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domingo, 19 de febrero de 2006

Benjamín Montesinos

Retomo el relato de David del mensaje anterior. Efectivamente, a Carlos y a mi nos tocó la segunda parte de la noche, a eso de la 1.15 empezamos el cambio de instrumento y....

 

Os cuento antes por qué usamos un instrumento distinto. Amelia y David quieren observar estrellas (u objetos subestelares) que son muy fríos y además poco luminosos. Cuanto más frío es un objeto, más "roja" es su distribución de energía. Ellos deseaban obtener espectros en el infrarrojo, es decir, un registro de la luz dispersada (como si se interpusiera un prisma en el camino óptico) para poder analizar en detalle esa distribución de energía en ese rango de longitudes de onda. Al ser los objetos débiles, se debe usar un instrumento que no disperse demasiado la luz... si se usara una "resolución" muy alta, hablando en nuestra jerga, los tiempos de exposición para cada objeto serían prohibitivos. Carlos y yo, por otra parte, queremos observar en el rango óptico estrellas, más o menos de tipo solar, en un radio de unos 80 años luz del Sol. Estas estrellas son más brillantes y nos podemos permitir obtener espectros con mucha mayor resolución. Por eso, el instrumento que usamos es distinto.

Nuestra "media noche" no empezó mal. Había algunos cirros, pero la transparencia era bastante buena y los tiempos de exposición razonables... sin embargo a la tercera estrella que intentamos, la temperatura exterior bajó de repente y la humedad relativa subió. La humedad alta es uno de los grandes enemigos de los telescopios. Por un lado se condensa el agua en las superficies ópticas, y como no se pueden limpiar así como así, eso se ha de evitar. Por otro lado, puede haber problemas con la electrónica... uno nunca desea que ocurria un cortocircuito en alguna de las fuentes de alimentación o en cualquier otro componente. Resultado: como la humedad subió por encima del 85%, tuvimos que parar una exposición de 30 minutos cuando faltaban 8 para que terminara, cerrar la cúpula y esperar... desafortunadamente no pudimos volver a abrir así es que tocó aguantar hasta más o menos las 6.30 de la mañana, y visto lo visto, a dormir. ¿Qué hace uno entre tanto? Te da tiempo a todo, entre ojeada y ojeada al marcador de humedad y temperatura, estudias, comes algo (en este observatorio te preparan un "supersnack" en una bolsa que te subes al telescopio), lees... hay tiempo para todo.

Y esta noche es nuestra última. Son las 15.40. Subo al telescopio dentro de diez minutos a tomar algunos ficheros de calibración. Crucemos los dedos. Os contaremos cómo va.

20:19 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (0)

David Barrado y Navascués

Son las once de la mañana. Me he levantado hace un rato. El Sol luce brillante, imponente. Las nubes  se encuentran bastante más abajo del observatorio. Parece ser que también hoy observaremos.


No nos podemos quejar. Ayer todo funcionó bastante bien,  para ser un primer día de campaña. Estuvo despejado; al final de la  tarde vinieron unos cuantos cirros, nubes altas que podrían habernos hecho bastante daño. Pero de hecho casi no influyeron.  Perdimos algo de tiempo, eso sí,  por problemas de apuntado con el telescopio.  Nos costó darnos cuenta que estábamos apuntando a una posición distinta a la que pensábamos. Por eso no podríamos identificar las estrellas que veíamos en la cámara de apuntado en nuestras cartas de búsqueda. El problema se resolvió y pudimos continuar con nuestro programa científico. En cualquier caso,  es increíble que un bicho tan grande se mueva con esta suavidad y precisión.

 

Creo que Amelia  se ha divertido bastante. Para ella era su primera campaña utilizando espectroscopía, que además era en el rango del infrarrojo (emisión electromagnética que emiten los objetos moderadamente fríos). Benjamín se quedó también con nosotros. Los tres hemos aprendido bastante y nos hemos reído más.

 

A eso de la una subió Carlos. Era hora de hacer el cambio de instrumentación y cederles el control del telescopio a él y a Benjamín. No nos podemos quejar de los datos, aunque espero que esta noche sea mejor.

 

A las dos ya estábamos Amelia y yo en la residencia. Somos afortunados, hemos tenido ocho horas para dormir. En invierno, una noche normal dura entre 14 y 16 horas, incluyendo las actividades anteriores a la puesta de Sol y las posteriores a salida por la mañana. Si se llega a dormir seis horas  sé es muy afortunado. No sé a qué hora se acostarían Benjamín y Carlos, pero no sería antes de las nueve y probablemente se levanten a la hora de la comida. Ya me contarán que tal les fue a ellos durante su media noche de observación. Espero que también a vosotros.

 

 

18:30 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (0)

David Barrado y Navascués

Ayer recibí un mensaje de mi amiga Almudena, con un foto de su hijo. El bebé tiene  pocos meses; la madre es una excelente investigadora.


En verdad, ella como científica está en la élite. Docenas de artículos publicados en revistas con sistema de árbitro, charlas invitadas en congresos y centros de investigación, estancias postdoctorales en centros de prestigio (Oxford y Hertforshire en el Reino Unido, el Steward Observatory en Arizona, EEUU). De hecho, formó parte del equipo que realizó las calibraciones para uno de los instrumentos del telescopio espacial Spitzer, de la NASA. Ella, como yo, es otra contratada dentro del programa Ramón y Cajal. Además, compartimos proyecto: la contribución española a MIRI, un instrumento del próximo telescopio espacial ("James Webb Space Telescope" o JWST). Ella, como especialista en galaxias; yo, como astrónomo estelar y subestelar, y como responsable de los fondos que el Plan Nacional del Espacio ha asignado al proyecto. Ella, como yo, tiene su carrera científica pendiente de un hilo. A pesar de la promesa implícita de gobiernos de distinto signo nuestra estabilización dentro del sistema de Ciencia Española no está  resuelta.  

Pero su problema es más agudo, mas espinoso. Más importante, me atrevería a decir. Como madre tiene unas responsabilidades que yo, por fortuna o desgracia, no tengo. A los niños hay que llevarlos a la guardería. Se ponen malos y necesitan médicos y cuidados. Están las reuniones de padres (¿o madres?) en los colegios.¿Y quien estudia con ellos, quien les lee cuentos? En la mayoría de los casos son mujeres, son las madres.  Por supuesto, esto tiene un coste en la vida profesional de la madre. No están, por lo general, ni tan disponibles ni tan centradas como el padre. Desde mi punto de vista éste es un problema muy grave de la sociedad española: como conciliar la vida laboral con la vida profesional; como equilibrar el papel del padre y el de la madre.

Cuando estamos hablando de una investigadora la situación se torna bastante sombría. Aunque la Ciencia da mucho, exige más. Almudena no piensa tener más hijos. Como ella,  la mayoría de las científicas que conozco o no quieren tener hijos o, como mucho, solo uno. Y solo se atreven cuando se acercan a los cuarenta. Antes es prácticamente imposible, salvo que renuncien por completo a su carrera y cambien de trabajo. La Ciencia, entre  otras cosas, demanda dedicación, tiempo, concentración. Cuando se tiene un niño enfermo es difícil, muy complicado, estar pensado en tus ensayos, en tus análisis; en publicaciones y en congresos científicos. En un mundo tan competitivo como el científico, esto se paga. Se paga con una menor producción  científica, con menor impacto (los resultados se defienden en reuniones científicas, y difícilmente se puede hacer si no se tiene tiempo para viajar). Se paga cuando se quiere acceder a un puesto permanente, durante una oposición.

Almudena y yo ya hemos competido por la misma plaza de investigador. De hecho, fue una experiencia interesante para los dos. Casi diría que divertida. Quedamos empatados en el primer ejercicio junto a otros dos compañeros, aunque al final fue uno de éstos quien se hizo con la plaza. Eso ocurrió hace ya tres años. No creo que volvamos a competir por un puesto. Nuestros campos de  trabajo son muy distintos y las plazas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas salen ahora  muy perfiladas.  Pero si  llega a ocurrir yo me sentiría  mal, francamente afectado por la situación. Creo sinceramente que como sociedad, debemos apoyar a las familias. Tanto económicamente como con otras medidas sociales. ¿Significa esto que se debería dar preferencia a una madre investigadora frente, por ejemplo, a un hombre soltero, sin responsabilidades, aunque éste tenga mejor currículum?  ¿Debería yo desistir y no competir con Almudena, debería ella tener prioridad sobre mí? ¿Sería justo para mí, que he renunciado a otras cosas? No estoy diciendo que mi currículum sea mejor, vuelvo a enfatizar que ella es un investigadora con nombre internacional bien asentado.

Creo sinceramente que el sistema debería articular unas medidas específicas para compensar la maternidad de una investigadora (medidas que,  por supuesto, deberían ser extensibles a otras mujeres con hijos, aunque en algunos casos deberían estar pensadas para el ámbito científico). No sé si es una cuestión de cupos, de plazas reservadas (aunque no tomadas del exiguo número que se crean cada año). Tal vez sea una cuestión de puntos, u otro tipo de medidas que no imagino ahora. Hay otras complementarias, como guarderías dentro de los centros de investigación y colegios cercanos de calidad, de muy fácil implementación. Sé que por el camino  actual no debemos seguir. No solo en lo que respecta a las mujeres investigadoras, sino, en general, al papel de la mujer en el mundo laboral y la dificultad que tiene para conciliar éste con su maternidad.

17:45 | gestionado por David Barrado y Benjamín Montesinos | Enviar comentario (5)