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viernes, 28 de julio de 2006

María Morales Calderón
LAEFF-INTA

Esta semana he recibido la carta de aceptación para publicar mi primer artículo en una revista científica importante.

La verdad es que he aprendido mucho escribiéndolo, lo primero, que escribir un artículo lleva su tiempo. Para empezar tienes que tener algo sobre lo que "merezca la pena" escribir, que no es poco. Obtener los resultados que quieres (o los que no quieres) lleva mucho trabajo pero al fin y al cabo es lo que te gusta hacer, lo malo es que luego hay que escribirlo, ¡y en inglés!. Yo soy estudiante de doctorado y este es mi primer artículo en una de las revistas más importantes de mi área, así que el proceso no ha sido muy rápido. Aunque tenía una idea más o menos clara de cómo quería contar lo que había hecho, siempre surgen comentarios de colaboradores y compañeros que además de mejorar el artículo te hacen verlo desde otra perspectiva y aprender sobre el tema. 

Una vez que tenía más o menos lo que quería (y lo había revisado hasta hartarme asegurándome de que no había metido la pata) lo mandé a la revista y un mes más tarde recibí una carta diciendo que mi artículo se publicaría en noviembre (más o menos un año desde que comenzamos con este proyecto). Lo primero que sentí fue liberación, me había imaginado largas semanas de correspondencia con el editor sobre los cambios que debería hacer para poder publicar pero por suerte en mi caso esta parte fue muy rápida.

De momento el artículo solo aparece en astro-ph, (una página web a la que los científicos de distintas areas mandan sus trabajos aceptados, todavía sin publicar) pero es muy satisfactorio recibir algun e-mail de alguien a quien respetas diciendote que tu trabajo le ha parecido interesante o felicitándote por él. La verdad es que sienta muy bien y merece la pena así que tengo que dar las gracias a la gente que me ha ayudado: mi supervisor en Caltech (donde se hizo la mayor parte del trabajo), a mi director de tesis, y a los demás autores y compañeros que me han ayudado en estos meses.

Gracias!

12:37 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (23)

David Barrado y Navascués

Mostrabamos el otro día un experimento casero  para medir la velocidad de la luz, utilizando un microondas. Hagamos un repaso de la historia de esta magnitud, importantísima para la Física moderna.


Parece ser que el primero en sugerir un método fue  Isaac Beeckman (1629), pocos años antes que Galileo, quien no pudo medir la velocidad, pero indicó que si la transmisión no es instantanea, su velocidad es tan alta como para impedir su determinación (al menos en ese momento, con la tecnología disponible). El experimento ideado por Galileo fue intentado años después en Florencia, sin éxito.

Fue Roemer, mediante el uso de los eclipses de los satelites de Jupiter, quien pudo extraer el primer valor. Fue  en 1675, con la cantidad de 198,500 km/s, un 30% inferior al valor real (299,793 km/s). Se sirvió del hecho de que la distancia Tierra-Júpiter depende de la posición relativa de ambos al orbitar en torno al baricentro del Sistema Solar (mínima en oposición), por lo que los presentan retrasos respecto al tiempo previsto si la velocidad fuera infinita (si la información se tranmitiera de manera instantanea). Ello requiere el conocimiento del radio de la órbita de la Tierra.  Christiaan Huygens utilizaría una de las primeras estimaciones precisas para derivar una velocidad de unos 220,000 km/s.

Nuevos metodos, más precisos, fueron ideados con posterioridad por  Newton, Fizeau, Foucault y Michelson, los últimos en el siglo XIX.

Un efecto claro de la velocidad finita de la luz es el fenómeno conocido como aberración de la luz , el cambio estacional de las posiciones de las estrellas (y los demas astros) que aparece como consecuencia de la combinación de la velocidad de la luz que emiten y la del receptor situado en la Tierra, que se desplaza alrededor del Sol. Es análogo a la oblicuidad de la lluvia cuando corremos. Pero de ello ya hablaré otro día.


6:11 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (3)

Benjamín Montesinos

El otro día hablábamos Amelia (astrónoma, ya la conocéis por alguna contribución al blog), Carlos (físico teórico, ahora dedicado a tareas del observatorio virtual)  y yo sobre libros y literatura. Desde que leí "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez siempre he tenido la impresión de que el arranque, las primeras veinte páginas, son una de las maravillas de la literatura en castellano.


Quería compartir con vosotros un párrafo de esas páginas que me llama la atención por su fuerza y colorido. Leed, o más bien intentad escuchar todos los sonidos que hay en él:

"Desde los tiempos de la fundación, José Arcadio Buendía construyó trampas y jaulas.  En poco tiempo llenó de turpiales, canarios, azulejos y petirrojos no sólo la propia casa, sino todas las de la aldea. El concierto de tantos pájaros distintos llegó a ser tan aturdidor, que Úrsula se tapó los oídos con cera de abejas para no perder el sentido de la realidad. La primera vez que llegó la tribu de Melquíades vendiendo bolas de vidrio para el dolor de cabeza, todo el mundo se sorprendió de que hubieran podido encontrar aquella aldea perdida en el sopor de la ciénaga, y los gitanos confesaron que se habían orientado por el canto de los pájaros."

5:56 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (0)

David Barrado y Navascués

Hace un par de dias le aceptaron un árticulo a mi estudiante María en la revista Astrophysical Journal, una de las más prestigiosas  en el campo de la Astrofísica. No me importa decir que me siento orgulloso.


El estudio  fue realizado durante una estancia  de María de seis meses en Caltech. Allí trabajó con mi antiguo supervisor durante mis años en Harvard, John Stauffer, quien dejó una profunda huella en mi carrera profesional y también en mi trayectoria personal.  María ha utilizado datos del satélite infrarrojo Spitzer, lanzado hace tres años por NASA, para buscar indicios de la presencia de meteorología en varias enanas marrones, mediante el exhaustivo análisis de sus curvas de luz (la variacion de su luminosidad con el tiempo).


Curva de luz de la enana marrón DENIS0255, correspondientes a dos filtros centrados en las longitudes de onda 4.5 y 8.0 micras. El panel superior indicaría que existe una variabilidad que podría estar asociada a la presencia de nubes de polvo en la atmosfera del objeto.

Desafortunadamente no hemos podido llegar a un resultado incontestable, definitivo, que muestre la detección del fenomeno. La Naturaleza no cede sus secretos fácilmente. Pero en el proceso María se ha convertido en una de las expertas, incluso diría que a  nivel mundial, en el instrumento IRAC y en el análisis de fotometría de alta precisión.

Como anécdota, cuando apareció en árticulo en un repositorio de preprints (trabajos aceptados, pero todavía sin publicar), ella recibió la petición de un conocido teórico americano  para que incluyera un artículo suyo en las referencias y en la discusión. Hecho que indica la confianza que esta persona tiene en los resultados y en el impacto del trabajo de María.


Yo, repito, me siento orgulloso

5:50 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (9)