Actualmente, en mi centro de investigación (uno de los iconos de la ciencia en España) nuestros líderes debaten si las nuevas generaciones poseen ese apreciado espíritu de lucha y sacrificio que requiere la investigación; ese efímero sentimiento que nos ha trasladado desde sus orígenes a nuestros días a un lugar privilegiado en lo que a derechos sociales se refiere y que, al parecer, deviene en una lógica frustración...
¿Por qué un estudiante de biología, química o física al finalizar sus estudios tiene como destino perpetuarse por los siglos de los siglos en ese, tan amado por la burocracia, estatus de estudiante? Por una sencilla cuestión: el ser estudiante es un privilegio y se debe estar eternamente agradecido por esa formación aunque por medio de ella nuestros jefes se estén lucrando. Esa cuestión es la que nos convierte es esclavos del sistema, pues si no cumples como "ilusionado" y "motivado" estudiante en el Tercer ciclo formativo universitario (el que va después del segundo y del primero), no podremos culminar nuestros estudios con el rango de doctor, tan necesario para ser algo en esta vida científica. Por tanto, no solo nos sentimos atados a nuestros respectivos laboratorios (ya que, al no tener apenas derechos laborales tampoco tenemos ninguna protección contra los abusos de aquellos venerables doctores que se han olvidado que alguna vez fueron estudiantes), si no que además tenemos que estar agradecidos por esta oportunidad que se nos ha concedido; el dinero que se da por ello parece un regalo, no un derecho.
Cuando yo entré con toda mi ilusión a estudiar biología lo hice porque siempre había tenido una motivación especial por la ciencia. Ya desde corta edad contaba con un microscopio de juguete en mi estantería y destripaba cualquier objeto con el que me cruzaba para saber qué tenía dentro y como funcionaba. Cuando comencé a hacer la tesis en un laboratorio se cumplieron mis primeras expectativas, pero el descubrimiento de que la mayoría de los investigadores (becarios pre- post-doctorales) eran considerados estudiantes, ni siquiera trabajadores de segunda división, pues carecían de todos los derechos sociales que poseía mi amigo Manolo como motero del telepizza (con toda la respetabilidad que dicho trabajo posee) me llevó a pensar si no me habría equivocado de vocación.
Bajo estas condiciones (creo que compartidas por la mayoría de mis compañeros) entra en escena el máximo representante de la ciencia en España para advertirnos, en presencia de los que dirigen el futuro de éste nuestro país, que los becarios debemos estar más preocupados por investigar y menos por los contratos. Se lo intenté explicar detalladamente a los de la inmobiliaria cuando me decidí a abandonar mi casa para hacer una vida independiente, pero los muy estúpidos no lo entendieron: "si es que yo me tengo que concentrar en investigar…" les decía una y otra vez, pero ellos se cerraban en banda pues qué garantías de pago les podía ofrecer. Ahora llega uno de los "popes" de la ciencia en nuestro venerado centro y dice que este debate sobre nuestra supuesta falta de motivación y nuestra situación laboral (y cito en mayúsculas para que no pase desapercibido) le ABURRE. Ya, si aquellos para los que trabajamos, aquellos con los que nos cruzamos todos los días en el laboratorio, aquellos que escriben importantes artículos científicos con nuestras largas horas de dedicación, aquellos que nos recuerdan día a día que la ciencia es hermosa, dicen eso, ¿qué respeto se tiene por nuestro trabajo? Sinceramente, espero que esto sea un caso aislado dentro de nuestros afamados líderes pues de no ser así ¿qué futuro nos depara, qué ilusiones o motivaciones podemos mantener si nuestra situación laboral no les importa un bledo a los de arriba, a los que se benefician de nuestro trabajo (debidamente abonado por unos señores muy majos del ministerio o de la Comunidad o de alguna empresa)? Parece que un verdadero científico debe formarse a base del sacrificio, la entrega y el sufrimiento de no saber qué nos queda por venir. Sinceramente, creo que eso les viene mejor a los monjes que buscan incansablemente una revelación divina. La falta de salidas a medio plazo, la ausencia de una carrera científica que nos ofrezca unas garantías de futuro, las decepciones con los que nos gobiernan y nos prometen, la endogamia y el amiguismo, esas cosas son las que nos desmotivan día a día. ¿Es que antes hay que ser mártir para ser científico? ¿Es que solamente somos una herramienta insignificante en la maquinaria de la ciencia? Yo creo que no y estoy seguro que sin nosotros, los becarios, la máquina se detendría. Hasta ahora se han aprovechado del fraccionamiento de los investigadores precarios, pero hay que ser conscientes de que lo somos una inmensa mayoría (predoctorales, posdoctorales, Cajales…). Nos vemos el 20 de Mayo.
Alfredo, un Becario del CBM