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El árbol, el alcalde y la baronesa

Enviado el martes, 09 de mayo de 2006 19:21

A estas alturas no creo que nadie ponga ya en duda que los mecanismos que rigen nuestra sociedad posindustrial son perversos por definición; pero hay momentos en los que a uno, aun sabiéndolo, no le queda más remedio que indignarse. Al menos, que guarden las formas...

Viene esto a cuento de la polémica suscitada por la (supuesta) tala de árboles en el Paseo del Prado con la excusa de su (supuesta) mejora. Más allá de los hechos -sobre los que nadie parece ponerse de acuerdo, aunque los más pesimistas (que son los que suelen acertar) afirman que implicará "la desparición de cerca de 700 árboles"-, me sorprende el revuelo mediático que se ha organizado por la participación en la campaña de Carmen Cervera, baronesa Thyssen. Los mismos medios que no habían hecho ni caso a los ecologistas y vecinos que llevaban semanas criticando el proyecto, empezaron a dedicarle páginas y páginas a las protestas desde el momento en que Carmen Cervera se unió a ellas. Eso sí, aprovechando para ponerla como chupa de dómine. Uno de los noticiarios de una cadena que presume de progresista comenzaba el relato de la noticia diciéndonos que la baronesa iba "con un vestido de lino blanco y zapatos de Chanel". ¿Habrían detallado también la indumentaria de tratarse del barón? ¿Lo habrían hecho si la baronesa no fuera bastante más joven que su difunto marido? ¿Y si fuera extranjera? ¿Habría sido menos noticioso que fuera en chándal? ¿Qué es realmente lo que molesta aquí? ¿Que sea baronesa, que sea mujer, que sea rica, que defienda sus intereses -que, por cierto, son los de muchos de nosotros-? Con comparable y evidente mala fe, un importante diario, perteneciente al mismo grupo mediático que la cadena mencionada, ilustraba la noticia en la portada del domingo con un primer plano grotesco de la baronesa. ¿Qué cobertura habrían dado ambos medios al evento de no haberse sumado a él aquélla a quien tan mal tratan? ¿Acaso desde una óptica progresista no es más importante el qué que el quién?

Algunas afirmaciones procedentes del Ayuntamiento no han contribuido a apaciguar los ánimos. Aunque quienes las sostuvieron probablemente tienen razón en lo que se refiere a los plazos de reclamación, convendría recordar que aristocracia e inteligencia no son en absoluto incompatibles -y mucho menos en el caso de la baronesa, sospecho-, y que ella sólo es una más de los miles de madrileños que no estamos de acuerdo con el proyecto (aunque, visto lo que ha hecho por la ciudad de Madrid, y lo que tenía pensado seguir haciendo, tratarla así demuestra falta de tacto, elegancia y don de la oportunidad). El desacuerdo ciudadano, por otra parte, no se debe sólo a las (supuestas) talas; es más que dudoso, por ejemplo, que la calle Alfonso XII y la Plaza de la Lealtad sean capaces de absorber todo el tráfico que les corresponde en el proyecto actual.

En cualquier caso, la respuesta oficial a las concentraciones -la congelación del proyecto durante seis meses para que se puedan presentar nuevas alegaciones, y así mejorarlo- es la correcta. Una obra de esa envergadura, que afecta a una de los más bellos bulevares españoles, no puede hacerse con semejante oposición, cuente ésta o no con una baronesa en sus filas. Veremos cómo termina el asunto.

Mientras tanto, se me ocurre recomendar a todos los implicados, y especialmente a los miembros del Ayuntamiento, que vean "El arbol, el alcalde y la mediateca", una deliciosa película de Eric Rohmer de 1993. Una vez más, el arte se adelanta a la realidad, aunque ésta siempre acabe superándole.

Daniel A. Verdú Schumann


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