David ByN
Esta semana ha sido especialmente importante desde el punto de la Astronomía espacial. Cuatro han sido los eventos significativos: la puesta en órbita del “shuttle” Atlantis para la reparación del telescopio espacial Hubble, el
lanzamiento de los nuevos observatorios Planck y Herschel y el final de la fase criogénica del satélite Spitzer.
El observatorio espacial
Spitzer , que fue lanzado el 23 de agosto del 2003, terminó la fase fría de su misión, debido al agotamiento del helio líquido que permitía que el sistema se mantuviera a muy bajas temperaturas, el pasado día 15. Justo un día después del lanzamiento desde Kourou del que está llamado a revolucionar nuestro conocimiento de la Astronomía estelar y extragaláctica de objetos fríos: el observatorio Herschel.
Spitzer ha cambiado nuestra visión de del Universos de múltiples procesos que en él acontecen. En el campo de la formación estelar y de sistemas explanetarios, se puede decir, sin lugar a equívocos, que nada es igual. El
satélite seguirá funcionando varios años más , pero de manera limitada y solo para los rangos de longitudes más cortas, para los cuales no es tan crítico mantener temperaturas extremadamente bajas.
Ahora es el momento de
Herschel. Operará un mínimo de tres años, con un máximo de cuatro, limitado también por su carga de helio líquido que enfría el observatorio. Cuando llegue a su destino final, en el punto de Lagrange L2, en la dirección contraria al Sol y a unos 1.5 millones de kilómetros de nuestro planeta, empezaremos a abrir nuevas puertas a un Universo que ha estado, en buena medida, inaccesible.
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