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sábado, 07 de noviembre de 2009

“Un día decidió que su pueblo merecía también disfrutar la hermosura de su traje y sale del palacio para recorrer su reino. El pueblo lo ve desnudo, pero por temor a contradecirlo, no dice nada. Hasta que un inocente niño lo descubre y grita:
“¡El Rey está desnudo!”

Extracto resumido de “El traje nuevo del Emperador” (Hans Christian Ardersen)


Siempre me he tenido por un inocente intrépido –o un intrépido inocente, para el caso…- con más sinapsis en la lengua que en el cerebro. Por ello, desde este mismo momento aseguro que no pretendo ofender, culpar, ni siquiera denunciar. Las cosas son como son. Los hechos, como los sueños, hechos son…

 

Hace poco hice algunas reflexiones sobre lo que consideraba eran puntos confusos en la selección de proyectos en difusión científica. Algunos de los comentarios dejaron claro que se trata de un tema polémico. En aquella ocasión, grité que “el rey estaba desnudo” más porque necesitaba escucharlo que por informar sobre esa obviedad. La selección de proyectos de divulgación científica, a mi parecer, adolecía de las garantías básicas.

 

Hoy, vuelvo a ver al “rey desnudo”. En esta ocasión, referente a la investigación básica y, nuevamente, al reparto de las pocas migajas presupuestarias para llevarla a cabo. Estamos en España muy acostumbrados a que premios al mejor investigador, grupo o línea joven, emergente se lo lleven investigadores que ya de lejos han pasado las cuarenta primaveras. Hasta ese momento, al parecer, se arrastra la etiqueta de becario o… “en formación”. Así están las cosas en un país que aspiramos al 2% del PIB para investigación (excluida la militar, quiero entender…).

 

Además, si has “crecido” científicamente en la rueda de un departamento universitario, la investigación no te pertenece. La productividad científica no te pertenece. Estás en un laboratorio, si hay suerte, haces la tesis, si hay suerte, sigues investigando para alguien, si hay mucha suerte. Siempre dependiendo de si, el “Group leader” de turno te apoya en mayor o menor medida…

 

Soy un afortunado; es cierto. Obtuve una plaza estable en 2001. Sin embargo, y a pesar de que, tal y como indican las siglas PDI (Personal Docente e Investigador), se presupone cierta obligación a la enseñanza (que me apasiona) y a la investigación (que me apasiona), no he conseguido un sitio físico mínimo donde tratar de llevar a cabo mis proyectos hasta principios del presente año (y no me pregunten la edad…). Durante estos largos años del nuevo milenio, nómada, con colaboraciones puntuales de gente que me aprecia (siempre hay un roto para un descosido, solía decir mi abuela…) he podido seguir adelante. Sin prisa y con las menores pausas posibles. Un artículo aquí, otro allá…

 

Ahora, la pescadilla debe dejar de morderse la colita (con perdón) y, por ello, con un pequeño espacio cedido, con un artículo recién publicado –varios en preparación, como mandan los cánones-; con una tesis recién leída; con varias tesis de máster, proyectos fin de carrera y colaboraciones en marcha, vuelvo a pedir un Proyecto del ansiado Plan Nacional. ¿En plena crisis pertinaz? ¡Debo estar loco! Pero bueno, tengo un as en la manga. El ministerio ya ha “bendecido” positivamente mi investigación. Me han concedido una beca FPI (Formación del Personal Investigador). Esto es, dinero para que un becario de buen ver –curricularmente hablando, claro…- investigue en mi laboratorio durante 4 años. Esta confianza en mi gestión investigadora me honra. ¡Vaya que si!

 

Sin embargo, no ha habido suerte. Tengo un continente, un contenido, una valoración positiva, pero no proyecto. Aquí está el dilema: “se me concede la confianza de un investigador en formación para cuatro años pero ni un duro para llevarla a cabo”… Son cosas que pasan. ¿Alguien necesita un becario “casi nuevo”?

 

Pero no acaba aquí la cosa –que hasta ahora no he pasado a valorar y solo a describir, con su dosis de ironía, eso sí; pero descripción pura y dura-. Lo que realmente me ha “descolocado” ha sido la justificación principal de la denegación del proyecto. El evaluador/a, en su perfecto derecho, sentenció:

El IP tiene experiencia en Virología pero sus contribuciones científicas en el campo y sus publicaciones son limitadas, habiendo realizado una gran labor de difusión científica a lo largo de los últimos años. Ello ha ido en detrimento del desarrollo de una actividad investigadora relevante

 

-         Sobre el primer punto, “contribuciones limitadas”, va en criterios, todos respetables, of course.

-         Sobre el segundo, “publicaciones limitadas”, nada que objetar. El no tener laboratorio, ni gente, ni proyectos no ayudan mucho a lo contrario.

-         Sobre el tercero: “gran labor de difusión científica… detrimento en actividad investigadora relevante”. ¡Éste sí que es un problema!

 

Como director de varias oficinas de cultura científica llevo muchos años intentando despertar inquietudes, vocaciones divulgativas entre mis compañeros científicos. Sin embargo, ahora, quizá, deba advertirles, como en las cajetillas de tabaco de que “el uso apasionado de dicha actividad puede dañar seriamente su salud productiva, su evaluación como investigador”. Es una pena, pues yo pensaba que, además de ser mi obligación, como científico, el hecho de manejar datos de un gran número de disciplinas, me abría la mente para abordar problemas específicos en proyectos concretos. ¿Con qué ánimo voy a soltar el discurso de “difundir es una obligación de todos los científicos” o “la sociedad tiene derecho a estar informado y el científico a ser evaluado por su capacidad como divulgador”… En fin… la pasión es la pasión…

 

Por supuesto alegué. Aclaré que mi bache en producción no se debía a mis éxitos como divulgador. Que tenía una FPI, tesis, artículos. En fin… de todo un poco, como en botica. Tampoco solicité ser más guapo que ningún otro evaluado –los milagros los suelo pedir los viernes por la noche…-, sino solo lo que se denomina un proyecto puente; es decir, cuatro duros que dan la oportunidad de demostrar, espartanamente, si eres merecedor de un verdadero proyecto. Nada. No hubo suerte. A lo mejor, debo hacer caso a los augurios y seguir por la vía de la divulgación. Ahí soy fuerte… ¡Ah, no, que tampoco consigo proyectos!

 

¡El Rey está desnudo! Andersen lo tenía claro…

JAL (CBMSO-UAM)

10:03 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (3)

jueves, 29 de octubre de 2009

Como director de varias unidades de cultura científica, debo reconocerles que llegando noviembre, me pongo muy excitado… Pero dejen que me explique... La coordinación de más de 20 actividades de divulgación científica para todos los públicos, no es para menos… Y es que, volvemos a acercarnos a una fecha ya casi mítica, mística, formativa y multitudinaria. Todo a un tiempo. Les hablo, lógicamente, de la Semana de la Ciencia


La IX Semana de la Ciencia representa, como señala la FECYT, el mayor evento de comunicación social de la ciencia y la tecnología que se celebra en España. No obstante, no hay que olvidar que estamos en un año especial de la Ciencia, con celebraciones en todo el mundo sobre, al menos, dos acontecimientos históricos: el nacimiento de Charles Darwin y, con él, del libro sobre el Origen de las Especies y, además y unos siglos antes, de la utilización del telescopio a manos de Galileo para explorar el universo…

 

Desde el Ministerio de Ciencia e Innovación, y articulado por las diferentes Administraciones Autonómicas, se pondrá al servicio de, por ejemplo, Agustín, mi vecino del 5º, infinidad de actividades en Museos, Universidades, Centros de investigación, parques tecnológicos o empresas. Estas actividades irán desde exposiciones, cursos o visitas guiadas hasta excursiones o conferencias, como la que, humildemente, organizo para ustedes el 17 de noviembre, sobre organismos manipulados genéticamente.

 

Más de 1000 actividades gratuitas repartidas entre los más de 400 organismos implicados pondrán al alcance de todos, la ciencia y la tecnología: física, matemática, biología, arqueología, psicología, música… Cualquier campo del saber humano tendrá su hueco en la Semana de la Ciencia. Así que ya sabe, vaya haciendo un hueco en su agenda. Ya puede hacer su reserva entrando en las páginas de la IX Semana de la Ciencia o través de su buscador de Internet favorito…

JAL (CBMSO-UAM)

20:41 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (2)

jueves, 22 de octubre de 2009

Tal y como suelo explicar en mis clases de microbiología, hasta un billón (millón de millones) de bacterias por gramo de heces pueden convivir con nosotros, ¡y sin estar enfermos!... Perdonad que empiece de esta forma tan… escatológica, pero tiene mucho que ver con el tema del que quiero hablarles hoy…


Las bacterias que conviven con nosotros, también podrían hacerlo en otros ambientes diferentes. Por ejemplo, hay bacterias de la flora vaginal humana que, curiosamente, en otras condiciones podrían incluso participar en la elaboración del yogurt  ¿cómo logran las bacterias adaptarse a los cambios ambientales?

 

Un reciente trabajo publicado en Science, dirigido por Matthew Waldor y con la colaboración de los científicos españoles Felipe Cava y Miguel Ángel de Pedro, podría contribuir a la elaboración de nuevos antibacterianos.

 

Trabajando con la bacteria Vibrio cholerae (el agente del cólera en humanos), observaron que estos organismos podían modificar intensamente su metabolismo ante carencias nutricionales, produciendo un tipo de aminoácidos denominados D-aminoácidos. Además, y aquí está la novedad, los cambios en unas bacterias inducían los mismos cambios en las bacterias vecinas, respondiendo, por lo tanto, igual ante el estímulo. Toda la población se adaptaba por igual al nuevo ambiente.

 

Estudiando los mecanismos que hacen que las bacterias modifiquen su metabolismo -estudiando estos procesos de comunicación entre bacterias-, se podrán obtener nuevos compuestos con característica microbicida, por poner un ejemplo que seguro que despierta curiosidad…

 

La vida bacteriana es fascinante. Llevan campando a sus anchas por la Tierra varios miles de millones de años y no dejan de aportarnos nuevas sorpresas. Por cierto y como también le comento a mis alumnos, si tenemos en cuenta que en nuestro organismo hay más bacterias que células… ¿No te has preguntado alguna vez si, en realidad, no seremos simplemente una supercolonia bacteriana… con patas? Ahí lo dejo...

JAL (CBMSO-UAM)

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17:46 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (6)

viernes, 16 de octubre de 2009

Soy director de una Unidad de Cultura Científica; investigador y profesor universitario. Me apasionan, divierten y ayudan a formarme, a partes iguales, como persona y divulgador, todos y cada uno de los proyectos tendentes a construir esos puentes necesarios entre los productores de ciencia y la sociedad. ¿Son conscientes nuestras Administraciones de esta vital necesidad social?


A juzgar por la experiencia que, a título personal –cada uno que se responsabilice de sus actos y que informe según vea los toros- estoy teniendo (sufriendo), tengo mis dudas de si aquello que irónicamente manifestara Unamuno, “que investiguen ellos”, y que yo extendería con “que divulguen ellos”, no se lo están tomando demasiado al pie de la letra... en la FECYT.

 

Si nos parecía que habíamos tocado fondo con la sorpresiva cancelación de la internacional Feria de la CienciaMadrid es Ciencia 2009-, con una incomprensible justificación presupuestaria, la forma de proceder de la FECYT tras, como he indicado anteriormente, el esperanzador año de la Ciencia, 2007, deja serias dudas de la sensibilidad de esta institución oficial con la divulgación científica.

 

Mientras que la Comunidad de Madrid ha apostado por establecer convenios directos, justificados y con el correspondiente seguimiento de gastos y actividades con cada una de las universidades madrileñas, sin exigirnos batirnos a muerte entre nosotros por un trozo de pastel presupuestario, desde la FECYT, las convocatorias de ayudas al fomento de la cultura científica son claramente insuficientes (en torno a los 4 millones, según afirman, para una necesidad próxima a los 40) para todas las interesantes propuestas de universidades o centros públicos y privados, entre otros muchos solicitantes. Claramente, la bolsa que se nos pone sobre la mesa es insuficiente, nos obliga a los centros a “luchar” entre nosotros, en vez de ser evaluados directamente por nuestras propuestas, su pertinencia e innovación, de forma individual.

 

Además, claramente, la evaluación de dichas propuestas de actividades se me antojan arbitrarias, poco objetivas y sujetas a leyes no descritas en la convocatoria y que, después, permanecen ocultas a los ojos del Investigador Principal que propone la actividad y que ve que sus recursos y alegaciones a una más que probable denegación inicial no es, en absoluto, contestada, aclarada y justificada...

 

Actividades que un año serán rechazadas, sin criterio, al año siguiente (y hablo, lógicamente, con conocimiento de causa: varios años de causas...), proponiendo el mismo proyecto, será elogiado por lo que, precisamente, fue rechazado la convocatoria anterior pero, ahora, surgirá otro motivo, inexistente un año antes, por el cual será rechazado. Así de sencillo, así de injusto, así de impotencia para los equipos que trabajan para proponer propuestas que abunden en la calidad de la información científica y técnica de los ciudadanos. De hecho, el hecho de que las bases de la convocatoria, y con esto terminaría, dejen claras las normas del concurso, la realidad posterior será que, probablemente, dichas normas no sirvan de referencia a la hora de que un proyecto sea rechazado o aceptado. ¿Criterios? El puramente subjetivo y dependiente completamente del ánimo del momento...

 

Si queremos dar imagen de un país serio, potenciar la investigación y su proyección social, no solo debemos ser honrados. Como la mujer del César, debemos parecerlo... No pierdo la esperanza. ¿Quién dijo aquello de... I had a dream...?

 

JAL (CBMSO-UAM)

1:25 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (16)

sábado, 10 de octubre de 2009

Cierre los ojos… Ábralos ahora… En este brevísimo periodo de tiempo, seguramente un nuevo artículo científico sobre células madre ha aparecido en algún laboratorio del mundo. Sí… lo sé… soy pesado, pero no se vaya…


A finales del pasado mes de junio, se presentó en la Real Academia Nacional de Farmacia el libro “Células madre y terapia regenerativa”, donde una decena de científicos, entre los que querría destacar a María Cascales y Flora de Pablo, académicas, coautoras y coordinadoras de la obra, reflejan y describen los últimos avances en investigación y clínica con células madre…

 

Una vez presentado el libro, procede hacer lo propio con el contenido. Por ello, a partir del próximo día 13 de octubre, a las 7.30 de la tarde y a lo largo de una semana (hasta el día 20), todos y cada uno de los científicos coautores de la obra darán una breve charla divulgativa en el Instituto de España, C/ San Bernardo 43, en Madrid, donde, por supuesto, están todos cordialmente invitados, eso sí, hasta completar el aforo.

 

Por dicho Instituto, que coordina todas las Reales Academias, además de las científicas mencionadas anteriormente, hablarán de sus investigaciones Bernat Soria, Augusto Silva (actual Director General de Terapias Avanzadas) o, ya puestos, el que les habla.

 

Tal y como se comenta en un tríptico informativo, los coautores esperamos contribuir a hacer realidad la mítica leyenda de la regeneración de Prometeo mediante el desarrollo de terapias dirigidas al mantenimiento y restauración de células y tejidos dañados.

 

Por supuesto, la manipulación de células adultas humanas para obtener las famosas reprogramadas o iPS, ilusión de próximas terapias, tendrán un papel destacado en las conferencias.

 

Este ciclo de conferencias mostrará muchos de los avances y retos aún pendientes en el conocimiento de las células madre y otras estrategias de la medicina regenerativa.

 

Para más información, les recomiendo la página web www.insde.es. Les espero.

JAL (CBMSO-UAM)

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0:47 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (0)

jueves, 01 de octubre de 2009

Ya hemos comentado en otras ocasiones la posibilidad de que algún agente infeccioso tome parte en diferentes enfermedades crónicas humanas como el Alzheimer o la Esclerosis Múltiple. Por supuesto, también se comentó que se trata solo una hipótesis de estudio, que estas enfermedades son muy complejas y que, con toda seguridad, hay muchos factores, genéticos, ambientales y, por qué no, biólogos, implicados. ¿Qué otros organismos, vivos o no, podrían estar implicados?


Concretamente, centrándonos en la enfermedad Esclerosis Múltiple, con cerca de tres millones de casos en el mundo, se ha hablado de bacterias (algunas implicadas en neumonía, por ejemplo, como las clamidias) y de varios virus, como el herpes 6, el Epstein Barr y, como últimamente se está investigando, el conocido HSV-1, el de las calenturas.

 

En este sentido, un estudio reciente realizado en nuestro laboratorio, publicado en la revista Experimental Cell Research, analiza los cambios que se producen durante la maduración y diferenciación de los oligodendrocitos, que son las células que protegen a los nervios y que resultan dañadas durante la enfermedad. Se ha visto, por ejemplo, que la maquinaria encargada del transporte de moléculas dentro de la célula se modifica cuando un oligodendrocito se vuelve muy maduro. Además, y curiosamente, estos cambios también se han visto durante la infección, in vitro, de estas células con el virus herpes. ¿Qué quiere decir esto? No se sabe, pero abre, indudablemente, una vía interesante de investigación puesto que, en caso de que la relación no sea una mera coincidencia y todo esto se relacione, finalmente, con la enfermedad, ¿por qué no decirlo?, siempre se estaría en disposición de encarar nuevas aproximaciones terapéuticas. 

Y esto no lo digo yo, que también, sino que Ruth F. Itzhaki, de la Universidad de Manchester, hasta sugiere que se trate con antiherpéticos a pacientes con Alzheimer. Algo exagerado, todavía, desde mi humilde punto de vista, pero tiempo al tiempo...

JAL (CBMSO-UAM)

18:21 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (7)

jueves, 24 de septiembre de 2009

Para tratar sobre los más recientes avances en el desarrollo de herramientas en la lucha contra las enfermedades infecciosas, el próximo 29 de septiembre se va a celebrar una jornada en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC.


La Jornada tendrá lugar en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC, Madrid) el próximo día 29 de Septiembre y tendrá como tema principal Nuevas herramientas para combatir enfermedades infecciosas.

La iniciativa reunirá investigadores expertos que presentarán, ante un público general, los más recientes descubrimientos que pueden ser utilizados en la lucha contra las enfermedades infecciosas.

La organización de esta jornada, a cargo de la Fundación Madri+d para el Conocimiento, contará con la colaboración del Prof. Miguel Vicente (CNB-CSIC), quien actualmente coordina dos proyectos dedicados al desarrollo de nuevos antibióticos para el combate de patógenos bacterianos: el proyecto Europeo de investigación DIVINOCELL, y el Consorcio COMBACT, financiado por el programa regional de apoyo a la I+D de la Comunidad de Madrid.

Como se puede leer en el programa, tratándose de una iniciativa destinada a la promoción y divulgación de la ciencia, la Jornada también incluirá una sesión sobre “Transferencia de resultados de la I+D y promoción de la cooperación científica y tecnológica en Biomedicina”.

Aunque la inscripción es gratuita, el aforo es limitado, por lo que es conveniente inscribirse en la página web que han creado para ello.

Alfonso Mora (CNB)

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viernes, 18 de septiembre de 2009

Todos nosotros dormimos. Nos acostamos por la noche cansados y nos levantamos por la mañana como nuevos. Parece obvio que es un proceso natural, pero traten de contestar a las siguientes preguntas: ¿duermen todos los animales? ¿Para qué sirve dormir? ¿Por qué es necesario? No se preocupen si no saben qué responder: a pesar de los grandes avances científicos de los últimos años, la ciencia tampoco tiene respuesta...


“Morir, dormir... ¿dormir? tal vez soñar”

                        W. Shakespeare. Hamlet

 

El sueño (dormir, no soñar) se define como una condición reversible de respuesta reducida a estímulos, usualmente asociada a inmovilidad. Esta definición permite diferenciarla del mero descanso (que no presenta disminución en la respuesta), y del coma (irreversible). Durante años se cuestionó la utilidad del sueño, planteando la llamada “hipótesis nula”: cuando no hay necesidad de comer o de reproducirse, es un estado de indolencia que no gasta energía y que es algo útil, aunque no esencial. Esta hipótesis está basada en que hay animales que no duermen, en que hay especies que no necesitan recuperar sueño y en la posibilidad de prescindir de él en algunos casos. Pero, ¿es cierto que el sueño no es universal?

 

Si bien sólo se ha estudiado en detalle en mamíferos y aves, una lectura cuidadosa de los trabajos publicados sobre especies “insomnes” sugieren que reptiles, anfibios, peces e, incluso, invertebrados muestran signos de sueño tanto a nivel de comportamiento como electrofisiológico. Por ejemplo, la mosca tiene una menor respuesta si está quiescente (“dormida”) durante unos minutos, e incluso hay cambios en la actividad cerebral y en la expresión génica semejantes a los observados en mamíferos. Una cosa curiosa es que los patrones de sueño cambian con la edad, como pasa con los humanos.

Pero veamos ejemplos de animales “insomnes”: la rana-toro y peces de arrecife de coral. Solo hay un estudio del primero en 1967, donde se observó que el ritmo de la respiración sufre un cambio tras pincharle, algo que sugiere que siguen respondiendo a estímulos. Sin embargo, el experimento no se pudo repetir en la fase del sueño con la tasa respiratoria más baja, ni con otros estímulos como luz o sonido, por lo que quizás su respuesta ante estímulos si podría estar afectada. En cuanto a los peces, para dormir se retiran al coral por la noche, donde siguen moviendo sus aletas aún cuando se mantienen inmóviles, sugiriendo que siguen procesando información sensorial. Sin embargo, la mortalidad nocturna es muy elevada, sobre todo 1-2 horas tras la retirada. Esto podría corresponder a la fase más profunda de sueño de los peces, de modo análogo a lo que ocurre en humanos y roedores, donde el sueño más profundo se alcanza justo tras quedarse dormido.

 

La pérdida de sueño sí tiene un efecto rebote para compensar, contrariamente a la creencia popular de que “el sueño no se recupera”: en todas las especies donde se ha mirado, tras un tiempo sin dormir, esta falta de sueño se recupera durmiendo más tiempo, más profundamente y/o de forma más consolidada (es decir, con menos interrupciones).

 

La falta continuada de sueño es letal en ratas, humanos, moscas y cucarachas, pero no en palomas, aunque siempre tiene dos efectos: la aparición de micro-episodios de sueño durante la vigilia, y un deterioro de las capacidades cognitivas, quizás debido más al “cansancio” de las neuronas que a la falta de sueño. Los delfines tienen un sueño uni-hemisférico (cada hemisferio cerebral duerme “por turnos”), lo que sugiere que dormir tiene una función esencial y no puede ser suprimido.

 

Pero, ¿para qué sirve? Si rechazamos la hipótesis nula, no tenemos ni idea. Según los doctores Cirelli y Tononi, debe cumplir la misma función esencial en todos los animales.  Este estado se puede alcanzar a través de diferentes mecanismos y con distintos fenotipos. Dado que el mayor efecto es la falta de relación cognitiva con lo que nos rodea, la función debe encontrarse a nivel neuronal y, por tanto, a nivel celular. Por último, no puede ser proporcionada por un descanso en vigilia, sino que necesita y se beneficia de la desconexión del entorno.

 

Como hemos visto, el sueño parece algo fácil de entender pero se mantiene, de momento, envuelto en el misterio para la ciencia. ¡Ah! una última cosa: los animales también sueñan, e incluso tienen pesadillas...

 

Francisco A. Martin, PhD

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miércoles, 09 de septiembre de 2009

“¿Por qué Opabinia, animal clave en una nueva concepción de la vida, no es un nombre familiar en todos los domicilios que se preocupan de los misterios de la existencia?” S. J. Gould

 

Aprovechando el aniversario del nacimiento de Stephen Gould, que se cumple el 10 de septiembre, este artículo quiere rendir homenaje a una obra que reúne las características más importantes que, en mi opinión, debe ofrecer un ensayo científico: análisis de datos relevantes y originalidad en su interpretación filosófica; profundidad y alcance de las ideas expuestas; creación de nuevos conceptos y, además de todo eso, capacidad divulgativa y belleza literaria. “La vida maravillosa”, de Stephen Jay Gould, es una de las obras de divulgación científica más importantes del siglo XX; un título esencial para cualquier biblioteca –indispensable en la de un biólogo- y una lectura deliciosa.


La fosilización de las partes blandas de un animal puede considerarse algo casi “milagroso” y, de hecho, el registro fósil está compuesto en su mayoría de partes duras (dientes, caparazones, huesos…). Pero en un lugar llamado Burgess Shale (esquisto de Burgess), una cantera de esquisto de las Montañas Rocosas canadienses, se produjo ese fenómeno, y a gran escala. Hay tres factores que, cuando coinciden, permiten la fosilización de las partes blandas: sepultamiento rápido, ausencia de oxígeno y microorganismos –agentes descomponedores de la materia orgánica- y condiciones geológicas benevolentes con el proceso de fosilización. Así se formó la fauna fósil de Burgess Shale.

 

Pero, ¿qué es lo que hemos aprendido de ella? Burgess Shale representa un periodo inmediatamente posterior a la llamada “explosión cámbrica”, ocurrida hace más de 500 millones de años y llamada así porque supuso la aparición de la mayoría de los tipos o phyla modernos. En ese yacimiento canadiense, Charles Doolittle Walcott, un afamado paleontólogo norteamericano, descubrió en 1909 una fauna exquisitamente conservada. Probablemente sus prejuicios le hicieron ver lo que no existía, y clasificó toda la fauna encontrada dentro de los tipos que se conocían en ese momento. No obstante, la revisión posterior –a partir de 1970- de la fauna de Burgess Shale, llevada a cabo por Harry Whittington, Simon Conway Morris y Derek Briggs, sacó a la luz un hecho extraordinario. Lo que allí se había encontrado correspondía a diseños anatómicos completamente desconocidos. Nada parecía encajar con los grupos taxonómicos establecidos hasta aquel momento. Géneros como Opabinia, Hallucigenia, Odontogriphus, Aysheaia, Anomalocaris o Wiwaxia inauguraban nada menos que nuevos phyla hoy inexistentes: la mayoría de los linajes hallados correspondían a grupos extinguidos. De hecho, sólo cuatro de aquellos grupos animales tuvieron éxito evolutivo, los demás, simplemente, desaparecieron. El apogeo de Burgess Shale fue, por tanto, una época de enorme diversidad a la que siguió una gran extinción.

 

Para expresar las características de ese proceso de extinción, Gould utilizó la palabra “diezmación”, que combina dos significados clave, aleatoriedad y eliminación en masa: “En este sentido combinado, la diezmación es la metáfora adecuada para el destino de la fauna de Burgess Shale: la eliminación al azar de la mayoría de linajes(La vida maravillosa). Y aquí aparece la cuestión fundamental: ¿Por qué desaparecieron unas especies y sobrevivieron otras? Para dar respuesta a esta pregunta, Gould introdujo el término «contingencia». Este concepto -para Gould, una larga cadena de estados impredecibles- expresa su concepción filosófica de la evolución: “A excepción de los trilobites, cada grupo superviviente tenía sólo uno o dos representantes en Burgess Shale. Estos animales no estaban destinados al éxito de ninguna manera conocida. No eran más abundantes, más eficientes o más flexibles que los demás. ¿De qué modo un observador de Burgess Shale podría haber separado de los demás a Sanctacaris, un animal conocido sólo por media docena de ejemplares? ¿De qué modo, como razonaba Whittington, podría el pronosticador de Burgess Shale haber dado su aprobación a Aysheaia, una criatura rara y extraña que se arrastraba sobre esponjas? ¿Por qué no apostar por el elegante y común Marrella, con majestuosas espinas en su escudo cefálico? ¿Por qué no por Odaraia, con sus aletas caudales sutiles y eficientes? Si pudiéramos rebobinar la cinta de la vida hasta Burgess Shale, ¿por qué razón no íbamos a tener un conjunto distinto de ganadores al volver a tocar la cinta? (…) No sabemos con seguridad que la diezmación de Burgess Shales fuera una lotería. Pero no tenemos pruebas de que los ganadores gozaran de superioridad adaptativa, o de que un pronosticador contemporáneo pudiera haber designado a los supervivientes. Todo lo que hemos aprendido de las monografías anatómicas más bellas y más detalladas de la paleontología del siglo XX retrata a los perdedores de Burguess Shale como adecuadamente especializados y eminentemente capaces(Op. Cit.).

 

Esta interpretación, ha servido también como réplica al “argumento de la tautología”, muy utilizado -aunque no sólo- por grupos creacionistas para refutar el darwinismo. Según aquél, “la supervivencia de los más aptos” contiene un razonamiento circular, ya que las especies que han sobrevivido son, por definición, las más aptas. Entonces, la definición de la selección natural se reduciría a la “supervivencia de los que sobreviven” y sería, por tanto, tautológica. Pero no hay ninguna evidencia científica de que las especies que sobrevivieron a la diezmación de Burgess Shale fuesen más aptas, es decir, gozasen de mayores ventajas o diseños predeciblemente mejores, ni de que las especies que desaparecieron fueran inferiores en diseño adaptativo. De hecho, Conway, Briggs y Whittington acabaron por llegar a la conclusión de que un observador que hubiera podido contemplar la fauna de Burguess Shale antes de la extinción, no habría sido capaz de señalar qué organismos serían los supervivientes. Como señaló Briggs, quizá algunas especies simplemente “tuvieron más suerte que otras”. Pero aparte de estos argumentos formales, en todo caso, hay que tener en cuenta que cuando Darwin habló de la selección natural, lo hizo en un contexto en el que la teoría más poderosa a la que se enfrentaba era la de la creación. Por ello, decir que ‘los animales que existen son los que han sobrevivido por ser más aptos’, es un argumento muy válido –por muchas pegas formales que a alguno se le pueda ocurrir- cuando se enfrenta al argumento ‘los animales que existen son los que Dios ha creado’. Todas las críticas y revisiones deberían, por tanto, reconocer ese gran valor, igual que hay que reconocer el gran valor científico que en su momento tuvo el lamarckismo aunque posteriormente se haya demostrado erróneo su fundamento.

 

Antes de terminar, no puedo dejar de mencionar a un animalillo que dejó su huella en Burgess Shale. En su catálogo de especies animales, Walcott incluyó un anélido de unos cinco centímetros de longitud al que llamó Pikaia gracilens. Cuando en 1979, Conway Morris analizó este supuesto gusano, llego a la conclusión de que era, en realidad, un cordado, el primer cordado conocido. “Pikaia es el eslabón perdido y final en nuestro relato de contingencia, la conexión directa entre la diezmación de Burgess Shale y la eventual evolución humana(Op. Cit.).

 

 

Así, sacudiéndose la necesidad de dioses, fundamentos teleológicos, diseños inteligentes, o finalismos supuestamente inherentes a la naturaleza, Gould termina esta extraordinaria obra con un mensaje que muestra el camino casi imposible que ha recorrido la materia desde el átomo hasta la autoconciencia y que contempla al ser humano como el creador de su propio destino:

 

Si Pikaia no sobrevive (…), somos barridos de la historia futura: todos nosotros, desde el tiburón al petirrojo y al orangután (…). Y así, si usted quiere formular la pregunta de todos los tiempos (¿por qué existen los seres humanos?), una parte principal de la respuesta (…) debe ser: «Porque Pikaia sobrevivió a la diezmación de Burgess Shale». Esta respuesta no menciona ni una sola ley de la naturaleza; no incorpora afirmación alguna sobre rutas evolutivas previsibles, ningún cálculo de probabilidades basado en reglas generales de anatomía o de ecología. La supervivencia de Pikaia fue una contingencia de la «simple historia». No creo que se pueda dar una respuesta «superior», y no puedo imaginar que ninguna resolución pueda ser más fascinante. Somos la progenie de la historia, y debemos establecer nuestros propios caminos en el más diverso e interesante de los universos concebibles: un universo indiferente a nuestro sufrimiento y que, por lo tanto, nos ofrece la máxima libertad para prosperar, o para fracasar, de la manera que nosotros mismos elijamos(Op. Cit.)

 

 

Raquel Bello-Morales

(CBMSO-UAM)

19:23 | gestionado por José Antonio López | Enviar comentario (7)

lunes, 03 de agosto de 2009

¿No era un ratón volador quien decía aquello de... No olvide supervitaminarse y mineralizarse...? Si, si, no disimule que usted también tiene ya una edad... Pues, ahora, para conseguir ambos efectos... bastaría con zamparse una buena mazorca... de maíz...


Lejos de las multinacionales que pueden generar algún recelo, no justificado, desde mi humilde punto de vista, investigadores moleculares de la Universidad de Lérida (o Lleida), con colaboración de la de Murcia y de la alemana Johann Wolfgang Goethe acaban de publicar en la revista PNAS la elaboración de un maíz, anarajando, supervitaminado.

Para ello, mediante manipulación genética, o transgénesis, se han creado semillas suplementadas con los genes responsables de la producción final de las vitaminas A, C y ácido fólico. El objetivo final: donar el producto para intentar evitar los defectos en vitaminas que puede sufrir hasta el 50% de la población mundial. Así, como lo oye...

Como digo, estamos hablando de un trabajo científico lejos del lucro y comercio. Por supuesto, antes de ir por ahí regalando maíz naranja, debido al suplemento de betacarotenos de la vitamina A, a diestro y siniestro, se quiere comprobar que, obviamente, el producto final es comestible e inocuo... por lo menos en modelos animales. En ratas, para ser más claros, y en la facultad de Medicina de Lérida para más datos.

Finalmente, por supuesto, el maíz será fértil, es decir, cualquier agricultor podrá cultivarlo para consumo propio.

Y ahora digo yo... con ejemplos como éste... ¿Quién puede seguir siendo reticente a las posibilidades potenciales de esta novedosa tecnología? Por lo menos el que les habla, ya está esperando a que la biología molecular le pida, literalmente... peras al olmo. Tiempo al tiempo.

JAL (CBMSO-UAM)

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