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lunes, 20 de febrero de 2006

David Barrado y Navascués

Desde mucho antes de ir a la Universidad tenía claro que quería ser astrofísico. Una de mis ilusiones era estar observando, y que se produjese un gran estallido estelar, que una supernova  galáctica apareciera con todo su esplendor. Ayer pudo haber sido uno de esos momentos.

 


Las supernovas representa la muerte de estrellas muy masivas. Todos los años se suelen detectar unas cuantas, pero la última supernova galáctica nos sorprendió a comienzos del siglo XVII. Son fenómenos tan energéticos que, cuando ocurren dentro de la Galaxia,  se pueden ver incluso de día y brillan tanto o más que la luna cuando está llena.

 

Como sabéis, durante estas últimas dos noches he estado observando con mi estudiante Amelia en el telescopio Galileo, en el observatorio de El Roque de los Muchachos. Ayer, cuando empezábamos las operaciones rutinarias, nada más ponerse el Sol, recibimos una llamada de un colega que se dedica a la observación de fenómenos muy energéticos, los "Gamma Ray Burst" o GRB. El día anterior una de estas explosiones extragalácticas fue avistada desde un observatorio en La India, y nuestro colega quería que realizásemos unas observaciones complementarias, tomando imagenes en el infrarrojo y espectros de baja resolución. En realidad no nos podíamos negar, aunque el tiempo fuese nuestro, porque el Comité de Asignación de Tiempos (ver "¿Cómo observar en un gran telescopio?") le había concedido varios "disparos" para casos como éste,  que tienen prioridad sobre cualquier otro programa, y que se pueden activar cuando el proponente lo desee. En cualquier caso, Amelia y yo realizamos las observaciones con gusto.  Eso sí, con incidentes que fueron desde problemas para reconocer al objeto, muy débil incluso al tomar imágenes con un telescopio de 3.5 metros de apertura, o porque se desprendió un cable justo delante del detector,  que nos impedía tomar datos. Costó identificar el objeto, y consumió mucho tiempo el comprender qué estaba pasando con el cable.

 

 En estos momentos, todavía no se sabe que tipo de objeto es. No parece ser un GRB normal porque muestra gran variabilidad. Nuestro colega ha pedido a otros equipos que tomen datos adicionales, y supongo que se habrá pasado toda la noche analizándolos. Su estudio, por parte de una gran colaboración internacional que se ocupa de este tipo de fenómenos,   llevara días por no decir semanas. Para Amelia y para mí fue algo muy emocionante. Esperemos que, una vez más,  el Universo nos sorprenda con algo impensable, un fenómeno nuevo que no había sido detectado hasta ahora. Sin embargo, creo que la supernova galáctica seguirá esperando algo más.

 

Después de observar este objeto durante algo más de  una hora, Amelia y yo retomamos nuestro programa científico. No hubo más problemas y a eso de la 1:30 cedimos el control del telescopio a Carlos y a Benjamín. Hoy regresamos a la península; mañana estaremos analizando los datos en nuestro centro de trabajo,  el LAEFF, en Villafranca del Castillo, lo cual nos llevará bastantes semanas.

 

Siempre da pena dejar un telescopio, sobre todo cuando las cosas han ido bien y el tiempo ha sido bastante bueno, como ha sido este caso. En fin, dentro de cuatro semanas tengo otra cita aquí, con  el "William Herchel Telescope," de 4.2 metros. Un poco de suerte,  y todo irá como en  esta ocasión.

 

18:39 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (2)