David Barrado y Navascues
Europa, esa quimera... Se suponía que el destino de la Unión Europea era la Federación de Europa. Sin embargo, o tal vez por ello, los regionalismos y nacionalismos toman nuevos bríos. Todo un contraste con el internacionalismo de la Ciencia.
Mi reciente viaje por Inglaterra basta como ejemplo. Pocas "Union Jack", la bandera británica, he visto. Sin embargo, la inglesa, cruz roja sobre fondo blanco, domina por doquier. Parece ser que los ingleses se han cansado de las peticiones escocesas, o de los problemas irlandeses, y han decidido deshacer 300 años de unión parlamentaria y 400 años de lazos reales.
Como contraste, Alemania, que se alza por encima de su pasado y vuelve a mostrar orgullosa su enseña. No sé si alegrarme de que pierdan la culpa por las tragedias de las que las generaciones actuales no son responsables o temer ciertos posibles futuros que se atisban en el horizonte.
En Italia ligas en regiones ricas buscan federaciones para no ser solidarias. Bélgica parece desintegrarse lentamente. Incluso las tensiones existen, ya no tan latentes, en Francia.
¡Que lejos de la República de la Ciencia que los hombres crearon durante el Renacimiento, a partir del siglo XV! Incluso durante los años más negros de las guerras de religión en el XVI la comunicación, el ideal común, el progreso, nunca dejaron de existir. Los humanistas, entre los que destacaría Erasmo de Rotterdam; los primeros científicos, con Galileo a la cabeza; hasta llegar a la verdadera revolución intelectual del XVII, con Descartes, Newton y Kepler, por mencionar unos pocos. Todos ellos, más que en sus respectivos países o en otros, vivieron, soñaron en una verdadera República internacional de la Letras y las Ciencias. Citando a Erasmus: "Debemos desear suerte a este siglo: será el de la edad de oro".
Leo admirado la descripción que de ello realiza Fernand Braudel en "Una historia de civilizaciones". No olvidemos que nuestro bienestar actual, nuestras sociedades, se sustentan en los trabajos de aquellos hombres, en sus ideales. Tal vez en la Ciencia, en la Cultura, esté la respuesta.