LoginRSS 2.0 Feed

jueves, 19 de noviembre de 2009

Juan Angel Vaquerizo y Ricardo Rizzo

Hace cuatro siglos Galileo Galilei observaba Júpiter con su telescopio y sus descubrimientos cambiaron nuestra forma de pensar el Universo. El 22 de noviembre se llevarán a cabo 24 horas de observacion en longitudes de onda radio del planeta.


La iniciativa forma parte del Año Internacional de la Astronomía y será posible gracias a los radiotelescopios de la Red de Espacio Profundo (Deep Space Network, DSN) de NASA y a la colaboración de los proyectos educativos PARTNeR y GAVRT.

El DSN consiste en una red mundial de antenas, con tres instalaciones: una en el desierto Mojave de California, otra cerca de Madrid y otra en Canberra, Australia. Estos estratégicos lugares permiten la observación constante de naves mientras la Tierra rota y convierte al DSN en el sistema de telecomunicaciones científicas más sensible en el mundo. Una fracción del tiempo de la red está disponible para proyectos de radioastronomía bajo un acuerdo entre NASA y los países huéspedes.

La radiación en longitudes de onda de radio que recibimos de Júpiter provienen de la emisión térmica del planeta, más la emisión no térmica de electrones de alta energía atrapados en la magnetosfera del gigante gaseoso. Debido a un diferencia en la alineación de los ejes de rotación y magnético de Júpiter, la intensidad no térmica varía al rotar el planeta y es más aparente en frecuencias entre 1 y 5 GHz.


Imagen de Júpiter obtenida con el telescopio Gemini usando técnicas de óptica adaptativa.

El período de rotación es cercano a 10 horas por lo que podremos observar casi dos rotaciones y media. El objetivo del proyecto es buscar variabilidad no-térmica generada por otras causas como variaciones en la actividad solar y los posibles cambios inducidos por el gran impacto observado por un astrónomo amateur cerca de Canberra en julio de 2009. La observacion podra ser seguida en directo a traves de la página web del Proyecto Júpiter24.

La participación de PARTNeR en este evento permitirá a los visitantes ver, en tiempo real, el funcionamiento de la antena durante la observación de Júpiter. Desde el sitio web del Proyecto Júpiter24, y a través de un enlace, se podrá ver el funcionamiento de HIDRA (Herramienta Interactiva para la Docencia de la Radio Astronomía), el software de control de usuario.

Este panel de control es el mismo que usan los estudiantes que participan en PARTNeR realizando observaciones radioastronómicas remotas, actuando durante las mismas como si de radioastrónomos profesionales se tratara. En este actividad no intervendrán usuarios externos para permitir la visualización de HIDRA a cualquier persona que visite la web del Proyecto Júpiter24.


Juan Ángel Vaquerizo y Ricardo Rizzo trabajan en el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA).

23:13 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (0)

miércoles, 18 de noviembre de 2009

David ByN

Las estrellas de tipo solar de y masa menor, durante los primeros millones de años, tiene discos de material circunestelar que pueden dar lugar a la formación de planetas que orbiten entorno al objeto central. Además, durante esta primera etapa, una estrella es muy activa, y presenta emisiones de material con gran frecuencia, que afectan a la región más interna del disco, que es justamente donde se encuentra la zona de habitabilidad, de la que ya hemos hablado en alguna que otra ocasión. Es la región de sistema planetario en cuestión en la que, de existir un planeta, de darían las condiciones adecuadas para la aparición de vida (esta condición no es suficiente). En el Sistema Solar, esta zona incluye a los planetas Venus, la Tierra y Marte.





La mayor parte de la radiación que emite una estrella de tipo solar proviene de su fotosfera y se localiza en el rango óptico del espectro electromagnético (el visible, entre 4000 y 9000 angstrom, aproximadamente). Sin embargo, existe radiación más energética (ultravioleta extrema, rayos X) que afecta de manera esencial a múltiples procesos atmosféricos (y biológicos) y que es diferente de una estrella a otra. En la gráfica se comparan los espectros de varias estrellas de tipo solar pero de edades muy distintas. Cuanto más jóvenes, más intensa es la radiación energética en promedio.



La altísima actividad de las estrellas jóvenes impide, en principio, que haya vida en los sistemas protoplanetarios, ya que aquélla actuaría como esterilizador. Es necesario que pasen varias decenas o centenares de millones de años antes de que la actividad estelar decrezca de manera sensible y permita la aparición de vida (si es que realmente aparece).




Comparación de los espectros de muy baja resolución de los tres grandes planetas telúricos del Sistema Solar: la Tierra (en azul), Venus (naranja) y Marte (rojo), cubriendo el rango desde el visible hasta el infrarrojo térmico. Entre las características más reseñables, está la presencia de ozono (O3) en nuestro planeta, que nos proteje de la radiación ultravioleta que proviene del Sol. (crédito Tinetti).



En el Sistema Solar se pueden diferenciar cuatro hábitats que pudieran contener agua líquida, que parece ser una condición sine qua non para la aparición de actividad biológica. Los dos primeros casos tienen como exponentes a la Tierra y Marte (y tal vez Venus), en donde existe o ha existido agua en la superficie. El tercer tipo de hábitat, representado por Europa. Correspondería a un océano debajo de la superficie del planeta (o del satélite) que estaría en interacción con una manto formado por silicatos. Finalmente, Ganímedes podría ser el mejor ejemplo del cuarto tipo, en el cual el océano liquido estaría delimitado pon sendas capas de hielo en las fronteras superior e inferior. Las analogías, siempre peligrosas, indicarían que solo en los dos primeros casos existe una probabilidad significativa de encontrar vida.




Espectro infrarrojo cercano del exoplaneta HD189733b, tomado con el telescopio espacial HST y su instrumento NICMOS. En la figura se identifican varios moléculas sencillas. Crédito M. Swain y NASA/ESA.



Desde el punto de vista bioquímico, por analogía con la Tierra, es necesaria la presencia de varios elementos químicos esenciales para la vida: hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre, y trazas de hierro y magnesio. Por lo que sabemos del Sistema Solar, su accesibilidad debería ser relativamente sencilla en planetas rocosos y satélites de gigantes gaseosos, entre otros ambientes. De hecho, se ha encontrado compuestos prebióticos esenciales tales como agua, monóxido y bióxido de carbono (CO y CO2), fomaldeído (H2CO), nitrógeno molecular (N2), cianuro de hidrógeno (ácido cianhídrico, HCN), sulfuro de hidrógeno (ácido sulfhídrico, H2S) y metano (CH4) en cometas (en las comas). En los escasos casos en los que han podido ser observados, se han detectado varios compuestos simples: agua y amoniaco, y nieblas de monóxido y dióxido de carbono. Por tanto, es más que probable que los bloques iniciales para el inicio de actividad biológica estén disponible por doquier. Si la vida aparece y es capaz de mantenerse, es un problema distinto.



ENLACES:




17:26 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (0)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

David ByN

En nuestro planeta, se puede encontrar actividad biológica en medios muy distintos: desde los glaciares vientos de la meseta antártica a la sofocante humedad cálida del Trópico o la aridez ardiente del Sahara; en la negrura de las más profundas simas abisales a las resplandecientes cumbres nevadas de los techos del mundo; en volcanes o en medios tan ácidos como los de Río Tinto. Cambian las condiciones físicas y químicas, pero aún así siempre hay un nicho cubierto por un conjunto de especies. Pero la Tierra, con toda su variedad, solo cubre un exiguo rango de temperaturas y presiones o de niveles de radiación. La temperatura más baja registrada en la Antártica puede rondar los -89.4 grados centígrados, y el valor más alto medido en el desierto más caliente alcanza los +58 grados. Esto es, un rango de unos 150 grados. La mayor parte del planeta tiene unas oscilaciones mucho más reducidas.





La zona de habitabilidad en función de la distancia a la estrella central y a su masa (y con etiquetas los tipos espectrales aproximados). Por comparación se incluye los planetas más internos del Sistema Solar y los cuatro descubiertos orbitando alrededor de la estrella GJ 581.



El clima terrestre depende, entre otros factores, de uno esencial: el Sol y de la cantidad de energía que de él recibimos. Esto es, depende de la energía que irradia nuestra estrella (unos 3,65 x 1023 kilovatios) y la que llega a la Tierra (la denominada constante solar, 1,366 vatios por metro cuadrado), que depende de la distancia entre la Tierra y el Sol y de la sección eficaz de la Tierra (el área que “ve” el Sol). Esta cantidad de energía es esencial para que el agua se encuentre en estado líquido. Marte, que se encuentra una distancia mayor del Sol (1.52 veces la distancia media entre el Sol y la Tierra, o unidades astronómicas), recibe solo un 43% de la energía que llega a nuestro planeta por metro cuadrado (depende con el inverso del cuadrado de la distancia). Por tanto, el agua en Marte se encontraría preferentemente en estado sólido, ya que la temperatura media de la Tierra es de unos +10 grados centígrados (por encima del punto de fusión del hielo), cuando la de Marte es de unos -63 grados centígrados. En cualquier caso, la variación en un planeta puede ser muy grande (en el caso de Marte, entre -140 y +20 grados centígrados). Y la distancia entre la estrella y el planeta no es el único factor determinante, como se pone de manifiesto al comparar los casos de Venus y Mercurio. El primero, más cerca del Sol que la Tierra, tiene una temperatura media de +465 grados centígrados, bastante más alta. Como contraejemplo está Mercurio, cuya temperatura superficial, unos +167 grados centígrados, es inferior a la de Venus, a pesar de estar mucho más cerca del Sol. Y es que la composición química de la atmósfera de un planeta (Mercurio tiene una muy tenue) es tremendamente importante.

En nuestro planeta se ha encontrado actividad biológica bajo condiciones muy distintas: desde temperaturas por debajo del punto de congelación del agua a presiones normales (bajando hasta -20 C), alcanzando incluso los 121 C.


La zona de habitabilidad en el Sistema Solar

La zona de habitabilidad alrededor de una estrella se define como el rango de distancias orbitales en donde un planeta podría contener agua líquida. Este fenómeno implica que se asume que el agua es indispensable para la aparición de la vida, lo cual no tiene que ser rigurosamente cierto.

La zona de habitabilidad depende principalmente de dos factores: la masa de la estrella y su edad, ya que al evolucionar, una estrella cambia su tipo espectral y su luminosidad. El límite inferior de la zona de habitabilidad se estima a partir de la fotodisociación de agua. Esto es, cuando la radiación solar es tan intensa que el agua se descompone en sus elementos básicos, oxígeno e hidrógeno, y éste último escapa del planeta al no poder ser retenido por el campo gravitacional del planeta. En buena medida arbitrariamente, se estima que la radiación requerida es 1.1 veces la constante solar (1,1x1,366 vatios/m2). En el Sistema Solar, ello equivale a 0.95 unidades astronómicas). El límite superior de la zona de habitabilidad lo impone la condensación de dióxido de carbono (CO2). Una estimación conservadora indica que ello ocurre a un valor de 0.53 veces la constante solar. Nuevamente, en el Sistema Solar, esto equivale a 1.37 unidades astronómicas.

Las estrellas evolucionan y su luminosidad cambia. Por ello, se ha definido el concepto de Zona de Habitabilidad Continuada (ZHC), que representa el rango de distancias orbitales para las cuales la constante solar se mantiene dentro de estos límites (1.1-0.53) durante una parte significativa de la historia de una estrella. Dado que el Sol aumente lentamente su luminosidad, en el Sistema Solar la ZHC se localiza entre 0.95 y 1.15 unidades astronómicas. Por tanto, es en este rango de distancias orbitales donde, en principio, se debe buscar agua líquida y, por tanto, vida. Al menos tal y como la conocemos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que otros factores, tales como el efecto invernadero (la temperatura media de la Tierra estaría varios grados por debajo de su valor sin este efecto debido a gases como el CO2 y el metano en su atmósfera) , la actividad geológica (tectónica de placas y la consecuente emisión de gases a la atmósfera), la presencia o ausencia de campos magnéticos globales (que protegen del bombardeo de partículas altamente energéticas que provienen del Sol), o el albedo (la cantidad de energía que llega desde la estrella que es reemitida al espacio, pueden jugar un papel crucial en la aparición y mantenimiento de actividad biológica.


La zona de habitabilidad en otros sistemas planetarios

La zona de habitabilidad alrededor de otras estrellas se define de manera análoga. Basta con comparar la luminosidad de la estrella con la del Sol para calcular la distancia media de esta región, según:

Distancia(ZH, estrella) = [Luminosidad(estrella) / Luminosidad(Sol)]0.5, en unidades astronómicas

Para calcular el radio mínimo y máximo de su zona de habitabilidad, basta con multiplicar Distancia(ZH,estrella) por los factores 0.95 y 1.37, respectivamente.

Así, en una estrella de tipo M, las más numerosas en nuestra galaxia, de baja masa y luminosidad, la zona de habitabilidad se encuentra muy cerca del astro central. De hecho, está tan próxima que un hipotético planeta localizado en dicha órbita se encontraría con un periodo de rotación igual al de revolución, debido al efecto marea, al igual que le sucede a la Luna con la Tierra. Este es un factor que puede, o no, afectar las condiciones de habitabilidad del planeta, así como otros elementos orbitales, tales como la excentricidad de la órbita o la inclinación del eje de rotación respecto al orbital.

El sistema planetario múltiple asociado a la estrella Gliese 581 posee un planeta que podría estar bajo estas condiciones (Gl581c), ya que podría tener una masa de alrededor cinco veces la masa de la Tierra y su distancia a la estrella central, de tipo espectral M3, es de 0.073 unidades astronómicas. Se especula que Gl581c podría contener agua en estado líquido. En cualquier caso, un hipotético satélite que orbitase alrededor de este planeta no se vería limitado por el efecto marea y podría experimentar ciclos día-noche. Sea como sea, es de suponer que caso del sistema de Gl581 no sea único y misiones espaciales como Corot y Kepler descubran numerosos sistemas como éste.



ENLACES:




16:23 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (2)

viernes, 06 de noviembre de 2009

Jaime Zamorano
UCM
La Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid organiza la exposición Del Saber de las Estrellas: Libros de Astronomía en la Biblioteca Complutense, en la que, a través de una cuidada selección de 105 obras (manuscritos e impresos de los siglos XV a XVIII), se ofrecerá un recorrido por los títulos y autores más relevantes de la historia de la Astronomía. Un conjunto de textos científicos que durante más de cinco siglos han sido utilizados por alumnos, profesores e investigadores para su formación en las artes astronómicas.


El título de la muestra se inspira en el códice Libros del Saber de Astronomía, originario del escritorio de Alfonso X, en Toledo. Contiene en traducciones hechas del caldeo y del árabe, puestas en castellano con intervención directa del rey, en fecha cercana al año 1276, varios tratados astronómicos. Este manuscrito ocupa un lugar privilegiado en el conjunto de la exposición y estará expuesto sólo hasta el 17 de noviembre.









En el marco de las actividades organizadas en este Año Internacional de la Astronomía (IYA 2009), en el que se celebran los 400 años desde que Galileo Galilei apuntó por primera vez al cielo con un telescopio, esta muestra constituye una de las grandes citas en la que nuevas lecturas de tratados antiguos nos acercarán a un pasado lleno de descubrimientos, que nos sigue hablando y nos permitirá seguir aprendiendo del Universo.

La exposición está abierta de lunes a viernes de 9:00 a 20:30 ininterrumpidamente hasta finales de enero de 2010 en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla en la calle Noviciado, núm 3, 28045 Madrid







Para los que no puedan asistir en directo se ha elaborado una magnífica exposición virtual.





12:47 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (0)

jueves, 05 de noviembre de 2009

David ByN

Dentro del Sistema Solar se aprecia una clara dicotomía en las propiedades de los ocho planetas: aquéllos que se asemejan a la Tierra, pequeños y densos; y los gigantes que se encuentran el la región más exterior, con densidades próximas a la del agua. Éstos, a su vez, se diferencian en gigantes gaseosos (Júpiter y Saturno, formados por hidrógeno y helio, al igual que el Sol, y que son los dos elementos atómicos más ligeros) y gigantes de hielo (más pequeños, y que contienen cantidades significativas de otros elementos ligeros, como carbono y oxígeno, en forma de hielos).

Durante años se suponía que, de existir algún sistema planetario alrededor de otra estrella, ésta sería muy similar al Sol, y tanto la jerarquía como las masas y propiedades de sus planetas serían semejantes a las que encontramos en el Sistema Solar, con planetas de tipo terrestre (esencialmente rocosos) y otros similares a Júpiter (mucho más masivos y gaseosos). Sin embargo, con el descubrimiento de, a día de hoy, 403 planetas en más de 320 sistemas planetarios, se puede decir que una palabra describe las propiedades básicas: diversidad. De entre ellos, 62 muestras tránsitos, y es posible en muchos casos derivar propiedades tales como su masa y el radio, lo que permite una comparación directa con los hermanos de la Tierra. Así, los exoplanetas, por analogía y comparación con modelos teóricos, se pueden agrupar en los mismos tipos que los planetas del Sistema Solar. En cualquier caso, la diversidad persiste, y dentro de ella están los extremos, los planetas que se salen de toda norma, que van mucho más allá de lo que la imaginación podría sugerir.




Radio de diferentes planetas, incluyendo varios dentro del Sistema Solar, frente a su masa. Claramente se distinguen varias subgrupos que según la composición global: esencialmente hidrógeno y helio, como es el caso de los gigantes gaseosos (Júpiter y Saturno), una proporción significativa que incluye distintos hielos (Neptuno y Urano), y los más densos, formados por silicatos y materiales férricos, como la Tierra (ningún ejemplo de este tipo se ha encontrado fuera del Sistema Solar). Versión elaborada a partir de un diagrama de Fortney et al. 2007).



En realidad la situación no es tan distinta a lo que conocíamos. Si miramos a los componentes del Sistema Solar e incluimos también a planetas enanos y a los satélites, nos percataremos que muchos de esos extremos están cerca, son nuestros vecinos: Incluso habitamos en un de ellos. Veamos algunos ejemplos:



I) Propiedades físicas:

  • TrES-4b, el planeta de mayor tamaño, con un radio de 1.799 veces el de Júpiter (1 RJupiter =12.15 RTierra, 1MJúpiter = 318 MTierra). CoRoT-7B posee el récord de tamaño mínimo, con 0.15 RJupiter, fuera del Sistema Solar.
  • PSR 1257+12 b, el planeta de menor masa, 0.022 MTierra, similar a la Luna o Mercurio, con 0.055 MTierra.
  • La Tierra por la alta densidad. Dentro de los muy densos se encuentra también XO-3 b.
  • Por su composición química, destacan Júpiter, Mercurio, y HD 149026 b. Dentro de este grupo se encuentran satélites en el Sistema Solar, como la Luna, por su carencia de agua, y Tetis, perteneciente al sistema de Saturno, por la gran cantidad de este compuesto químico.
  • Por su temperatura superficial, HD 149026 b, unos 2000  kelvin.

II) Propiedades dinámicas:

  • Por su órbita, Corot-7b y WASP-18b, a 0.0172 y 0.02026 AU, o Fomalhaut b y HR8799b, a 115 y 68 AU, respectivamente. Mercurio y Neptuno, en el Sistema Solar, se encuentra a 0.39 y 30.04 UA, respectivamente. La unidad astronómica (UA) es la distancia media entre la Tierra y el Sol, y equivale a unos 150 millones de kilómetros.
  • Por su rotación, también Corot-7b (0.85 días) y WASP-18b (0.94 días), ya que su periodo de rotación está ligado al orbital debido a la acción de fueras de marea. En el Sistema Solar, Júpiter (0.41 días) y Venus (243 días).
  • La excentricidad de la órbita de vB10 b, el primer planeta detectado por astrometría, se aproxima a 1 (<0.98 casi parabólica), al igual que HD20782b (e=0.97).


III) Configuración del sistema planetario:

  • Complejidad del sistema planetario. Después del Sistema Solar, el correspondiente a 55 CnC, con 5 exoplanetas. Alrededor de la estrella Gl581 se han detectado cuatro exoplanetas y otro tanto ocurre para HD160691.
  • El planeta enano Plutón, junto con su satélite Caronte, por ser prácticamente gemelos, de masa equiparable.
  • Por la estrella huésped: PSR 1257+12 b, una estrella de neutrones; GJ 317, vB 10 o ChaHa 8, situadas alrededor de límite subestelar, y valores estimados para las masas como 0.25, 0.081 y 0.078 masas solares, lo que equivale a 262, 85 y 82 veces la masa de Júpiter; Epsilon Tau, BD 20 2457 o NGC4349 #126, en el rango más alto de las masas estelares, 2.7, 2.8 y 3.9 masas solares, respectivamente).
  • Por el entorno, PSR B1620-26 (una estrella de neutrones) localizado en un cúmulo globular (M4) que incluye cientos o miles de estrellas, además de tener como compañera a una enana blanca.



ENLACES:



11:19 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (0)