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sábado, 06 de septiembre de 2008

Últimamente, los medios de comunicación, científicos o no, nos han mostrado a monos manejando el mando de la tele, bailando, ganando a universitarios en cálculos matemáticos, reconociéndose en espejos, siendo altruistas; incluso, en su momento, pilotando naves espaciales (algo que, por supuesto, no está al alcance de todos)...


Ahora surge un estudio para ver si también comprenden el valor del dinero –si es que hay estudios “pa tó”-. Vamos, será para mandarles a echar la loto (o a cobrarla), como un famoso anuncio realizado con un perro. Desde luego, que cualquier simio tiene el potencial de manejar dinero lo demuestran diariamente el cariño que muchos “humanos” muestran por los billetes... ¿Saben los monos utilizar conceptos abstractos como el dinero?

Por si quedaba alguna duda, un estudio reciente publicado en la revista PlosOne y realizado tras una colaboración entre investigadores italianos y estadounidenses (que seguro que saben manejar bien el dinero...) ha demostrado que los monos capuchinos (Cebus apella) son capaces de canjear comida por diferentes fichas, a mono..., perdón, a modo de monedas.

 

De hecho, la conducta demostró ser, al contrario que en humanos, bastante racional. Comprendían perfectamente el valor de las distintas fichas y la propiedad matemática transitiva, es decir, si un plátano vale más que una pera y una pera más que una ciruela, un plátano valdrá más que una ciruela. Este concepto, abstracto, aunque le parezca obvio (¿cómo, que no te parece obvio?), es, desde el punto de vista neuronal, bastante profundo de establecer. El manejo de estos símbolos sitúan a los monos mucho más cerca de nuestra capacidad cognitiva de lo que podríamos pensar. De aquí, a aprender a hablar o invertir en bolsa... un pasito. Por cierto, según dicen las malas lenguas, algunos de estos monos, cuya especie se separó de la nuestra hace ya la friolera de 35 milloncejos de años, fueron pillados cuando intentaban sacar, con las fichas de juguete, billetes de autobús para el casino de Montecarlo. Ya ves que, aunque inteligentes, nadie es perfecto...

JAL (CBM-UAM)

9:51 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (1)

martes, 02 de septiembre de 2008

Que somos actualmente la especie dominante no lo duda ningún bicho viviente, planta o animal (de todas formas, no trates de convencer a un hipopótamo en estado natural de esta realidad...). Para bien o para mal, nunca antes había estado ligado el destino de un planeta a una única especie, que se sepa... Desde hace un par de milloncejos de años, unos antepasados nuestros muy, muy monos, empezaron a destacar, a utilizar las manos de forma hábil, a manejar utensilios, a comunicarse más y más fluidamente, a pensar... Pero, ¿somos el resultado lógico de la evolución de aquella sopa tonta primigenia de Oparín y Miller de hace más de 3000 millones de años?...

 


¿Somos, por otra parte, un accidente evolutivo más? En otras palabras, si el tiempo en la Tierra retrocediera unas cuantas decenas de millones de años... ¿Volverían a aparecer nuestros tatatarabuelos y nosotros seríamos tan guapos, o tan feos, como somos actualmente?

 

No para contestar a lo de guapos o feos, pero sí para ver las opciones azarosas de la evolución, el grupo del microbiólogo estadounidense Richard Lenski, de la Universidad de Michigan, lleva desarrollando desde 1988 el pase sistemático de diferentes colonias bacterianas, más de 40.000 generaciones, para estudiar las frecuencias de mutación y la evolución. Esto es paciencia científica y lo demás son tonterías. Trasladado a humanos, el experimento significaría poder manipular y observar en directo la evolución de hasta muchos cientos de miles de años (según mis cálculos y suponiendo una media de 5 generaciones por siglo... Aunque los cálculos no tendrían que hacerse de forma equivalente, puesto que las tasas de mutaciones entre bacterias y humanos pueden ser diferentes...).

 

Partiendo de una única bacteria, la famosísima Escherichia coli, que cualquiera de vosotros tendrá en su tracto intestinal, se obtuvieron 12 colonias diferentes y, a partir de aquí, se las dejó “evolucionar” de forma independiente. El estudio, publicado en PNAS, se centra básicamente en la capacidad o no de utilizar citrato como sustrato metabólico. Vamos, en comer limón, como quien dice... Las bacterias necesitaban varias mutaciones dirigidas para acabar utilizado citrato como alimento. Tras las primeras 20.000 generaciones, éste fenotipo (característica) aparecía con más frecuencia, lo que indicaba que hacía falta una primera mutación dirigida para que se diera la otra. De forma independiente, ninguna mutación confería la capacidad de metabolizar citrato.

 

Por lo tanto, si las mutaciones de nuestros antepasados, los primeros primates que condujeron hasta nuestro vecino del quinto, estaban predeterminadas por su utilidad o fue algo puramente del azar... seguirá alimentando muchas creencias, religiosas, científicas, o ambas...

JAL (CBM-UAM)

14:28 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (4)

lunes, 11 de agosto de 2008

Estamos en plena inflexión de la educación superior con la famosa convergencia de Bolonia y el EEES... En medio de tanta vorágine para la homologación de los estudios universitarios en toda Europa (y parte del extrarradio), y en medio de esta canícula estival, querría presentaros un curso sobre cultura científica; un magister interuniversitario, complutense-politécnica, con una amplia colaboración de la Unidad de Cultura Científica de la Universidad Autónoma de Madrid (UCCUAM); Unidad que actualmente dirijo...

 


CULTURA CIENTÍFICA: HISTORIA, GESTIÓN Y DIFUSIÓN

 

Los estudios recientes de percepción llevados a cabo por el todavía MEC y la FECYT  siguen confirmando un déficit de cultura científico-tecnológica en la sociedad española; situación que se relaciona con una lamentable concepción cultural de la educación reglada en nuestro País, en la que la ciencia y la tecnología no han sido valorados  como un área fundamental de los conocimientos básicos de la formación integral de todos los alumnos en las primeras etapas  de su formación.

 

Por otro lado, la llamada “educación no reglada” en estas materias, tiene en otros países  una enorme tradición y un nivel de excelencia que ha dado frutos considerables, mensurables en el interés y evolución de su propia ciencia y en el incremento de vocaciones científicas y técnicas, desarrollada en sus museos y “science centres” en el mundo anglosajón. Sin embargo en España, este tipo de educación  ha tenido un desarrollo más aparente que real en la mayoría de instalaciones de este tipo, donde por diferentes motivos, los equipos que se ocupan de sus programaciones carecen a menudo de la formación que sería deseable para mejorar, precisamente, ese nivel de excelencia y con ello su efectividad.

 

Por ello, parece muy recomendable impulsar actuaciones que potencien la cultura científico-tecnológica de la sociedad en su conjunto, dado que ya se ha demostrado su utilidad al revertir en la consolidación de una sociedad moderna, que con este tipo de actuaciones entiende que la investigación científica, el desarrollo e innovación tecnológica son  factores claves para el crecimiento económico a largo plazo y, con ello, del bienestar de la ciudadanía.

 

La Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MNCYT) y la Fundación de Apoyo al Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (FAMNCT), con la estrecha colaboración de la Universidad Autónoma de Madrid y su Unidad de Cultura Científica, han diseñado un Curso Magíster en materia de historia, gestión y difusión de la cultura científica de 55 créditos, que se prevé desarrollar por vez primera en el curso 2008-09.

 

Uno de los objetivos de este título propio consiste en el establecimiento de una conexión entre la actividad académica y la realidad social mediante el convenio con instituciones públicas y empresas privadas  que permitan su puesta en marcha.

 

El curso ha sido programado para una duración de unos 10 meses y pretende potenciar la cultura y el conocimiento científico entre los responsables de la formación de los jóvenes, gestores responsables de esos centros, responsables de programas científicos en las administraciones, periodistas, editores, técnicos de diseño y de organización de exposiciones, así como de otros licenciados interesados en encontrar una orientación profesional en la que sus conocimientos científicos y museológicos, así como las herramientas de divulgación científica, sean fundamentales.

 

El programa abarca varios grupos temáticos (Sección I.  Ciencia, Tecnología e Industria; Sección II. Sistema Ciencia-Tecnología-Empresa; Sección III. Ciencia y Tecnología en la historia de la cultura; Sección IV. Gestión del Patrimonio y Museología; Sección V. Didáctica y divulgación de la ciencia.), mediante los cuales los alumnos podrán acceder al conocimiento científico más actual de la mano de los investigadores más prestigiosos, a la historia y evolución de la ciencia, a los temas fundamentales de la política científica y técnica, a la museología de la ciencia y a los estudios sobre patrimonio científico, así como a los sistemas y experiencias más brillantes y prácticas en materia didáctica de los museos de ciencia.

  

Dado el carácter interuniversitario del curso, los profesores no han sido escogidos atendiendo a cupos de cada organización sino a su buen hacer científico, excelencia y dotes comunicativas. Esta característica hace de este magíster una propuesta única en España y le añade valor, ya que los organismos científicos de calidad españoles se encuentran representados en su práctica totalidad.

 

En definitiva es un programa innovador, no desarrollado hasta ahora en ninguna otra universidad del país, que pretende llevarse a cabo en su primera edición en la UCM, debiendo ser grabadas todas sus conferencias, para que ello nos permita en una segunda edición, el curso siguiente 2009/2010 convertirlo además  en un Magíster “on-line” que seria de gran interés para los alumnos de los distintos países latinoamericanos. El proyecto puede desarrollarse más allá de las propias clases del Magíster, permitiendo la generación de contenidos audiovisuales didácticos y científicos.

 

Dirección Académica:

Ana Isabel Cremades Rodriguez (UCM)

Amparo Sebastián Caudet (FAMNCT)

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JAL (CBM-UAM)

8:57 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (1)

viernes, 01 de agosto de 2008

Terminaba mi anterior entrega diciendo que hay escenas bastante habituales en las que, como quien no quiere la cosa, se mete una patada a la realidad científica y los productores se quedan tan anchos. Vamos a ver unos ejemplos. Unos cuantos, hay muchos más. Estos son los que me vienen a la cabeza a bote pronto, pero seguro que los lectores podríais añadir infinidad de ellos. Y perdonad que no cite los títulos pero es que son situaciones más o menos recurrentes que se presentan como cosa hecha, se adoptan en cualquier producción como algo consensuado, se da por hecho que son situaciones comodín y, por supuesto, presentarlas así es tan lógico como ponerle una pajarita a un científico —y cara de panoli, a no ser que se trate de un joven prometedor, claro, porque entonces es superguay y megaenrollao; y apenas pisa el laboratorio pero cuando lo hace le da un repaso al de la pajarita, que no se entera de nada...

 


En series supuestamente serias aparece un laboratorio y ves al doctor de turno tecleando (¿el nombre de? ¿la pinta que tiene?) un compuesto desconocido y observando inmediatamente en pantalla su estructura tridimensional (dando vueltas), sus interacciones con el ADN y cómo se expandirá por el planeta si no le meten pronto un pepinazo nuclear a la corriente de El Niño; o mirando imágenes de microscopía electrónica de barrido en movimiento y a todo color, o simplemente echando la muestra a un microscopio con una probeta de dos litros. Esto último, que da el título a esta serie de entradas, no es de ciencia ficción. Salía en la miniserie que hicieron hace unos años sobre la vida de Severo Ochoa, y además creo recordar que en esa u otra escena similar nuestro gran Nobel se levantaba muy excitado del microscopio diciendo que estaba cerca de descifrar el código genético… Si no era eso exactamente era algo equivalente; desde luego se trataba de un hallazgo que, según sugería la escena, se logró efectuar mirando ácidos nucleicos por el microscopio óptico. Y esa miniserie estaba avalada por todo lo que tiene siglas en este país.

 

Siguiendo con las producciones habituales, es más que frecuente que llamen hidroclórico al clorhídrico —bueno, esto es barrabasada de los traductores—, gen a la proteína y bacteria al virus, o que identifiquen un nuevo tipo de organismo endosimbionte intracelular (sic) y luego vaya y salga una ameba en la imagen del microscopio. Incluso he visto cómo llamaban bacteria a un rotífero, aunque eso no es habitual. Y eso cuando no muestran una supuesta bacteria que exhibe, orgullosa, casi diríase impúdica, su enorme núcleo con sus hinchados y abundantes pares de cromosomas metafásicos. Se está cayendo en lo mismo que con la Física, y no siempre es ciencia ficción, pero nadie dice ni pío ni en los blogs, ni en los foros ni en las listas de distribución. Eso sí, a veces deberíamos alzar nuestras voces al cielo y exigir venganza, o rasgarnos las vestiduras, o algo que implique un estado de indignación extrema. De todas formas voy a dejar de enumerar estas escenas (seguid vosotros) y me voy a centrar en una película como ejemplo que me parece particularmente bochornoso.

 

 

Se trata de Planeta Rojo (2000), producción cinematográfica en la que una misión viaja a Marte con el objeto de ver qué ha ocurrido con las algas que se habían sembrado varios años antes para terraformar el planeta. Después de muchas peripecias, en esta película, alabada por los expertos debido a lo logrado de los efectos especiales con el incendio en ausencia de gravedad y al cuidado con que habían tratado los aspectos técnicos aeroespaciales, los supervivientes descubren la Gran Verdad: el planeta rojo ya tiene una atmósfera completamente respirable y las algas han formado unas praderas en lugares apartados, donde multitud de cucarachas enormes (inmensas, creedme) se alimentan de ellas. Al ver aquello, rápidamente el científico de la misión deduce lo que está ocurriendo y se lo cuenta al resto. Resulta que (¡hop!) las que emiten el oxígeno son las cucarachotas, a las que inmediatamente otorga el rango taxonómico de nemátodos (y olé). Por si estáis demasiado alucinados, recapitulemos para enfatizar la burrada: una cucaracha —que no se parece en nada a un nematodo— devora algas, respira y como consecuencia emite oxígeno. El mundo redox al revés. Por favor, no le deis muchas vueltas. No intentéis buscar la posibilidad lógica. No existe. Podemos concluir que, aunque sea una superproducción de Hollywood con Val Kilmer, Carrie-Anne Moss et al., se han gastado todo el presupuesto para asesoramiento científico en cuidar cuestiones técnicas aeroespaciales, y punto. Iba a decir que luego algún guionista aguililla debió mirar en la Wikipedia a ver qué clase de bicho se comía las algas, pero no, la peli es de 2000. Debió de mirar en la enciclopedia de su casa y la entrada pertinente no traía fotos. Ni datos. Ni la descripción de nematodo como gusano. Era una enciclopedia muy justita, no cabe la menor duda.

 

Todo eso y más pasa con la Biología en el cine y la TV. No es de extrañar, toda la ficción, incluso la “realista”, es muy mentirosa y tramposa con la ciencia. Un tipo pega un tiro a otro y todo el retroceso que siente es un leve movimiento del arma en su mano. Sin embargo, el que recibe el disparo se ve lanzado hacia atrás, contra la pared. ¿Y la tercera Ley de Newton? Sí, no sólo se atropella a la Biología, pero a la Física a veces se la tiene en cuenta;  de vez en cuando se produce una película o serie que intenta respetar los asuntos de esta disciplina científica, aunque sea un poquito, yo qué sé, por ejemplo generando gravedad artificial a base de hacer rotar una estructura toroidal en una estación espacial. ¿Por qué no dedican alguna vez algún esfuerzo similar a la Biología?

 

Al final solo nos queda una opción: tomárnoslo como fantasía envolvente, sabiendo que es mentira pero disfrutando de ello, aceptando que un clon adulto se forma en un par de meses en un tanque de líquido nutritivo de igual modo que habitualmente somos capaces de “creer”, sin ningún problema, que el coyote puede caminar por el aire antes de darse cuenta de que se le ha terminado el suelo bajo los pies. Pero siempre, incluso en los casos más pretendidamente realistas —éstos son los más tramposos, ya que juegan con ventaja para lograr la “suspensión de la incredulidad”—, hay que tener muy en cuenta que se trata de ficción. Nunca se trata de divulgar, convencer o colaborar con la ciencia. Para eso están los blogs de ciencia, los documentales y el Scientific American. Lo que pretende la ficción es entretener y vender libros, entradas de cine y videojuegos (y cocacola, y…). Es tan fácil como distinguir entre ficción y realidad, ¿o es que si vemos Buscando a Nemo llegamos a creer que los peces hablan “balleno”? No, no creo que la profesora Salas y el astronauta Aldrin tengan razón, aunque sí sería de agradecer que cuando las cosas no pretendieran ser fantásticas, sino basadas en la realidad, se hicieran un poco mejor. En las novelas sí se lo curran.

 

Para terminar, dos breves notas finales: 1) que me perdonen los investigadores que usan pajarita, no tengo nada contra ellos pero reconocerán que no son tantos como se pretende en el cine; y 2) no he comentado aquí la película Proyecto DOS (España, 2008) porque aún no la he visto, pero creo que es jugosa: va de un bioquímico que es investigador del CSIC y…

 

Federico G. Witt

Bioquímico. Administrador de Portal de Ciencia Ficción

21:27 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (0)

miércoles, 30 de julio de 2008

Al final de mi entrada anterior dije que, al margen del cine de serie B, había producciones costosas de cine y televisión que podían producir hilaridad a los científicos, o en ocasiones desprecio o incluso cabreo. Entre esta entrada y la siguiente veremos a qué me refería…

 


Hace unos días leía lo que decía Margarita Salas a los medios de comunicación: “¿El cine? Me gusta, pero no la ciencia ficción; no puedo creérmela, está muy lejos de ser ciencia”. Y casi al mismo tiempo el astronauta Edwin "Buzz" Aldrin  culpaba a la CiFi del escaso interés existente en la actualidad por la exploración espacial.

 

Yo creo que ambos comentarios están fuera de contexto: la ciencia ficción no pretende ser ciencia sino entretenimiento, ocio y, eventualmente… especulación, pero siempre dentro del ámbito de la ficción. Vamos, que no es un sucedáneo científico ni un modo de publicación que iría por detrás de la divulgación, los documentales o los libros de texto en cuanto a complejidad pero circunscribiéndose al rigor de la realidad. En absoluto. La ciencia ficción es un subgénero que se incluye dentro de la literatura y el cine fantásticos —dejando a un lado la televisión, el cómic y los videojuegos—, y que a su vez comprende muchos sub-sub-géneros. Y sus límites son fuente de controversia. Los más puristas excluyen, por ejemplo, a Star Wars, que iría dentro de la fantasía; otros, por el contrario, meten en el saco incluso la ufología y otras disciplinas esotéricas varias, aunque esto no es lo común. En cualquier caso ni debe ser creída ni pretende ser ciencia ni tiene por qué interferir con el interés por la exploración espacial. Es mera ficción y, al igual que el resto de los géneros de ficción, tiene unos componentes imaginativos, de evasión, exageración y fantasía considerables.

 

Sin embargo, una parte de la ciencia ficción, aquella que algunos gustan denominar ficción especulativa o de anticipación, sí debería atenerse a cierto rigor científico y mostrar una coherencia científico-tecnológica y/o social. Y es que si queremos que lo que estamos contando “cuele“(el famoso eufemismo de "la suspensión de la incredulidad"), el contexto debe ser lo más verosímil posible, y nada hay más creíble que la propia realidad. Excepto si, como en Matrix, Dark City, Nivel 13, eXistenZ, etc., la propia realidad no existe, claro. Pero en fin, no nos distraigamos, sigamos con lo que estábamos: si se consigue infundir al espectador una sensación de realidad, éste se introducirá en la historia y se sentirá conforme con lo que vea en la película. Es más —y ahora vamos con la literatura—, el autor conseguirá, de vez en cuando, anticiparse o especular de manera acertada. La literatura de CiFi ha anticipado el submarino, las videoconferencias, Internet, el trasplante de órganos, la robótica, las misiones espaciales, la inteligencia artificial, el MP3, la pantalla táctil y tantas y tantas cosas... (aquí hay 1645 ejemplos). No obstante, no las ha inventado, ni ha puesto los cimientos para ello, ni lo pretendía. De hecho es la propia ciencia la que pone las bases para que la ficción se adelante a los hechos.

 

Peeero en el campo de la Biología todo parece entrar más en el terreno de la fantasía que del realismo coherente. Debo dejar de lado las novelas, donde en ocasiones se procura ser más riguroso, aunque casi siempre contando con esos Deus ex Machina intermedios que permiten realizar lo irrealizable o saltarse un paso cuya explicación haría muy latosa la narración. Centrémonos en las pantallas grande y pequeña: ¿alguien recuerda alguna película o serie de televisión en la que hagan un Western Blot o un PCR, o que apliquen un Knock-out o mencionen cualquier otra técnica o método de forma más o menos fiable para fundamentar lo que están haciendo y diciendo? No me refiero a que expliquen con bases científicas correctas de qué va el asunto que desarrollan (que tampoco), me refiero a que de verdad se vea que hacen las cosas como se harían en un laboratorio de Biología Molecular real. Y cuando se intenta es casi peor. Yo he visto a la agente especial Scully sacarse una muestra de sangre y durante la misma noche llevar a cabo todas las técnicas necesarias para identificar un virus alienígena partiendo de cero —y eso incluye todo, desde hacer la PCR, preparar las muestras y montar y correr la electroforesis, hasta hibridar (¿con qué?) y revelar, y en medio hacer sus incubaciones, sus… todo, y sin tener patrones de ese virus alienígena; pero allí salía ella, maravillosa, cargando los pocillos y revelando la autorradiografía al final, antes del amanecer; años 90.

 

Expediente-X

 

¿Y qué me decís de la metodología de Will Smith en Soy Leyenda? Todo parece muy fácil visto así, ¿verdad? Y los que se pasan la vida con la PCR en la boca son los de ReGenesis, serie que a los avezados científicos profesionales recomiendo ver armándose de cierta dosis de tolerancia, ya que por ejemplo da a entender que los editores de Nature y Science están esperando que los investigadores de NORBAC —los mejores del mundo en sus respectivos campos (sic)— les envíen los artículos para publicarlos en el siguiente número de la revista, cosa que ellos hacen a toda prisa, terminando los experimentos momentos antes y firmando individualmente para que salga en la edición de la mañana —y poco después de leer las tesis de tres en tres, y además haciendo labores de campo bajo el fuego de alguna guerrilla del tercer mundo, a ver si aprendemos…—. Al menos en la serie mencionan los plásmidos, cosa que es de agradecer.

ReGenesis 

Sin embargo esto no es de lo peor. De hecho, tanto Expediente X como ReGenesis son series que me gusta recomendar. En la siguiente entrada veremos algunos ejemplos de escenas más o menos comunes que podríamos incluir dentro del montón de series y películas (casi todas) que tienen el dudoso honor de tratar a patadas a la comunidad científica… y no todas se incluirían en la ciencia ficción.

Federico G. Witt

Bioquímico. Administrador de Portal de Ciencia Ficción

11:19 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (3)

sábado, 26 de julio de 2008

Todos sabemos que en el espacio nadie puede oír tus gritos, ni el estruendo de una explosión, ni ningún otro ruido. También somos conscientes de que los astronautas en realidad se tienen que desenvolver en condiciones de ausencia de gravedad, no pueden andar correteando mientras se disparan unos a otros. Los que hemos estudiado un poquito de química entendemos que, si un combustible explota en ausencia de atmósfera y, por tanto, de un agente oxidante, luego no puede echarse a arder. Y, apelando a conceptos físicos básicos como la tercera ley de Newton o la conservación de la cantidad de movimiento, podemos intuir cómo debería comportarse un objeto en el vacío del espacio y en ausencia de gravedad. Por lo tanto nos damos cuenta de que lo que se ve en las películas espaciales es una fantasía que intenta recrear la acción tal y como se desarrollaría aquí, en la Tierra, para darle más emoción al asunto o para eliminar complejidad y centrar la atención en la misma historia, cambiando sólo el escenario. Así, es frecuente ver a una nave con alas (¿¿???) comportarse como un avión, escorándose cuando tiene que virar, ardiendo si le dan de refilón en el depósito del combustible y explotando con gran estruendo y todo tipo de efectos sonoros si le dan de lleno o si algún inepto acciona el inefable mecanismo de autodestrucción que nunca falta en ninguna construcción humana que supere cierta envergadura.

 

Un inciso: no os habéis equivocado de blog. Es el de siempre, sí, el de Bio(Ciencia+Tecnología).

 


Lo que quería deciros es que hay muchos blogs que hablan de estas cosas, algunos de ellos muy bien, como MalaCiencia, Física en la Ciencia Ficción y Ciencia vs. Ficción. Además existen multitud de listas de distribución de correo repletas de aficionados a la ciencia y a la ciencia ficción que de forma cíclica discuten estos y otros temas. No digamos ya cuando se juntan los ingenieros, los filósofos y los físicos, porque entonces las discusiones se amplían a asuntos como si el hecho de teletransportarse algo parecido a enviarse por fax destruyendo el original supone o no la negación del yo… Bueno, normalmente esas discusiones no llegan a ninguna parte, son más concluyentes las del tipo “¿A quién se le ocurre poner tantos pasillos en una nave donde cada milímetro cúbico útil cuenta? ¿Y de dónde sale la gravedad para que esos tipos corran por los pasillos?”.

 

Pero centrémonos: ¿qué demonios pasa con la Biología en el cine? Pues que normalmente se reinventa, y no digamos ya si hay conexiones con el mundo del cómic. Todos damos por hecho que si te pica una araña radiactiva luego puedes subir por las paredes; si te traspasan los rayos cósmicos te vuelves elástico, invisible, de aspecto rocoso o flamígero; si te dan una dosis excesiva de radiación gamma, que al parecer es verde, te tiñes de este color a la vez que adquieres una mala leche y una fuerza descomunales y proporcionalmente inversas al número de conexiones sinápticas que te quedan activas; y si te echan ácido en la cara los álcalis no existente vuelves ciego pero inmediatamente adquieres sentido “radar” (e instinto de venganza)... Y eso por no hablar de los mutantes de nacimiento, ahí tenemos todo un mundo por descubrir. O de los clones que rápidamente igualan la edad de su original de cuarenta años mediante el sencillo procedimiento de ser incubados en unas peceras llenas de factores de crecimiento y, en ocasiones, inyectarles un líquido fosforito cuya reluciente apariencia indica al sagaz espectador que sin duda es radiactivo.

 

Sigamos. También tenemos al Señor del Mal de turno creando mediante ingeniería genética un mutante asesino, un ejército de esclavos mentales, un virus apocalíptico capaz de activarse por una señal de radio… O, mirad, sin recurrir a la serie B, heredera del pulp, y dejando a un lado a todos esos BEM*

 

y seres deformes cuyo origen nadie duda en achacar a la caprichosa evolución de la vida en otros planetas o a la manipulación genética y al famoso líquido fosforito de antes, puesto que la genética y la radiactividad son una misma cosa en el cine de serie B, tenemos casos más serios, de producciones más costosas, que provocarán hilaridad si son presenciados por cualquiera que haya pisado un laboratorio.

 

O desprecio, o incluso cabreo.

 

Pero para poder meternos en faena, queridos lectores, tendremos que esperar a la siguiente entrada de esta serie... 

 

Federico G. Witt

Bioquímico y Administrador del Portal de Ciencia Ficción

 

* Bug-Eyed Monster (monstruo de ojos saltones, hablando en plata). Son todos esos seres extraños, rematadamente feos, normalmente oblongos, en ocasiones viscosos y desprovistos de extremidades aunque a veces tienen unos tentáculos extensibles, que suelen vivir en planetas donde la chica se baja de la nave, incumple las órdenes de su compañero (y platónicamente amado capitán), se marcha a ver una extraña flor y es raptada. Los BEM en ocasiones sirven al malvado de aspecto humano que es El Señor del Mal del planeta en cuestión (no hay países), que se alegra de que la chica haya llegado en la nave. Se han llegado a ver BEMs en el centro de la Tierra, según aseguran fuentes de toda confianza.

 

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lunes, 14 de julio de 2008

El “Proyecto Genoma Humano” fue la llave que abrió la puerta a una nueva era en el campo de la genómica. En 2008 se ha iniciado el “Proyecto de los 1000 genomas”, que va a permitir ampliar de manera descomunal nuestro conocimiento sobre el genoma humano y cuyos resultados podrían servir en el futuro para predecir en cada persona el riesgo de padecer enfermedades, la sensibilidad a los factores ambientales y la capacidad para responder a los fármacos.

 


El 22 de enero de 2008 un consorcio internacional anunció el Proyecto de los 1000 Genomas, un esfuerzo tremendamente ambicioso con un presupuesto de unos 50 millones de euros que implicará la secuenciación de los genomas de al menos mil personas de distintas etnias a lo largo y ancho de nuestro planeta. El objetivo es generar la base de datos más detallada y de mayor utilidad médica hasta la fecha sobre la variación genética humana. El proyecto será llevado a cabo con el soporte principal de tres instituciones: el Wellcome Trust Sanger Institute (Hinxton, Inglaterra), el Beijing Genomics Institute (Shenzen, China) y el National Human Genome Research Institute, que forma parte del NIH (National Institutes of Health, USA).

 

Es sabido que más del 99 % de la secuencia del genoma humano es idéntica entre dos individuos cualesquiera. Sin embargo, la pequeña fracción del genoma con variaciones entre los individuos puede explicar diferencias en la susceptibilidad a una enfermedad, en la respuesta a fármacos o en la reacción a factores ambientales. El “Proyecto de los 1000 genomas” tratará de establecer un mapa del genoma humano que incluya la descripción de la mayor cantidad posible de variaciones en el mismo, mejorando de forma espectacular la información obtenida con el proyecto HapMap.

 

La unión de las tres instituciones mencionadas anteriormente se va a ver reforzada por la utilización de nuevas tecnologías: se trata de los llamados secuenciadores masivos, de alto rendimiento o de nueva generación, desarrolladas durante los dos últimos años, y que permitirán acelerar enormemente la velocidad de obtención de secuencias respecto al Proyecto Genoma Humano (1990-2003), que utilizó la tecnología de secuenciación de Sanger. De hecho, las tres empresas proveedoras de secuenciadores de nueva generación se han unido al Proyecto de los 1000 Genomas.

 

Es importante destacar que los datos generados en este proyecto, que equivaldrán a unas 60 veces los datos depositados en las bases de datos públicas en los últimos 25 años (brutal, ¿verdad?), serán públicamente accesibles. De esta forma, los investigadores podrán utilizarlos para tratar de buscar relaciones entre la variación genética y determinadas enfermedades. A su vez, los resultados de estas investigaciones pondrán los cimientos para la nueva era de la medicina: la de la genómica personal, en la que será habitual y hasta rutinario el que las personas hagan secuenciar su genoma para predecir su riesgo individual de padecer cada enfermedad y su capacidad de respuesta a determinados fármacos.

 

Fernando Carrasco

Servicio de Genómica

Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” (CSIC-UAM)

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viernes, 04 de julio de 2008

Cuando en 2001 la editorial Sirius me encargó escribir un libro sobre transgénicos, recurrí a una triquiñuela de mercadería propuesta por mi querida compañera de la UAM, África Cruz, quien dirigía un seminario sobre técnicas de comunicación en clase: si el título no engancha, ya has perdido a la mitad de los potenciales lectores...

 


Dicho y hecho; para describir las técnicas, historia, legislación, aplicaciones, controversia, debates y funciones de los organismos modificados genéticamente, animales o plantas, es decir, los transgénicos, decidí un título que no dejaba indiferente: ¿Qué es un transgénico (y las madres que lo parieron)? No tengo muy claro si la fórmula del titular aplaudido por África funcionó o el contenido gustó; el caso es que siete años más tardes hemos decidido sacar una edición actualizada y completamente renovada, de lujo, tras agotarse la primera. No puedo ocultarles el orgullo de ver cómo la divulgación científica puede aparecer, al menos, medianamente atractiva. Pero... ¿por qué un título tan poco ortodoxo y que además, no tiene lógica?

 

Aunque parezca mentira, no se puede escribir un título con más rigor cuando hablamos de transgénesis en animales: pongamos, por caso, que queremos elaborar un ratón modificado genéticamente (con algún gen supuestamente relacionado con la obesidad, ya puestos...). Pues bien, necesitaremos una madre que aporte los embriones que vamos a manipular y, tras dicho proceso, otra madre, de alquiler, que recibirá dichos embriones y parirá a la futura camada transgénica. Lógico, ¿no? En animales superiores como cerdos, ovejas o vacas... podríamos hacer todo el proceso con la misma madre, pero no así en roedores. Tras superovular a una hembra y extraerle hasta 40 embriones recién fecundado, suele ser sacrificada. Por supuesto, nada de esto rige para plantas. Aquí, el alto grado de regeneración de estos seres vivos simplifica el proceso final de elaboración de una planta adulta, aunque la transferencia de los genes que queremos introducir también tiene... su aquel. ¿O pensaba que todo iba a ser coser y cantar, digo, coser y transferir?

 

JAL (CBM-UAM)

 

Nota: pincha en "enviar comentario" y en "escuchar" para acceder a unas grabaciones del programa Afectos Matinales de RNE sobre Transgénicos...

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viernes, 27 de junio de 2008

"Todos los científicos soñamos con responder alguna de las preguntas fundamentales de la Ciencia. Pero antes de responder a nada hay que plantearse cuáles son esas preguntas. Me gustaría dedicar estas líneas en el blog a plantear algunos de estos asuntos básicos..."

 


Pidiendo disculpas de antemano por mi atrevimiento, y sabiendo que probablemente deje en el tintero algunas otras esenciales, propongo cinco cuestiones para las cuales no tenemos respuesta satisfactoria (de momento) y que quizás podríamos considerarlas en el top ten de enigmas biológicos sin resolver. Desordenados, ahí van:

 

1)      El origen de la vida es un claro candidato a pregunta no contestada. Parece evidente que surgió una única vez, o que al menos sólo sobrevivió una “rama” de seres vivos (el alfabeto utilizado por los ácidos nucleicos es común a todos los seres vivos). ¿Surgió a partir de RNA autocatalítico, de proteínas o de otros compuestos orgánicos? ¿Es necesario algo más que los compuestos orgánicos de la sopa primordial de Oparin para que surja la chispa de la vida? ¿Es algo local, o por el contrario ocurre en otros planetas, si bien de forma distinta?

 

2)       Los mecanismos de la evolución son un gran enigma en biología. El esqueleto de esta disciplina se basa en el hecho de que los seres vivos cambian y se adaptan al entorno, con un continuo recambio de especies. ¿Cómo se combinan el surgimiento de las mutaciones en el DNA con la aparición de nuevos órganos, especies e incluso planes corporales? En otras palabras, ¿cómo combinar la microevolución (cambios en el DNA o incluso en genes) con la macroevolución (aparición de nuevas especies, géneros o incluso de phyla enteros)?

 

3)      El control del tamaño, tanto de los órganos como de los seres vivos, me parece uno de los misterios no resueltos: ¿Cómo un hígado o un brazo sabe hasta dónde crecer? ¿Por qué los seres humanos medimos 1,75 y la ballena 25 metros, con células de tamaño comparable? A pesar del aumento en el conocimiento de los mecanismos involucrados en el desarrollo, seguimos sin conocer si existe algún elemento común en el control del tamaño de los diferentes órganos de un organismo, dentro de la misma especie o entre ellas.

 

4)      El funcionamiento del cerebro es claramente uno de los campos más interesantes y desconocidos de la biología. Baste decir que el Dr Francis Crick, co-descubridor de la estructura del DNA entre otras muchas aportaciones a la biología molecular, decidió cambiar de campo de estudio y se dedicó los últimos años de su vida al estudio del cerebro.

 

5)      El envejecimiento podría considerarse uno de los misterios de la vida. ¿Por qué morimos? ¿Es necesario la muerte para darle sentido a la vida? Existen animales y plantas que son virtualmente inmortales, todos queremos ser longevos con buena salud. Para esto, es necesario conocer por qué las células envejecen, y cómo  se traduce esto en que nuestro organismo se haga viejo. A pesar de el esfuerzo tecnológico involucrado, ni siquiera hay consenso científico sobre qué significa envejecer.

 

Francisco A. Martín, PhD.

CBM Severo Ochoa, CSIC-UAM

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viernes, 20 de junio de 2008

Primer Simposio Nacional sobre Terapia Celular y Medicina Regenerativa en España. 12-12 Mayo. Centro de Cirugía de Minima Invasión Jesús Usón. Cáceres.

 

En el apunte anterior  (Martes 17 de junio 2008) continué con el repaso de los mejores resultados expuestos en Cáceres. Ahora, llega la entrega final…

 


Legislación

Agustín G. Zapata González, Catedrático de Biología Celular en la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid y, hasta hace poco, Subdirector General de Terapia Celular y Medicina Regenerativa del Instituto de Salud Carlos III, comentó algunos aspectos de la situación actual del tema tratado en el simposio: legislación, consideraciones éticas y problemática.

Por una parte, la normativa actual española sobre investigación con células madre embrionarias humanas se encuentra entre las más avanzadas del mundo, siendo garantista tanto en el control de la autorización de los proyectos como en su seguimiento. La creación del Banco Nacional de Líneas Celulares favorece el seguimiento de los proyectos, y las comisiones nacionales e internacionales sobre bioética velan por la buena praxis experimental; si bien, los actuales descubrimientos sobre la reprogramación celular podrían abrir expectativas mejores, más seguras y menos polémicas.

Por cierto, desde 2003, las células madre utilizadas en clínica están consideradas como medicamento, según detalló Natividad Calvente Cestafe, jefa de Servicio de Medicamentos Biotecnológicos, Hemoderivados y Terapias avanzadas (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, Madrid).

Y si queremos un titular final, podría ser éste: “A pesar de todos los esfuerzos científicos y clínicos, la escasez de resultados relevantes obtenidos cuando células madre adultas de distinta naturaleza se han aplicado a pacientes, están llevando al desconcierto y la desconfianza a muchos pacientes...”

 

Nota: Cellular therapy in hematology. Sevilla. Mayo 2008

Varios días después del simposio cacereño tuvo lugar, en Sevilla, otro Simposio Satélite previo al “Annual Meeting of the GETH (Grupo Español de Trasplante Hematopoyético)” con el título “Cellular therapy in hematology”. En él, quería destacar la intervención de Sergio Querol Giner quien, en 1995, estableció el Banco Barcelonés de Cordón Umbilical, siendo su director técnico hasta 2006. Actualmente es el Director de los Servicio londinenses Anthony Nolan de Cordón Umbilical. Mediante un sistema denominado CliniMACS, el equipo de Querol obtiene fracciones enriquecidas de células CD133+CD25+ para protocolos de medicina regenerativa. Un cordón umbilical (SCU) contiene típicamente unas 40 células CD133+ por microlitro con potencial para posteriores procesos de diferenciación. Recientemente, se ha descubierto una nueva subpoblación de células de SCU reguladoras de linfocitos T, CD4/CD25/CD45RA, que coexpresan el factor FOXP3 y tienen una alta capacidad de emigrar a los nódulos linfáticos para promover tolerancia tras una infusión. Es más, en ensayos de proliferación mixta de linfocitos, estas células se desarrollarían como supresoras. Cuando se compara con las células supresoras presentes en sangre periférica de adulto, estas nuevas células reguladoras de linfocitos T encontradas en SCU muestran una frecuencia de 20:1, frente a un 200:1 de las primeras. Estos resultados abren una nueva vía de explicación a la menor incidencia de Reacción de Injerto Contra Huésped (GVHD, en sus siglas en inglés) de los trasplantes de células de SCU. Una buena noticia en clínica, sin lugar a dudas... Por supuesto, el objetivo final de los trasplantes celulares será el obtener una buena aceptación del receptor, sin reacciones adversas, pero permitiendo las funciones inmunocompetentes vitales de sus células linfoides frente a agresiones externas.

 

JAL (CBM-UAM)

Nota: pincha en "enviar comentario" y en "escuchar" para acceder a unas grabaciones del programa Afectos Matinales de RNE sobre células madre embrionarias...

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