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sábado, 11 de agosto de 2007

David ByN

No solo navegan por el Caribe. Los piratas y corsarios se pueden encontrar en todos los ámbitos, incluso en ciencia. Un caso muy curioso, por los nombres de científicos involucrados (Newton y Halley), es el de las cartas celestes de John Flamsteed, cuyo fin era la mejora de la navegación.

Recientemente hemos asistidos a varios escándalos de pseudos-científicos que plagiaban resultados de colegas o, directamente, se los inventaban. También están los que piratean, por una razón u otra, los resultados de otros. Isaac Newton y Edmund Halley, sorprendentemente, entran en esta última categoría.


Carta celeste de John Flamsteed, correspondiente a las constelaciones de Perseo y Andrómeda (crédito Observatorio de Brera) .

La historia ocurrió en 1712, en el contexto de la búsqueda de un método astronómico para medir la longitud en alta mar (esto es, determinar la posición de un buque). El problema fue importantísimo en los siglos XV-XVIII, hasta su solución “satisfactoria” en 1773. Sobre esta interesante historia, que implica potencias coloniales, desarrollo científico y tecnológico, y egos humanos, hablaré otro día.

El hecho es que John Flamsteed, primer astrónomo real inglés, nombrado en 1675, tenía encomendado “la correcta determinación del movimiento de los cielos, las posiciones de las estrellas y la localización de la longitud con objeto de perfeccionar el arte de la navegación”. Después de más de 35 años desde el inicio de las observaciones sistemáticas, Flamsteed, observador infatigable y perfeccionista, seguía sin publicar sus cartas celestes. Newton (personaje verdaderamente curioso), como miembro del comité de longitud nombrado a la sazón por el parlamento inglés para encontrar un método preciso de determinar la posición en alta mar, con la ayuda de Halley, se hizo con la mayor parte de los registros de Flamsteed. Fueron publicados en 1712 sin reconocer el papel que Flamsteed había tenido en todo el proceso, la propuesta inicial de tan ambicioso proyecto, los años de medidas, las noches interminables tomando datos.

Como venganza, Flamsteed acaparó unas tres cuartas partes de la edición del atlas celeste de Newton y Halley y quemó los libros frente al Royal Greenwich Observatory. Clara señal de la reprobable actitud de Newton y Halley (cuanto menos poco ética) y una reivindicación de su trabajo. Finalmente, su monumental obra Historia Coelestis Britannica fue publicada en 1725, seis años después de su fallecimiento.





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