Después de la resaca informativa, tras las semanas tan moviditas que hemos tenido acerca de esa brillante innovación científica sobre la posibilidad de convertir células normales, diferenciadas, de la piel de una persona a células madre con capacidad pluripotencial para convertirse en otros linajes, conviene pararse un rato a reflexionar...

Terapia con células AS. De "Sé lo que ocurrió... los cursos pasados" (Hélice. 2006)
¿Hemos encontrado ya las células madre, madre de todas las células? Por una parte, los trabajos llevado a cabo por un grupo de investigadores de la Universidad de Kyoto, Japón (coordinado por Shynia Yamanaka) y la Universidad de Wisconsin, EE.UU. (dirigidos por el ya mítico James Thomson), respectivamente, dista mucho de pasar a ser un tratamiento real contra muchas enfermedades humanas en un futuro previsible (y por previsible hablo de varias décadas, sino más…).
Estas células –fibroblastos fetales o de una mujer adulta-, para convertirse en células madre fueron tratadas con unos factores (genes) que en cierto modo están implicados en algunos tipos de tumores -OCT4, SOX2, NANOG y LIN28, en un caso, o SOX2, KLF4, OCT3/4 y C-MYC, en otro-. No obstante, como modelo de estudio molecular, parece exquisito y supone un punto de inflexión en la investigación llevada a cabo por otros grupos de científicos.
Sin embargo, la opinión de muchos investigadores, entre los que modestamente me gustaría estar incluido, es que este espectacular nuevo hallazgo no debería detener los estudios llevados a cabo con células de origen embrionario u otros tipos de células adultas, especialmente las procedentes de sangre de ordón umbilical; material, este último, relativamente sencillo de obtener y con un potencial terapéutico ya demostrado en más de 40 enfermedades con proyección a otras muchas en un futuro cercano.
Haciendo mías, con perdón, las palabras de Ana Veiga, directora del Banco de Líneas Celulares del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, lo importante es profundizar en la investigación para obtener nuevos conocimientos prácticos, independientemente del origen de la célula madre. En ese sentido, y tras la magnífica publicación de los grupos japonés y estadounidense, ahora habrá que demostrar que esas nuevas células madre procedentes de material adulto son capaces de diferenciarse e integrarse en distintos tejidos sin que, esto es vital por necesidad, ninguna célula suelta acabe generando un tumor, máxime cuando muchos estudios recientes apuntan a algunas células madre como la base celular del desarrollo de algunos tumores. En este mismo sentido se ha manifestado el director del Instituto de Biomedicina de Sevilla, José López Barneo, con quien tuve la suerte de compartir una cena recientemente, en Granada, tras su brillante participación en la VII Semana de la Ciencia “Noches de Ciencia”. Por cierto, sus últimos resultados le llevaron a publicar en una de las mejores revistas científicas del Mundo (Cell) sobre células madre viables en tratamientos neurológicos, como el Parkinson.
Mientras tanto, desde la Universidad de Georgetown, en Washington, acaban de anunciar la posibilidad de obtener células madre a partir de espermatozoides extraídos de testículos humanos. Todas estas novedades con tejido no “susceptible” éticamente, parecen alejar las pasiones despertadas por la transferencia nuclear o clonación terapéutica aunque, personalmente, no descartaría ninguna opción…