David ByN
Cosmos: una famosa serie, que causó furor en su momento, que
impulsó a mucha gente a soñar con el Universo. Ahora me doy cuenta que fue
mucho más que eso.
Al menos en España, Cosmos fue mostrado en televisión a
comienzos de los años 80. Si no me engaña la memoria, en 1982. En buena medida,
fue una revolución, por sus contenidos, por la manera de presentar la
información, incluyendo sus novedosos
gráficos, o su excepcional banda sonora. Una forma inédita de hacer divulgación.
Impactante, pero rigurosa. Y por un hombre apasionado, el astrónomo planetario
Carl Sagan. Entonces yo estaba en el colegio, y realmente me causó un gran
efecto. Fue una de las causas que me empujaron hacia la Astronomía como profesión.
Al igual que yo, muchos jóvenes se sintieron inspirados por esta serie. Y por
este hombre.
Años después la serie fue actualizada. Los contenidos
incluyeron los descubrimientos realizados en ese lapso de tiempo. Yo ya estaba en la
universidad. En ese intervalo la revolución de los ordenadores personales
habían cambiado muchas cosas, y los gráficos de la serie quedaban, en buena
medida, obsoletos. Las imágenes eran, hasta cierto punto, primitivas. Aun así,
el encanto se mantenía.
Durante este fin de semana he visto nuevamente la serie. La primera vez fue un
fragmento, luego fue casi un capítulo completo. Como astrónomo consagrado, alguna de las imágenes o de las
afirmaciones me causaron cierta sonrisa, ya que la instrumentación actual (en sensibilidad y resolución espacial) poco tiene que ver con lo disponible entonces. Sin embargo, estaba equivocado. El
contenido más importante no era el astronómico, no. Sagan se convierte en
verdadero maestro en muchos ámbitos, y no solo en los científicos.
Cosmos no es solo una serie de Astronomía, o de Ciencia en
general. Cosmos nos habla de los seres humanos, de la Historia, de la Cultura, del amor a
nuestro planeta. De la gran aventura que es estar vivos, de estar aquí.
Recomendable no solo para las nuevas generaciones de astrónomos, de
científicos. Casi diría que indispensable para la formación de adultos
responsables, de ciudadanos.
“Come with me” –ven conmigo-, termina diciendo Sagan en la
introducción. Sí, el viaje merece la pena.