David Barrado y Navascués
Los científicos no vivimos en una torre de marfil, apartados del mundo. De hecho, es la sociedad quien nos paga, y quien nos debe pedir cuenta de nuestras actividades. En parte, entre nuestras labores debería estar la diseminación de nuestros resultados científicos, tanto a nivel individual como institucional. En Astronomía, el modelo a seguir es, indudablemente, NASA.
Otras organizaciones como el Observatorio Austral Europeo (ESO) o la Agencia Espacial Europea (ESA) tienen sus propios departamentos de comunicación, y son moderadamente activos. Sin embargo NASA hace un trabajo completo. En ocasiones, desde mi punto de vista, excesivo para noticias que no tienen una excesiva relevancia para el público en general. En otras incluso llegue a la ambigüedad tal vez calculada para conseguir un impacto mediático. Pero indiscutiblemente, son verdaderos líderes proporcionando material divulgativo a distintos niveles. Desde espectaculares imágenes con sus correspondientes explicaciones (incluyendo en ocasiones textos en español) como impactantes videos.

Primeros objetos del Universos, vistos por Spitzer. En el panel de la derecha se ven estrellas y galaxias. Al eliminar su contribución, se puede observar en el panel de la izquierda la radiación de los primeros objetos (crédito NASA/Spitzer).

La historia del Universo y sus características observacionales, que son detectables con diferentes tipos de instrumentos (crédito NASA/Spitzer)
Como ejemplo perfecto, las notas de prensa más recientes correspondientes al observatorio espacial Spitzer, contrapartida del Hubble en el infrarrojo.
Nos hablan éstas de los resplandores de los primeros objetos del Universo, incluyendo incluso agujeros negros muy masivos; de restos de supernovas en galaxias cercanas (justamente ayer hablábamos de formación estelar en la Gran Nube de Magallanes); o de impresionantes imágenes conseguidas mediante el uso de diferentes observatorios espaciales y distintos rangos del espectro electromagnéticos. Indudablemente, este conjunto de resultados no puede dejar indiferente a nadie.

Los restos de la supernova N49, localizada en la Gran Nube de Magallanes. La imagen corresponde a una composición entre datos conseguidos con los telescopios espaciales Chandra y Spitzer, que funcionan en los rangos de los rayos X e infrarrojo (crédito NASA).
Todo este despliegue requiere medios, por supuesto. Aun así, a nosotros, desde luego, nos queda mucho por aprender.
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