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domingo, 01 de febrero de 2009

David ByN

La Vía láctea, nuestra galaxia, tiene forma espiral y contiene una estructuras bien diferenciada. Un núcleo con una gran densidad de polvo, que permite acceder visualmente a la parte más central, donde se supone que habita un agujero negro supermasivo. Un disco donde se concentra gran parte de su masa, y que se caracteriza por sus brazos en espiral y población estelar joven. Estos brazos en espiral nacen de una barra central. Finalmente, existe una población estelar más dispersa y vieja, que constituye el halo.




La imagen muestra parte de la Vía Láctea, en la dirección de la constelación del Cisne (Las estrellas Deneb y Albiero, que describen parte del mismo aparecen claramente en la parte central). Ora estrella muy conocida, Vega, se encuentra desplazada respecto al plano que describe la galaxia. Justamente en este espacio es donde la misión espacial Kepler realizará su búsqueda de planetas extrapolares. (Crédito NASA/Kepler/Carter).



El Sol, y con el nuestro sistema planetario, está localizado en un brazo menor denominado Brazo de Orión o la Espuela de Orión por la proximidad a la nebulosa del mismo nombre (a unos 400 parsecs).




Dibujo con un reconstrucción de la Vía Láctea, que muestra la región de la Galaxia que será monitorizada con el satélite Kepler (crédito A. Lomberg).



En un viaje imaginario, podemos reconstruir cómo se vería el Sistema Solar desde cientos de parsecs, en la vecindad de la Galaxia. El Sol es una estrella moderadamente masiva, que no destaca entre las centenares similares que podemos encontrar en este volumen. Pero si la orientación del plano de las órbitas es la adecuada respecto a un hipotético observador exterior, éste podría apreciar pequeñísimas variaciones periódicas en el brillo del Sol. Estarían causadas por los tránsitos de los ocho planetas sobre el disco solar. Por supuesto, debido a que este fenómeno depende esencialmente de los tamaños relativos de planetas con la estrella central, el efecto que dominaría sería el provocado por Júpiter. Sin embargo, el supuesto observador debería poseer una gran paciencia, dado que el periodo orbital de este planeta alrededor del Sol supera los 11 años.




Localización en el cielo de los campos que observará Kepler con sus 21 detectores.



Este mismo método será usado por un misión de NASA que será lanzara este mismo año, denominada Kepler, en honor del gran astrónomo de los siglos XVI y XVII. Este observatorio espacial observará de manera continuada la misma región del espacio durante varios años, con el objetivo primordial de detectar exoplanetas que orbiten alrededor de las estrellas localizadas en ese campo. Dada su exquisita precisión fotométrica, se espera que incluso sea capaz de detectar planetas rocosos, análogos a la Tierra aunque probablemente algo más grandes y masivos. Por supuesto, producirá un inmenso cátalogo que no solo incluirá exoplanetas rocosos y gigantes gaseosos, sino que también estudiará con gran detalle diferentes tipos de estrellas binarias eclipsantes y otros tipos de variabilidad. Así, Kepler ayudará considerablemente a entender diferentes fenómenos astrofísicos asociados a estos tipos de comportamientos: desde la evolución estelar hasta las propiedades de las atmósferas estelares.

La misión Kepler será lanzada el próximo 5 de marzo. Dentro de su programa "Cosmic Vision", la Agencia Espacial Europea tiene un ptroyecto similar, que todavía se encuentra en una fase preliminar, sin la aprobación final, denominado Plato. De salir adelante, no se lanzaría hasta la segunda mitad de la próxima década, aproximadamente.


ENLACES:



PD (2009/II/04):
Corot, una misión menos ambiciosa que Kepler, pero que lleva varios años funcionando, ha descubierto varios planetas exosolares. El último, una supertierra caracterizada por ser masiva (varias veces la masa de nuestro planeta), pero con una densidad similar. Corot es un satélite frances con colaboración de la Agencia Espacial Europea y con una participación significativa española.





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