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miércoles, 07 de marzo de 2007

Benjamín Montesinos

Por varios motivos, en las últimas semanas he leido bastantes cosas de un campo de investigación, la Cosmología, que no está relacionado en absoluto con el área en que trabajo cada día. Es fascinante ver cómo en los últimos quince años ha cambiado la idea que teníamos de la expansión del Universo. Al comienzo de los años 90 los cosmólogos buscaban desesperadamente el contenido de materia oscura del Universo en un esfuerzo por saber si la densidad total de masa superaba una densidad crítica y el Universo podría contraerse debido a su propia gravedad. Hoy sabemos que el 70% de la materia-energía del Cosmos está dominado por la 'energía oscura' (un término no muy afortunado) que implica una expansión acelerada con respecto a la que el Universo tenía hace unos pocos miles de millones de años. En esta entrada quiero sólo apuntar unas pocas ideas acerca de la expansión.

En la película de Woody Allen 'Annie Hall' (1977), hay una escena en la que se ve a Alvy Singer, un niño introvertido que acude con su madre a la consulta de un médico. "Está deprimido", asegura ésta. "¿Por qué estás deprimido?", pregunta el galeno. "El universo se expande", sostiene Alvy, con voz infantil. "Bueno... el universo es todo y, si se expande, algún día estallará y eso será el final de todo". La madre, irritada, se gira hacia el pequeño Alvy y grita, con grandes aspavientos: "¡Eso no es asunto tuyo! Ha dejado de hacer sus deberes", confiesa. "¡Claro!", exclama Alvy "¿para qué?". "¿Qué tiene que ver el universo contigo? ¡Brooklyn está aquí y Brooklyn no se expande!". "Y no lo hará en miles de millones de años, Alvy", asegura el doctor.

 

Efectivamente, Woody Allen nos da pie para aclarar una confusión a veces bastante extendida. Cuando el Universo se expande,  los  objetos  materiales  no  se  hacen  más grandes. Nuestra Galaxia, y las estrellas que entonces contenía,  no  tenían la mitad de su tamaño actual cuando el Universo era la mitad de grande.   En cambio, la longitud de onda de la radiación emitida por las galaxias se alarga  con  la expansión (desplazamiento al rojo cosmológico) porque los fotones, al contrario que los átomos o  las  estrellas, no son objetos coherentes cuyo tamaño viene  fijado  por  un  compromiso  de fuerzas. El desplazamiento al rojo de la luz que observó por primera vez Edwin Hubble en la década de los 20, se debe interpretar como un aumento de la longitud de onda de la luz debido a la expansión del Universo, como se ilustra de una forma muy gráfica en la figura de arriba.






A veces se dice o se lee la expresión: 'Las galaxias se mueven o  se  alejan de nosotros'. En realidad las galaxias no viajan a través  del  espacio,  no son equivalentes a fragmentos de una gran bomba. Es  el  espacio  entre  las galaxias el que se está expandiendo. Las  galaxias  individuales  se  mueven con pequeñas velocidades en los cúmulos de galaxias a  los  que  pertenecen, pero éstos, vistos con una perspectiva más  amplia,  están  anclados  en  la estructura del espacio. Esto se ilustra muy bien suponiendo por un instante que nuestro Universo tiene sólo dos dimensiones, como si fuera la superficie de un globo, y que nosotros somos seres bidimensionales. Cuando el Universo se expande es el propio tejido del espacio el que lo hace. De todos modos, este símil del universo  de  dos  dimensiones  que  se  emplea  a  veces  para comprender mejor la expansión debe tomarse en su justa medida.  En  esa simplificación, el universo-globo está inmerso en un  espacio  de  tres  dimensiones  y  por tanto sí existe un centro  de  expansión  (que  está  fuera  del  universo). Nuestro Universo de tres dimensiones espaciales  no  está  sumergido  en  un ente de más dimensiones y no existe un centro de expansión. El  Universo  es autocontenido y al expandirse  no  'invade'  un  territorio  previamente  no ocupado por nadie.



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