidad...). Para bien o para mal, nunca antes había estado ligado el destino de un planeta a una única especie, que se sepa... Desde hace un par de milloncejos de años, unos antepasados nuestros muy, muy monos, empezaron a destacar, a utilizar las manos de forma hábil, a manejar utensilios, a comunicarse más y más fluidamente, a pensar... Pero, ¿somos el resultado lógico de la evolución de aquella sopa tonta primigenia de Oparín y Miller de hace más de 3000 millones de años?...
¿Somos, por otra parte, un accidente evolutivo más? En otras palabras, si el tiempo en la Tierra retrocediera unas cuantas decenas de millones de años... ¿Volverían a aparecer nuestros tatatarabuelos y nosotros seríamos tan guapos, o tan feos, como somos actualmente?
No para contestar a lo de guapos o feos, pero sí para ver las opciones azarosas de la evolución, el grupo del microbiólogo estadounidense Richard Lenski, de la Universidad de Michigan, lleva desarrollando desde 1988 el pase sistemático de diferentes colonias bacterianas, más de 40.000 generaciones, para estudiar las frecuencias de mutación y la evolución. Esto es paciencia científica y lo demás son tonterías. Trasladado a humanos, el experimento significaría poder manipular y observar en directo la evolución de hasta muchos cientos de miles de años (según mis cálculos y suponiendo una media de 5 generaciones por siglo... Aunque los cálculos no tendrían que hacerse de forma equivalente, puesto que las tasas de mutaciones entre bacterias y humanos pueden ser diferentes...).
Partiendo de una única bacteria, la famosísima Escherichia coli, que cualquiera de vosotros tendrá en su tracto intestinal, se obtuvieron 12 colonias diferentes y, a partir de aquí, se las dejó “evolucionar” de forma independiente. El estudio, publicado en PNAS, se centra básicamente en la capacidad o no de utilizar citrato como sustrato metabólico. Vamos, en comer limón, como quien dice... Las bacterias necesitaban varias mutaciones dirigidas para acabar utilizado citrato como alimento. Tras las primeras 20.000 generaciones, éste fenotipo (característica) aparecía con más frecuencia, lo que indicaba que hacía falta una primera mutación dirigida para que se diera la otra. De forma independiente, ninguna mutación confería la capacidad de metabolizar citrato.
Por lo tanto, si las mutaciones de nuestros antepasados, los primeros primates que condujeron hasta nuestro vecino del quinto, estaban predeterminadas por su utilidad o fue algo puramente del azar... seguirá alimentando muchas creencias, religiosas, científicas, o ambas...
JAL (CBM-UAM)