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El ejemplo ruso

Enviado el jueves, 06 de abril de 2006 19:13

Coinciden en nuestro país dos grandes muestras de arte ruso. En el Museo Guggenheim de Bilbao puede contemplarse ¡Rusia!, un recorrido por el arte ruso desde el siglo XIII hasta nuestros días. Por su parte, Vanguardias rusas muestra en el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid de la capital las fundamentales aportaciones de aquel país a las vanguardias históricas.

Desde la distancia, no puede sino sorprendernos -casi enternecernos- el entusiasmo con el que rayonistas, suprematistas, constructivistas y demás -istas se lanzaron a la aventura de crear un arte nuevo y universal para una sociedad y una era que se prometían nuevas y universales. Hoy ya sabemos cómo acabó aquella promesa de felicidad futura, y por ello volver a contemplar las obras de Kandinsky, Malévich, Goncharova, Popova o Tatlin resulta un placer agridulce: es imposible no emocionarse con la radicalidad y vitalidad de las propuestas, pero también con la nostalgia de una época en la que todavía se podía creer en la revolución y la utopía, tanto en lo social como en lo artístico. Luego vendrían la vuelta forzosa al orden y al redil, el realismo socialista, el gulag y todo lo demás; aunque en Europa, entretenidos como estábamos con aquello del papel del intelectual y el compromiso del artista, tardamos más de la cuenta en desencantarnos (algunos todavía no lo han hecho). Hoy, inmersos todos en la sociedad del espectáculo, el pensamiento único, la cultura del simulacro y la globalización del ocio, nos tenemos que conformar con la micropolítica. Más cómodo y menos heroico, aunque igualmente (in)eficaz.

La exposición del Thyssen es un recital de Poesía; la del Guggenheim, una clase de Historia. Seguir creyendo en la primera es tan imprescindible para sobrevivir como conocer la segunda.

Daniel A. Verdú Schumann


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Comentarios

# re: El ejemplo ruso

28/10/2006 13:56 por Paula
El Guggenheim de Bilbao y yo fuimos presentados personalmente el pasado mes de Julio. Aunque me cueste admitirlo -ya que Frank Gehry y su obra en general me resultan bastante antipáticos- lo nuestro fue amor a primera vista. Evidentemente, visité la exposición sobre Rusia, habiendo visitado con anterioridad la del Thyssen en Madrid.

Sí, la del Thyssen es un recital de poesía. Igual me sorprendo ahora recordándola como una explosión de entusiasmo plasmada en los lienzos y esculturas. El lirismo desbordante de los microcosmos de Kandinsky, el naïf forzado de Malévich o de Matiushin, las esculturas casi aéreas pero orgánicas de Tatlin o de Gabo... en el Thyssen no se habla de la historia de (como tú aquí has dicho) cómo todo aquello no fue sino un intento más de tantos. O algo así. Quizás la muestra del Guggenheim es mucho más enternecedora porque muestra un después que no aparece en el Thyssen... porque los "istas" que comprenden un todo en el Thyssen, no son más que unos preadolescentes que balbucean en el Guggenheim, que va más allá y se extiende, prácticamente, hasta nuestros días. Como lección de historia, la exposición se encarga de hacernos ver el final de la vanguardia, pero igualmente hace ver el final de otros periodos artísticos anteriores, y eso no quiere decir nada: es historia, y punto.

¿O es que acaso se ha muerto ya el arte? Yo no creo que actualmente vivamos en el pensamiento único ni en el simulacro. Quizás esté menos generalizado, pero el entusiasmo por la provocación, por la innovación, por la diferencia, siguen siendo cualidades imprescindibles e inalienables de cualquier artista. Y hoy en día sigue habiendo un sitio para un arte que tal vez dentro de cuarenta años sea denominado como arte "de vanguardia" (o mucho más divertido, "postvanguardia"). Un arte que bebe de lo expuesto en el Thyssen y de lo expuesto en el Guggenheim.
La periodización histórica no es, al fin y al cabo, más que una convención: si seguimos creyendo en la necesariedad de la poesía, entonces yo me negaré a mirar los ismos de estas dos exposiciones como algo pasado y finito; serán, en todo caso, los bisabuelos de las manifestaciones artísticas que miro ahora: el hilo continuo y eterno que se extiende desde los iconos dorados del siglo XIII expuestos en el Guggenheim hasta las performances globales o el arte online, desprovisto de nacionalidad, que puedo disfrutar hoy no sólo gracias a la herencia de los ismos, sino también a los medios que se ponen a nuestra disposición en esta cultura del espectáculo y las masas.

# re: El ejemplo ruso

30/10/2006 12:25 por Daniel A. Verdú Schumann
"La periodización histórica no es, al fin y al cabo, más que una convención". Totalmente de acuerdo. Pero sí creo que hay una diferencia esencial entre aquellos "-istas" y los artistas actuales. Ellos tenían una fe inquebrantable en la posibilidad de crear un mundo nuevo, una sociedad más justa y mejor, en la que el arte habría de desempeñar un papel esencial como lenguaje universal. A los creadores de hoy en día (posvanguardistas, posmodernos, pos-tantas cosas...) esa utopía les parece (¿con razón?) tan ingenua como ridícula, y su interés se centra fundamentalmente en criticar, ironizar o denunciar los múltiples males que aquejan a esta sociedad real. Es comprensible, pero ¿no es legítimo sentir nostalgia de una época en la que todavía nos podíamos permitir soñar?

# re: El ejemplo ruso

01/11/2006 12:29 por Paula
No sólo es legítimo, sino necesario.
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