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viernes, 25 de agosto de 2006

David Barrado y Navascués

Ayer la Unión Astronómica Internacional definió el término "planeta", pero sólo en lo referente a los objetos dentro del Sistema Solar, excluyendo de esta categoría a Plutón. Pero, ¿qué ocurre con los aproximadamente 200 planetas descubiertos desde el año 1995 fuera de nuestro sistema planetario?

En la anterior asamble general de la IAU, celebrada en Australia en el 2003, se acepto una definición provisional. Según la misma, los planetas fuera del Sistema Solar deben cumplir:
  • Orbitar un estrella o remanente de estrella (enana blanca, estrella de neutrones) y tener una masa inferior a 13 masas de Júpiter. Esto es, que no fusione deuterio, un isótopo de hidrógeno, ni cualquier otro elemento químico. Por tanto, no produce energía a partir de este tipo de fuente.
  • Objetos subestelares con masas superiores son enanas marrones (que no fusionan hidrógeno).
  • Los objetos aislados de masa planetaria (IPMOs por sus siglas en inglés, o planemos, o xebarcos, u oriones), con masa por debajo de este límite son sub-enanas marrones (o cualquier otro nombre que sea apropiada, salvo planeta)
Por supuesto, estas condiciones están sujetas a modificación según nuestro conocimiento avanza. Yo tengo la convicción que cambiará en la proxima reunión plenaria de la IAU. En mi opinión, como experto en este campo, sub-enanas marrones me parece del todo inadecuado.



PD
  • SEA/IAU: Los Planetas del Sistema Solar y la nueva definición de la Unión Astronómica Internacional

  • LAEFF/BD. Planetas y exoplanetas
  • 10:40 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (2)

    Susana Asensio Llamas
    David Barrado y Navascués

    Ayer Plutón perdió su lugar en el Olimpo de los planetas. Pero incluso su influencia cultural ha sido siempre escasa. Como muestra, veamos un ejemplo en la excelente y conocida obra musical de Holst.




    Los Planetas, de Gustav Holst, se estrenó públicamente en Londres en 1919. Mezcla de suite y de poema sinfónico, su gran difusión se debió probablemente a la temática mística y cosmogónica que tanto interesaba al compositor. El orden de las piezas obedece a la ley del contraste expresivo, repartiendo en siete planetas las sensaciones que intenta transmitir: Marte – la guerra, Venus – la paz, Mercurio – el mensajero alado, Júpiter – la alegría, Saturno – la vejez, Urano – el mago, y Neptuno – el místico. De esta manera, la obra no aspira tanto a representar al sistema solar que a principios del s. XX se consideraba como referencia, como a explotar musicalmente los significados esotéricos asociados a ciertos planetas en el imaginario popular. Plutón, descubierto en 1930,  no aparecía entre los mismos. Pero por su cercanía y falta de misterio, tampoco la Tierra mereció un lugar en la obra del músico.

    La “respiración del universo” que según los antiguos filósofos estaba representada en la música de las esferas, se intenta evocar, por ejemplo, en el místico Neptuno, mediante el uso de armónicos en violines y flautas; la violencia de la guerra, elegida para el inicio, será un conjunto de percusiones siguiendo ritmos irregulares. Lo que logra Holst en Los Planetas es la recreación de un clima, un ambiente, una conexión sonora evocadora de espacios siderales. El programa preestablecido de estados anímicos astrales ha sido sin duda parte fundamental del triunfo de la obra entre crítica y público, ayudado también por los “recuerdos” a melodías de Dukas, Berlioz, Rimsky-Kórsakov, D’Indy o Stravinsky, que se desgranan entre planeta y planeta. La actitud de Holst cuando compuso esta obra, sin embargo, no era sólo la de un curioso, sino la de un activo e interesado participante en dichas creencias.

    Iniciada en 1914, fue finalizada durante la Primera Guerra Mundial, a pesar de que sus poderosas imágenes de violencia nunca tuvieron relación con el evento, según el autor. Holst era un gran aficionado a la astrología, y reconoció que la idea había sido alentada tras un encuentro fortuito con Clifford Bax durante un viaje por España en 1913. Con él conversó acerca de astronomía y de la -supuesta- influencia de los astros en la vida de los seres humanos. No cabe duda de que, en dicho encuentro la astrología predominó sobre la astronomía, ya que más que reflejar el sistema solar, la música de Holst se asocia con el esoterismo de los signos zodiacales. Acaso sea esa la clave del éxito que acompaña a su obra desde entonces, incluso hasta hoy.


    Susana Asensio Llamas, CSIC


    10:16 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (8)