Spitzer consta de dos instrumentos: IRAC, que opera en el infrarrojo medio (3-8 micras) y MIPS, en longitudes de onda mucho más largas, y que van desde las 24 a 160 micras. Cubre así los rangos que deja libre Akari. Por otra parte, la resolución espacial (la capacidad de distinguir detalles estructurales) es mucho mejor que la de Akari, que sin embargo es capaz de cubrir regiones del cielo mucho más grandes. Por tanto, ambos observatorios son realmente complementarios, y nos permiten obtener piezas muy diversas de varios interesantes puzzles, entre los que me gustaría destacar los siguientes, con varias imágenes ilustrativas (desde lo más lejano a las inmediaciones de la Tierra):
Cosmología
Las primeras etapas de la formación del Universo y de las galaxias. Como ejemplo mostramos una imagen tomada en la región del Hubble Deep Field, que corresponde a los primeros tiempos de Universo, o
Edad Obscura.
Regiones de formación estelar
Las estrellas no nacen aisladas, sino en complejas regiones de polvo y gas interestelar. Un ejemplo bellísimo lo proporciona la cabeza de la
Nebulosa de la Bruja (IC2118).
Discos protoplanetarios
Este campo es, sin duda, uno de los grandes avances proporcionados por Spitzer. Ahora somos capaces de ver sistemas planetarios en diferentes grados de formación, estudiar incluso las propiedades de planetas extrasolares, o contemplar directamente la
destrucción de uno de estos sistemas por la acción de una estrella muy jóven y masiva localizada en las proximidades.
Sin lugar a dudas, los próximos años prometen ser fascinantes. Máxime cuando a estos dos telecopios se una el satélite
Herschel, la contrapartida de la Agencia Espacial Europea que funcionará a longitudes de onda más largas, y cuyo centro de operaciones científicas estará en Villafranca, en las proximidades de Madrid.
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