Desde el 14 de abril de 2008, en que tomó posesión del cargo nuestra ministra Cristina Garmendia, los investigadores ya podemos decir que tenemos nuevo Ministerio: el de Ciencia e Innovación. Dicho Ministerio ha despertado sentimientos encontrados. Por un lado, el anhelo de que efectivamente se produzcan los tan deseados cambios en ciencia. Por el otro, el miedo a que se vuelva a caer en lo que resultó ser el Ministerio de Ciencia y Tecnología...

Cristina Garmendia. Ministra de Ciencia e Investigación
Según palabras textuales del Presidente del Gobierno, para la actual legislatura "se hace necesario estar menos pendientes de la construcción y más pendientes de servicios del conocimiento, invertir más en ciencia y tecnología, ayudar a las empresas a innovar y coordinar universidades y centros de investigación". En la misma línea, Zapatero también ha comentado la necesidad de que la economía "crezca más, pero sobre todo crezca mejor; siendo la innovación uno de los mejores motores de ésta".
Esperemos que todos estos retos se alcancen. Ya se han oído diferentes propuestas para lograr tal fin, como son la incorporación plena de la mujer al mundo de la ciencia, impulsar el retorno de nuestros cerebros en el extranjero, y atraer a científicos de otros países para que trabajen en España; propuestas, por cierto, con las que estoy totalmente de acuerdo.
Sin embargo, desde el Ministerio, también se ha comentado que el número de científicos que existe en España es insuficiente y que además la mayoría desarrolla su labor en el sector público. Por tanto, que se deberá conseguir que nuevos investigadores se incorporen al sector privado. Igualmente quieren que más jóvenes se incorporen a la investigación y que haya mayor movilidad entre científicos de la empresa privada, los organismos públicos y la Universidad. En mi humilde opinión, estos propósitos son muy interesantes siempre y cuando, al final, la empresa privada no acabe siendo la cabeza de la torre. Es imprescindible que una parte importante de la investigación se dedique a desarrollar productos de aplicación inmediata en la sociedad puesto que la innovación es fundamental para el progreso de un país. Pero también es obligatorio realizar investigación básica y ésta, que no produce beneficio, ya sea económico o sustancial inmediato, ha de realizarse en el sector público. Porque... ¿a qué empresa le va a interesar estudiar el extremo 3´ del gen que codifica para la proteína de la cubierta del bacteriófago MS2? Habrá que tener fe y confiar en que se consiga encontrar el equilibrio.
Aunque las novedades de este nuevo Ministerio no finalizan aquí. Quizás, lo que más debate ha provocado ha sido la absorción de las Universidades por parte del mismo. Ciertamente, en la Universidad se investiga, de hecho, el 60% de la investigación española se realiza en estas instituciones. Pero mucha gente se pregunta dónde queda ahora el rol educativo y social que corresponde a las Universidades. Por otro lado, si la Universidad se desvincula del Ministerio de educación, ¿de dónde va a recibir la ayuda para la docencia? Ciertamente, esta nueva situación está creando desconcierto.
Yo también me pregunto qué va a pasar ahora con todos esos proyectos y becas que se concedieron desde el MEC y que se encuentran al comienzo o mitad de su desarrollo.
Muchas incertidumbres que, imagino y espero, con el tiempo se irán aclarando con un resultado satisfactorio para todos. Desde luego, simplemente ya la creación de un Ministerio para la Ciencia crea la expectativa de un cambio para mejor de la investigación en España… ¡qué así sea!
Marta Ramos (UCCUAM)