David Barrado y Navascués
Se acerca la temida fecha. El día 30 ya esta aquí y debo presentar la memoria justificativa de mi proyecto, incluida la económica. ¿Merece la pena tanto esfuerzo? ¿Soy un científico, un gestor o un burócrata más?
He de confesar que, contrariamente a la mayoría de los investigadores que conozco, a mi me gusta la gestión de proyectos. Las labores de escribir propuestas, identificar objetivos, coordinar tareas, optimizar recursos, organizar estrategias, no me son, ni mucho menos, desagradables. Hasta cierto punto es sorprendente, porque muchos científicos pecamos de ser lobos solitarios. Sin embargo me gusta trabajar en equipo, y trabajar casi desde cualquier rol.
Sin embargo... Siempre hay problemas que quedan mas allá de mi comprensión. La ineficacia administrativa es uno de ellos. No comprendo que el papeleo pueda llegar a ser un obstáculo para desarrollar cualquier actividad investigadora (o, sencillamente, cualquier actividad). Y no puedo aceptar que no se busquen soluciones cuando la misma situación se repetirá después de unos meses.
Ahora estoy escribiendo la memoria cientifico-técnica. Fácil. Ya llevamos con el desarrollo de este instrumento tres años y creo saber como explicar los resultados a los responsables del MEC, que ponen los recursos económicos. Lo verdaderamente kafkiano (reconozcámoslo, Kafka tendría que haber sido español) es la justificación económica. El sistema ha cambiado, y ahora hay que proporcionar al MEC información completa sobre cada gasto. Nombre de proveedor, CIF, fecha real de pago, número de factura, etc. Como es algo nuevo en mi instituto (una OPI peculiar) no saben como proceder. Todos estos datos parece ser que no están centralizados, y nadie tiene acceso a todos ellos. Desde luego, ésta no es mi labor. Ya casi no me queda tiempo para proseguir con mis investigaciones y el poco del que dispongo no voy a malgastarlo persiguiendo papelitos. Hay muy buena disposición por parte de la gran mayoría de los administrativos, pero obviamente no es suficiente. De hecho la situación se ha convertido en un problema circular: A me manda a B, quien me remite a C, para a su vez redirigirme a A.
Kafkiano, si. Llevo ya días dando vueltas, y no veo cerca la solución. El problema es que como investigador principal del proyecto soy yo el responsable. Por una parte me gusta cumplir mis compromisos. Por otra, si no lo hago, me arriesgo a no recibir más financiación. Ahora, para terminar este instrumento, o en el futuro.
Me pregunto: ¿merece la pena tanto esfuerzo, tantos dolores de cabeza? Los políticos y la sociedad en su conjunto se han quejado por sistema de que los científicos y tecnólogos no nos coordinamos, que no existen grandes grupos y que no se hace desarrollo instrumental. Bien, aun reconociendo que queda por recorrer un largo camino, éste ya se ha comenzado. Pero las trabas que pone el sistema en ocasiones parecen insalvables. ¿Será posible desatar este nudo o tendrá que venir un alejandro para que lo corte? O dicho de otra forma, ¿es suficiente con poner dinero o habría que cambiar el sistema de I+D?
PD: Cuando transcribo esto a la bitácora, ya han pasado unos cuantos días de la dichosa fecha límite. No fue la única, entre medias he tenido que enviar varias propuestas de observación a distintos observatorios. Hasta hoy no he dispuesto de tiempo suficiente. ¿Ciencia? Hace muchos días que no hago.