David ByN
Siempre hay gente que es escéptica y no termina de creer que los gobiernos inviertan en ciencia básica. Suponen que hay una segunda intención. Las formas y localizaciones de los observatorios astronómicos en ocasiones dan alas a tales especulaciones. Un caso típico es el de los telescopios gigantes "Very Large Telescope" (VLT), localizados en el desierto de Atacama, en Chile. Ahora que el
laser (un mecanismo para optimizar la calidad de las imágenes) está funcionando, la polémica está servida.
Dos de las cúpulas del VLT, junto con el laser y la Via Láctea como fondo. Imagen en alta resolución.
Y es que ver a las grandes estructuras de las "cúpulas" de los cuatro gigantes sobre la meseta artificial de la montaña, y la emisión del laser saliendo de una de ellas, no deja de ser impresionante. Pero no es solo eso. Las entrañas de los telescopios, con su dédalo de corredores subterraneos por donde se mezclan los
haces de luz del interferómetro, garantizan que uno se pierda: en la realidad y en sus sueños.
La Residencia, con los telescopios al fondo. Imagen en alta resolución.
Por si fuera poco, Atacama es uno de los sitios más desolados del planeta. Seco, árido, solo se ve desierto rojizo en los alrededores del observatorio... salvo por las estructuras humanas, entre las que destaca la cúpula rebajada de la
residencia. Casi se diría que se está en una base sobre el planeta Marte.
Rampa de acceso a la residencia. Imagen en alta resolución.
Se accede a la residencia por una rampa que desciende hacia su interiro. Al pasar una doble puerta... te golpea súbitamente una ola de humedad: entramos en un pequeño paraiso artificial recreado en mitad de la nada. Un invernadero con piscina incluida da paso a los diferentes servicios que ofrece la residencia. Aunque parece un lujo excesivo, no lo es tanto, sobre todo para el personal que trabaja allí en los durísimos turnos.
El invernadero. Imagen en alta resolución.
El astrónomo visitante está generalmente fascinado por el entorno y por la maravilla tecnológica que son los telescopios, por el privilegio que representa poder utilizar estas máquinas de hacer ciencia. De hecho, cada vez se tiende más y más a la realización de observaciones en tiempo de servicio. Una vez aceptada la propuesta de observación, se planea cuidadosamente la ejecución de las mismas, y se realizan cuando las condiciones son las idóneas por el personal del observatorio. El astrónomo no tiene que desplazarse, se queda tranquilamente en su casa, en su institución, esperando a que lleguen los ansiados datos. Yo mismo tengo tres campañas allí durante los próximos meses y sin embargo no me moveré de Madrid.
Sin embargo, el personal del observatorio tiene que pasar duros turnos allí (incluso más de doscientas noches al año), con el precio que conlleva para su vida personal y familiar, junto con el desgaste físico y emocional. Así que valga esta entrada como un pequeño homenaje a todo el personal, desde los técnicos hasta los astrónomos de soporte, pasando por el personal de apoyo diverso.
Sea como sea, Paranal es uno de los lugares más fascinates que he visitado. La mezcla de naturaleza y tecnología hace de este enclave un escenario ideal para una película de ciencia ficción. Pero aquí solo se hace ciencia. Eso sí, ciencia puntera. No hay guerra de las galaxias, pero si una búsqueda incesante del conocimiento.
Enlaces:Sobre el
comienzo de las operaciones científicas del sistema laser de estrella de guiado.
PD:
Como anécdota contaré que, cuando comenzaron con las pruebas del laser, cada vez que encendían el sistema, se propuso que sonara como aviso
la banda sonora una conocida frase de la célebre película ("Yo soy tu padre"). Sin embargo, la idea, producto de las largas noches de trabajo de los astrónomos jóvenes (los fellows), no gustó al personal más senior y ahora el sonido es más convencional.
PD II:
Choque
de galaxias: las otras guerras extragalácticas