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viernes, 05 de enero de 2007

Si consideramos que la complejidad biológica ha ido ascendiendo en escalas consecutivas mediante la adquisición de diferentes niveles: ácidos nucleicos, procariotas, eucariotas y organismos pluricelulares, ¿cuál podría ser el siguiente nivel?

 

 


Acabo de leer el libro “El Quinto Nivel” (ed. Adhara) de mi compañero y profesor de la UAM, Manuel Alfonseca. Aunque debo confesar no estar de acuerdo con gran parte de las conjeturas expuestas en el trabajo publicado, su lectura me hizo reflexionar sobre nuevos aspectos que conciernen al posible futuro cultural-evolutivo de nuestra especie y que me gustaría compartir con la comunidad del presente blog (al tiempo que aprovecho para desear un feliz y culturalmente productivo 2007...).

 

Hace unos 4000 millones de años, las primeras moléculas con cierta capacidad replicativa (el ARN y/o ADN) pudieron hacer su aparición en la sopa primigenia terrestre (primer nivel). 500 millones de años más tarde, en una atmósfera anaerobia del segundo nivel, aparecerían los primeros organismos procariotas (bacterias probablemente...) para, 2000 millones de años más tarde, dar paso al siguiente nivel con los primeros organismos eucariotas. Finalmente, hasta el momento, hace unos 1000 millones de años, empezaron a agruparse células independientes en estructuras superiores (cuarto nivel). A todo esto, hace solo 2 milloncitos de años de nada que nuestros abuelos más remotos se ganaron el género Homo. Y ahora, ¿qué? ¿Cuál sería el siguiente nivel?

 

Al parecer, las actuales colonias de coral, termiteros, hormigueros o colmenas de abejas podrían representar seres supraespecíficos acordes con un incipiente quinto nivel. En la mayoría de estos superorganismos, el egoísmo de la perpetuidad genética individual (reproducción) se sacrifica y concentra en unos pocos miembros especializados por el fin altruista de la colectividad. ¿Podría ocurrir algo así con nuestra especie? Según Alfonseca, estas colonias están demasiado mecanizadas genéticamente hablando como para considerarlas un verdadero quinto nivel superior. Hace cientos de millones de años que podrían haber existido como comunidades con esta especialización sin que parezca que haya cambiado mucho la cosa. Sin embargo, probablemente estos colectivos sobrevivan a la especie humana, tanto en su cuarto nivel actual como en su futura “quinta pantalla” (en el argot de mi hijo...) ¿No consiste precisamente en esto el juego biológico, garantizar la supervivencia de la especie?

 

Volviendo a la humana, ¿cómo será nuestro supuesto quinto nivel? En un mundo globalizado, con los medios rápidos de transporte como sistema circulatorio, la red de ordenadores (pronto se implantará la versión 3.0 en la comunidad del ciberespacio) como claro sistema nervioso... ¿sacrificaríamos nuestra capacidad reproductiva individual por el bien común y que solo una “casta” específica se dedicara a estos menesteres?

 

Para tratar de visualizar nuestra naturaleza egoísta y cómo ésta podría perjudicar (aunque no impedir) el avance cultural-evolutivo de nuestra especie, en el libro “El Quinto Nivel” se narra el siguiente ejemplo:

Dos presos aislados reciben una oferta: si uno denuncia al otro, saldría libre, pero su compañero cumpliría 5 años de condena. Sin embargo, si los dos se denuncian mutuamente, cumplirían cada uno 4 años en la cárcel. Finalmente, si ninguno se denunciara, pasarían, por otros delitos menores, 2 años de arresto cada uno. Al parecer, lo lógico sería esta última opción (para el conjunto de la colectividad, es decir, los dos reclusos). Sin embargo... ¿no adivina cuál será la condena más probable que cumplirán los reclusos? ¿por qué? En un mundo capitalista, comenta Alfonseca, cabría la posibilidad de ver este ejemplo como una forma de ahorrarse un año de condena, es decir, que el egoísmo e intento de enriquecimiento personal (base del capitalismo) no tendría por qué perjudicar, a la larga, el desarrollo de la sociedad; ¡curiosa observación!

Por ello finalmente, de regreso en el quinto nivel, y sintiendo haber tratado de resumir ideas tan complejas en tan pocas líneas, con la tendencia de megacolectividad actual y los datos aportados de las posibles colonias de quinto nivel ya existentes, ¿seríamos capaces, sin recurrir a la “Utopía” de Tomas Moro (1478-1535) de comportarnos como especie altruista para perder nuestra independencia egoísta del cuarto nivel? o, por el contrario, ¿podría constituirse un quinto nivel de especialización evolutiva sin renunciar a la capacidad reproductora en nuestra parcela de individualidad?

 

Ya puestos en filosofía científica, ¿cómo podría intervenir la biotecnología: ingeniería genética, técnicas punteras de biología molecular, en la creación de... “este mundo feliz”? ¿Era el mundo de Huxley verdaderamente feliz? ¿Constituiría este “mundo feliz” un claro quinto nivel?

 

JAL (CBM-UAM)

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