Se ha fallado recientemente el X Concurso Internacional Arte y Vida Artifical VIDA 10.0. El viejo sueño-pesadilla de la fusión absoluta de arte y vida -que puede rastrearse desde los desnudos de Tiziano supuestamente pintados con carne humana hasta las obras de Tracey Emin, pasando por "El retrato de Dorian Grey" o las esculturas vivientes Gilbert & George- se hace, cada año, un poquito más real...
Un sarcófago-almacén de recuerdos, una forma de biomasa cultivada en laboratorio y unos robots que se mueven siguiendo impulsos luminosos son las propuestas ganadoras de esta edición: una buena muestra de los fantasmas que pueblan ese territorio fronterizo entre lo orgánico y lo inorgánico, lo vivo y lo muerto, lo real y lo ficticio, que es a la vez tema y locus del concurso. Y un buen ejemplo, también, de los espectros que asaltan nuestra mente y nuestro espíritu cuando nos acercamos a los límites de lo establecido (por la Naturaleza, la Cultura, o el híbrido que quiera que estemos empezando a crear).
No estoy seguro de cuál es el papel que pueden o deben jugar en este terreno los artistas, si es que es posible seguir utilizando las antiguas divisiones del "trabajo" en este ámbito. Es evidente que a ellos no les va a tocar la parte del león: jugar, al menos en serio, a ser dioses (o doctores Frankenstein, eso el tiempo lo dirá). Esa labor está sin duda reservada a instituciones socialmente más prestigiosas y económicamente más poderosas. Queda por saber si el Arte va a ejercer en este caso de fiel esbirro, tonto útil, pepito grillo, mero cronista, despreocupado bufón u oteador responsable. Para esto último, sin embargo, sería imprescindible que los artistas no olvidaran que su reino es el de la ficción. Y ésa es una concesión que no sé si están dispuestos a realizar.
Daniel A. Verdú Schumann