David Barrado y Navascués
Las estrellas masivas mueren como supernovas, en un proceso que afecta a toda la galaxia que la contiene. Los restos que quedan nos proporcionan unas de las visiones más bellas. Sin embargo, dependiendo de la longitud de onda, pueden ser muy distintos. Veamos un ejemplo en el caso de Cassiopeia A.
Fotocomposición de Cassiopeia A, correspondientes a varias imágenes tomadas en 3.6, 4.5, 5.8 y 8 micras (crédito NASA/L.Rudnick) Hace unas semanas mostrábamos unas espectaculares imágenes de
RCW 86 tomadas en rayos X por los observatorios espaciales Chandra y XMM. Ahora, el observatorio Spitzer, que opera en infrarrojo, nos brinda
otras, también impresionantes.

I
magen correspondiente al satélite Chandra (Crédito NASA) La edad del resto de supernova Cassiopeia A, muy luminoso en radio-ondas, se estima en unos 300-320 años. Esto es, la deflagración que lo formó aconteció ya en la edad moderna, cuando existían en Occidente observadores de gran calibre y ya se habían avistado eventos similares (como las supernovas de Tycho Brahe en 1572 y al de Johannes Kepler en 1604). Curiosamente, no existe, hasta donde yo sé, ninguna referencia histórica a este evento en ningún sitio, ni siquiera en anales chinos.
Parte del resto la supernova Cas A, visto por el telescopio espacial Hubble (crédito NASA/ESA). El color no es real, y corresponde a emisión debida a diferentes elementos atómicos.
En cualquier caso, el resto de la supernova está situado a unos 10,000 años-luz de nosotros. Una búsqueda en los principales observatorios proporciona imágenes sorprendentes en distintas longitudes de onda.

Imagen generada a partir de varias realizadas en diferentes longitudes de onda, desde los rayos X hasta el infrarrojo medio (crédito NASA/O.Krause)
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